Una Tremendita a 'lo Joplin'

La Tremendita, el viernes, durante su actuación en la Cumbre Flamenca. / Guillermo Carrión / AGM
La Tremendita, el viernes, durante su actuación en la Cumbre Flamenca. / Guillermo Carrión / AGM

Además del poderío de la cantaora, la segunda jornada de la Cumbre ofreció también el hacer de Tomasito, que nada más salir al escenario comenzó a calentar el ambiente con su ritmo por bulerías y sus temas divertidos y surrealistas

PATRICIO PEÑALVER

Puede uno revisar aquella magistral conferencia, 'Teoría del juego y del duende', de Federico García Lorca en 1993, y seguir preguntándose qué es tener ángel o duende en el flamenco, de entonces y de ahora, y puede que aún después de ver a Tomasito y a La Tremendita, el dilema siga en toda su maraña metafísica.

En ese dilema Tomasito, nada más salir al escenario, no se lo pensó dos veces y comenzó a calentar el ambiente con su ritmo por bulerías y sus canciones divertidas y surrealistas, con esa guasa gaditana que te va calando hasta que te empapa, repasando temas de su disco 'azalvajao', en esta ocasión más intimista acompañado por la guitarra de Paco Vidal y la percusión de Miguel Ángel Orengo. Con las bulerías de su tema 'Soy limón' ya comenzó a pellizcar y a crear una atmósfera participativa, que se acrecentó con la canción 'Señores ladrones', en la que en el estribillo interpelaba al público, que le respondía a la pregunta: '¡Son tiburones!'.

De la bulería guasona se fue a la rumba, recordando a Tío Borrico, Terremoto y La Paquera, y ahí se marcó un baile con su peculiar estilo eléctrico y su manera de mover sus brazos, marcándose unos estupendos pasos de claqué a lo Fred Astaire, y ese soniquete jerezano que lleva en sus ancestros. Y ya gustándose se jaleaba '¡Ozú!' y terminaba con esas bulerías del torotrón que decía que tanto le gustaban a Lola Flores, cuando le llamaba por teléfono. Tomasito, a sus cincuenta años, sigue jugando con su ángel y su duende.

Y llegaba el plato fuerte, comenzaba a sonar la batería de Daniel Suárez, con los efectos musicales celestes, y La Tremendita repetía el espectáculo 'La fuerza', que presentó en la pasada Bienal de Sevilla, en esta ocasión solo acompañada por la batería, con esa base electrónica que manejaba el técnico de sonido Javi Mora.

Con mucho poderío, a palo seco, cantaba una serie por soleá con los aromas de Triana y de Pavón. Para pasar a otro tema del espectáculo, 'Puta mentira', por colombianas, hasta llegar a una serie de potentes tarantas, en las que se acompañaba a la guitarra. Ya, a esa altura del concierto, si alguien estaba despistado por la estética punki-rockera, ya estaba claro que estaba ante una flamenca, con mucha base teórica, por los cuatro costados; cuando tomaba el bajo eléctrico y, entre esa base electrónica, se acompasaba con la batería y cantaba por serranas, peteneras, fandangos y bamberas. Con esos tangos que dan nombre al espectáculo, en un dialogo rítmico entre su bajo eléctrico y el cajón de Suárez, La Tremendita mostraba su gran voz y esa intensidad interpretativa que le caracteriza, porque se siente que eso es verdad, que no hay simulación, y eso, por momentos, emociona.

Cuando sigue por farrucas, con esos magníficos efectos musicales de carácter sideral, o se trae los tangos clásicos de Mario Escudero, a su tiempo contemporáneo. Con la base de un discurso, con la colaboración de los textos de Lauren Berger. Rosario 'La Tremendita', con esa fuerza interpretativa y esa voz que también se desgarra, tiene ese aire a lo Janis Joplin cuando hace el flamenco con esa fuerza instrumental que tiene su último disco: 'Deliriun Tremens'. Aquí, con el espectáculo 'La fuerza', duplicó esa energía, con un torrente de voz, porque se le nota que ha roto amarras, que hace su trabajo con una libertad total y que, además, se divierte en el escenario, desde su faceta de compositora, instrumentista y cantaora. Y eso transmite y emociona. Ahí, para concluir, dejó unas hermosas bulerías, con las que también se peleó con el cante, mientras se marcaba el compás tocando el cajón frente a Suárez, que tocaba el suyo, en ese juego del duende que dijo García Lorca. Quizá ese juego del duende, sea eso, un juego.

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