«No sé si Vox es ultraderecha, pero estoy seguro de que el nacionalismo lo es»

Albert Boadella. / E. P.
Albert Boadella. / E. P.

Albert Boadella Dramaturgo«Mi venganza contra los enemigos es disfrutar de la vida como un energúmeno», afirma el creador de 'Els Joglars'

ÁLVARO SOTO Madrid

«Si tuviera que escoger entre salvar la vida de un animal o de un ser humano, empezaría por el segundo. Únicamente tendría dudas si el ser humano fuera Boadella». «Personajes como este deberían hacer las maletas y emigrar». Albert Boadella (Barcelona, 1943) ha incluido en el inicio de la nueva edición de su 'Adiós, Cataluña' (Espasa) una pequeña parte de los epítetos que sus enemigos le han dedicado. Pero el dramaturgo no se inmuta. «He aprovechado esos insultos en mi obra 'El sermón del bufón'. Esto es lo mínimo que te puede ocurrir cuando te enfrentas al nacionalismo», afirma Boadella, creador de 'Els Joglars', presidente de Tabarnia, voz del constitucionalismo y padre intelectual de Ciudadanos.

-Hubo un momento en Cataluña en que dejó de importar que usted fuese una de sus grandes figuras culturales para que algunos lo convirtieran en el enemigo por sus posiciones antinacionalistas.

-Yo lo supe desde 1981, cuando conocí a Pujol, que fue quien ha organizado todo esto y el primer catalán que tuvo en la cabeza la construcción nacional. Y lo ha logrado, ha conseguido cambiar completamente la óptica de los ciudadanos y hacer de todo este asunto algo de sentimientos y de secta. Lo que nunca imaginé es que contase con la condescendencia, y a veces la colaboración, de los gobiernos nacionales.

-¿Pensó que habría más resistencia al nacionalismo?

-Aquí el gran problema fue la traición del PSC. Mientras el PSC se mantuvo como oposición al régimen convergente-nacionalista, las cosas estuvieron equilibradas. Pero cuando el PSC pacta con ERC y se pasa al nacionalismo con todos los bártulos, todo se desboca y Cataluña se convierte en un régimen sin oposición. De ahí la creación de Ciudadanos, que nace por culpa del PSC. Si el PSC se hubiera mantenido como un partido de izquierdas, partidario de la solidaridad, de no poner nuevas fronteras, y fiel a los que lo votaban no nos hubiéramos metido en el berenjenal de formar Ciudadanos.

-Usted combatió a Franco y a Pujol. ¿Qué fue más divertido?

-Franco, porque éramos más jóvenes. Además, estaba clarísimo que era el enemigo a batir. Ahora está todo más liado. El nacionalismo se camufla muy bien, se vende como una opción de libertad, con eso tan fantástico del derecho a decidir... Pero lo único que sé es que el nacionalismo es la pura ultraderecha. No sé si Vox es ultraderecha, pero el nacionalismo es ultraderecha seguro.

-¿Boadella es de izquierdas?

-Si luchar por unos ámbitos de libertad máximos dentro de una comunidad es ser de izquierdas, yo lo soy. Pero también soy un conservador, soy un artista que respeta la tradición de su propio oficio.

-Y Ciudadanos, ¿es de derechas?

-Ciudadanos no es un partido de derechas. Es un partido liberal, y ser liberal hoy es hacer que el Estado no sea tan intervencionista en la vida de la gente. Ahora es el partido que fue en los inicios y yo creo en él.

-Hace unos meses, usted se plantó en Waterloo para burlarse de Puigdemont. ¿Cómo lo recuerda?

-Fue divertidísimo, surrealista. Los policías belgas se reían porque aquello era la manifestación de unos cachondos.

-¿Su gran venganza contra el nacionalismo es ser feliz?

-Desde niño, yo he sido de naturaleza guerrera, y así me he tomado el oficio teatral y la vida. He tenido la suerte de encontrar una mujer con la que mi vida ha sido amorosa y perfecta. Todo eso me ha dado fuerzas. Lo que más les jode a los nacionalistas es que me ven como un tipo que se divierte como un energúmeno. Sí, es mi venganza.

-¿Tiene esperanzas?

-Los ciudadanos de los años 30 no podían pensar en lo que ocurriría después, pero durante la guerra, también entraron los aliados y se acabó para siempre esa historia. Hay que confiar en la naturaleza humana, que crea anticuerpos, y aquí ocurrirá lo mismo. Habrá una generación que ahora tiene ocho o nueve años y que ante esta situación de claustrofobia, se rebelará contra sus padres, igual que nosotros nos rebelamos contra nuestros padres, que aceptaban el régimen de Franco.

 

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