«Muchas veces no importan el talento ni las cualidades, sino seguir adelante»

Valentino Moneglia en la academia del Joffrey Ballet. / Joffrey Ballet
Valentino Moneglia en la academia del Joffrey Ballet. / Joffrey Ballet

El bailarín totanero Valentino Moneglia inicia su primera temporada en el Joffrey Ballet de Chicago, «una de las cinco mejores compañías de Estados Unidos», tras dos años de formación

NATALIA BENITO Murcia

Con 12 años, tomar el tren solo para viajar de Murcia a Totana es toda una odisea para una familia y un ejercicio de madurez y sacrificio para un adolescente digno de admirar. Con 22 años, los 48 kilómetros que separan esta cuna de alfareros de la capital son insignificantes al compararlos con los más de 7.000 que distancian a Valentino Moneglia Zamora (Totana, 1996) de cualquiera de los manjares que prepara su madre, «una cocinera increíble que me enseñó a guisar desde pequeño». Este placer cotidiano es lo que más añora este joven bailarín murciano afincado en Chicago desde que fuera seleccionado para acceder a la academia del Joffrey Ballet.

Tras dos años de formación, Valentino afronta su primera temporada como parte del elenco de la compañía, el único elegido entre medio centenar de alumnos. El bailarín, que compaginará su labor con formación, define el Joffrey Ballet como «una compañía muy importante, con un repertorio muy completo y con mucha historia. Está entre las cinco primeras a nivel de Estados Unidos».

Valentino Moneglia, actualmente el único español de la compañía que compartirá escenario con 47 bailarines de diferentes nacionalidades, fue ganador del VII Premio Tiempo de Danza en 2015, una oportunidad que le llevó a trabajar en la Compañía Nacional de Danza durante unos meses de los que solo guarda buenos recuerdos: «No me lo esperaba y todos los bailarines me acogieron bastante bien. Bailé uno de mis ballets favoritos, 'Don Quijote', una experiencia inolvidable», asegura.

«Es increíble cómo la gente aprecia el ballet en este país, cómo la gente va al teatro y sabe lo que está viendo»

«Estando en la escuela me di cuenta de que había muchas posibilidades de que si llegaba a ser bailarín sería fuera de España»

-¿Cómo surge esta oportunidad?

-Estudié ballet en Murcia y al estar acabando mi último curso vi que había una audición en Londres para el Joffrey Ballet. Fui con mi mejor amigo y conseguimos entrar en la Studio Company; ahora él está en Arizona.

-¿Qué pensó cuando se enteró de que había sido admitido?

-Acababa de terminar las clases ese día en la escuela y vi el email. Me puse muy nervioso de primeras, tanto que no entendía nada hasta que lo pude leer con calma. Cuando lo comprendí, fue uno de los momentos más felices de mi vida. Saber que tenía un futuro que seguir y que podía seguir bailando tras terminar la escuela era una meta conseguida.

-¿Qué espectáculos realizarán?

-Vamos a empezar la temporada con 'El lago de los cisnes', de Christopher Wheeldon, y estamos trabajando en el estreno mundial de 'Anna Karenina', de Yuri Possokhov. Además, empezaremos dentro de poco con 'El Cascanueces' para la temporada de Navidad. Tenemos varias giras dentro de Estados Unidos: pasaremos por California, Nueva York y Mineápolis.

-¿Qué diferencias nota a la hora de trabajar entre España y Estados Unidos?

-Mi experiencia en España es corta, tan solo he estado con la Compañía Nacional de Danza durante pocos meses. Pero es muy diferente. A nivel de audiencia, es increíble cómo la gente aprecia el ballet en este país, cómo la gente va al teatro y sabe lo que está viendo, es un gustazo. Por lo demás, todas las compañías implican la misma disciplina.

-¿Las entradas para ver un espectáculo son más baratas?

-Pueden ser muy variadas. Hay entradas bastante caras y poco accesibles al público de a pie y que se suelen dar a los 'sponsors', pero por otra parte hay otras muy asequibles que merecen la pena, sobre todo en un lugar tan impresionante como el Auditorium Theatre de Chicago.

-¿Qué le llama la atención de la vida en Chicago?

-La arquitectura. Tenemos la sede de la compañía en el centro de Chicago, en un edificio con ventanas enormes, por lo que todos los días durante tus horas de trabajo ves todos los edificios que están alrededor.

Feliz y precavido

-¿Siempre tuvo claro que quería dedicarse a la danza?

-La verdad es que sí. Recuerdo mi infancia bailando y a mi madre le decía que yo iba a ser bailarín.

-¿Ha sido un camino duro?

-Sí. Fue un camino largo y duro y si no fuera por el apoyo de mi familia, tanto de mis padres como mi hermana, no habría sido posible. Siempre han estado ahí ayudándome cuando necesitaba algo. Me fui a estudiar al Conservatorio [de danza de Murcia] con 12 años y cogía el tren solo. En mi familia soy el único que se dedica a esto. Me dieron todo lo que pudieron. En mi camino he tenido la suerte de tener como maestros a José Antonio Robles y Alberto Muñoz. Son impresionantes y mi formación con ellos ha sido suficiente.

-¿Intuía que su carrera avanzaría fuera de España?

-Es triste decirlo así pero desde que empecé a madurar, estando en la escuela, me di cuenta de que había muchas posibilidades de que si llegaba a ser bailarín sería fuera de España. Porque hay muchas oportunidades. No digo que sea más fácil, ni mejor, ni peor, pero son oportunidades que en mi país ni siquiera he tenido.

-¿Qué planes tiene para el futuro?

-Los contratos se van renovando por años pero mi plan es seguir aquí todo el tiempo que pueda. Es una compañía impresionante y estoy muy feliz de haber conseguido entrar. Más adelante ya se verá.

-¿Volverá a España?

-Yo siempre estaré encantado de volver si la oportunidad merece la pena, sería un placer.

-¿Qué cualidades cree que debe poseer un buen bailarín?

-Mi profesor me lo repetía todos los días: «Lo importante es que tengas muchas ganas». Muchas veces no importa el talento ni las cualidades, sino seguir adelante cuando todas las circunstancias no te lo permiten.

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