Yayo Herrero: «El movimiento feminista ha calado y está llenando las calles de '¡basta ya!'»

La antropóloga Yayo Herrero./
La antropóloga Yayo Herrero.

Invitada por el Cendeac y por diversas asociaciones cristianas, la antropóloga hablará hoy y mañana en Murcia de ecofeminismo

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Somos muchas las personas que, en un mundo finito cuyos límites ya están traspasados, tenemos más de lo que nos corresponde», dice Yayo Herrero (Madrid, 1965), antropóloga y directora general de FUHEM (fundación independiente que promueve la justicia social, la profundización de la democracia y la sostenibilidad ambiental). Reconocida experta europea en ecofeminismo, amante del viento que agita el heno fresco y de la gente que se apoya mutuamente, hoy y mañana impartirá sendas conferencias en Murcia, la primera en el Cendeac -'Miradas ecofeministas para revertir la guerra contra la vida', a las 20.00 horas-, y la segunda en el Palacio Almudí - 'Ecofeminismo y democracia radical', a las 20.15 horas-. Le gusta el galopar en libertad de los caballos y tiene sed de justicia.

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MIÉRCOLES
Dónde
Cendeac; a las 20.00 horas. Coordinan el acto los arquitectos Enrique Nieto y Mesa del Castillo.
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JUEVES
Dónde
Palacio Almudí; a las 20.15 horas. Organizan el Foro Ellacuría, la HOAC y las comunidades cristianas de base.

-¿Por dónde empezamos?

-Por reconocer que estamos en un momento de gravísima crisis ecosocial que nos obliga a actuar de forma urgente. Fíjese, incluso un organismo tan poco sospechoso de ecologismo radical como es la Agencia Internacional de la Energía reconoce que en el año 2006 se alcanzó lo que se llama el punto del petróleo convencional, que es ese momento en el que para cada barril de petróleo que extraes en un lugar del mundo, no hay ya nuevas reservas. Y esto es muy grave porque podríamos decir que vivimos en una sociedad que come petróleo, que tiene su metabolismo económico totalmente basado en cantidades ingentes de esta energía; y ese declive de esta energía fósil no afecta de la misma manera a las sociedades del Norte que a las del Sur, cuyos recursos están siendo literalmente saqueados. A la vez, dentro de los mundos considerados ricos, nos encontramos con el avance de la llamada pobreza energética, ya que cada vez es más difícil el acceso de muchas personas a los mínimos recursos energéticos que necesitan para estar vivas.

«Asumimos mayoritariamente que todo merece la pena ser sacrificado con tal de que crezca el dinero»

-¿A qué estamos obligados?

-Teniendo en cuenta que las fuentes de energía alternativas tienen mucha menos capacidad energética, a darnos cuenta de que la Humanidad, quiera o no quiera, va a tener que vivir con menos energía, y eso la somete a un reto enorme ante esta economía industrializada y mundializada en la que estamos; y si eso, además, lo acompañamos con el calentamiento global, que ya está provocando migraciones forzosas de personas, alteraciones en los ritmos productivos y pérdida de biodiversidad, es evidente que la situación es extraordinariamente grave. Afortunadamente, sabemos dónde están las causas y tenemos intuiciones y propuestas bastante claras de lo que tendríamos que hacer.

-¿Qué?

-Estar muy atentos y activos. En esta situación de profunda tensión política, forzosamente se tendrá que elegir, ante el cambio al que obliga la crisis ecológica, si hacerlo por una vía justa, que ponga en el centro las necesidades de todas las personas, o hacerlo por una vía en la que quienes tengan poder económico, político y militar sigan sosteniendo, a costa de que cada vez más gente quede fuera, sus estilos de vida. Ahí tenemos el gran reto.

«Me horroriza esta consulta que se ha organizado [en Podemos]»

-La segunda opción será defendida con uñas y dientes, sin duda.

-Sin duda, pero todo depende de lo que hagan todas esas masas de gente que se van a ver perjudicadas y empobrecidas. Ahora mismo, un gran problema que tenemos es que vivimos en sociedades, y hablo de la nuestra, en las que ha prevalecido la idea de que se necesita dinero por encima de la necesidad de agua, aire limpio y alimentos, y eso hace que asumamos mayoritariamente que todo merece la pena ser sacrificado con tal de que crezca el dinero. El hecho es que hemos terminado por dejar la gestión de cosas tan importantes como el tiempo de las personas, o el espacio en el que viven, en manos de sectores económicos a los cuales el bienestar de la gente les importa un carajo; no tienen como prioridad el mantenimiento de unas condiciones de vida dignas para las mayorías sociales, y mucho menos de una forma armónica con el planeta.

-¿Qué razón ve para la esperanza?

-Vamos a ser tantas las personas que nos vamos a sentir perjudicadas, tantísimas, que sí creo que es posible poner en marcha procesos que tienen mucho de pedagogía social y de mirar esta realidad cara a cara para poder darle la vuelta. Por eso, los que están en los focos de poder tienen ganas de todo, menos de contarnos la verdadera situación en la que estamos, y llaman catastrofistas o apocalípticos a quienes la ponen encima de la mesa. Resolver los problemas en condiciones de justicia y de equidad significa que haya sectores que pierdan privilegios, y a lo largo de la Historia han sido pocas las veces que hayamos visto a los privilegiados renunciar a sus privilegios. Eso implica que sea necesario crear un gran movimiento social, una gran movilización de base sobre una gran conciencia de que necesitamos estos cambios.

-¿Esta conciencia de la que habla no fue recogida por Podemos y otras nuevas opciones aspirantes a llegar al Gobierno?

-A ver; respetando, y habiendo valorado muchísimo, la emergencia de movimientos como Podemos o Equo, o incluso algunas evoluciones muy interesantes en las propias reflexiones de Izquierda Unida, tengo que decir que, desde el punto de vista del análisis y del abordaje de la crisis ecosocial, creo que todavía están bastante por debajo de lo que es necesario. Y si a eso, además, incorporas un montón de torpezas en la forma de construir movimientos políticos y sociales, la situación en el plano institucional se hace muy complicada. Los movimientos que pretendan ser emancipadores, también en el plano político, tienen que construirse de una forma diferente. Hacen falta liderazgos mucho más compartidos y transversales, muchísima más democracia interna y, desde luego, intentar hacer las menos tonterías posibles. Las iniciativas políticas que concurren a las elecciones tienen que hacer un ejercicio de responsabilidad, y de ejemplaridad pública, muy grande porque los tiempos que corren lo necesitan.

-¿Han errado Iglesias y Montero con la compra de su chalé?

-Podemos se presentó con un discurso muy moral y planteando la ejemplaridad pública como algo que era absolutamente central. La decisión que han tomado Pablo Iglesias e Irene Montero es una decisión personal, que no me parece inmoral, pero sí dudosa desde el punto de vista de esa ejemplaridad. E implicar en ello a toda la base de Podemos creo que hace más débil al movimiento y crea una tensión innecesaria. Me horroriza esta consulta que se ha organizado, me parece dramática desde el punto de vista de conformar un movimiento social y de articular unas bases.

Diálogo

-¿Qué caracteriza a esas miradas ecofeministas de las que habla?

-Lo que hacen es poner en diálogo lo que ha planteado el movimiento ecologista, a través del tiempo, con lo que ha planteado el movimiento feminista desde mucho antes. Hay que tratar de desbancar a los mercados como epicentro de la sociedad, para sustituirlo por la conservación de la vida como motor social. Cuando intentamos explorar una economía, una política o una cultura que pongan en el centro la vida y el mantenimiento de sus condiciones, lo que sale es una organización social radicalmente distinta a la que está impulsado el mercado.

La mirada ecofeminista, lo que hace es cambiar radicalmente las prioridades con las que estamos construyendo la economía y la política. Ahora mismo, la mayor conciencia sobre los cambios necesarios está en manos del feminismo y del ecofeminismo. El feminista es prácticamente el único movimiento social que ha calado y está llenando las calles de gente que dice '¡basta ya!', y no solo a las violencias machistas, sino a un modelo económico que deteriora la vida en el planeta y la de todas las personas; y que elimina la diversidad y considera que unas vidas son más importantes que otras. El movimiento feminista es el que está promoviendo un órdago mayor al sistema. Sin duda, las mujeres estamos demostrando hoy mayor capacidad y habilidad para transformar la conciencia crítica en un movimiento.

-¿A qué debemos aprender?

-Debemos aprender a vivir bien con menos, y a hacerlo en condiciones de justicia para todos. Somos muchas las personas que, en un mundo finito cuyos límites ya están traspasados, tenemos más de lo que nos corresponde.

 

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