Tradición y servicio

Chuletones a la vista en el comerdor del restaurante Piedra./Vicente Vicéns / AGM
Chuletones a la vista en el comerdor del restaurante Piedra. / Vicente Vicéns / AGM

El restaurante Piedra afianza una buena atención en sala con una cocina de producto donde el marisco y las carnes son los protagonistas

SERGIO GALLEGO

Quien ha estado en el restaurante Piedra reconoce que sin ser un restaurante de referencia en la Región, si estás en Santomera y quieres comer bien, aquí no fallas. Personalmente, encuentro un servicio de nivel, a pesar de que en vez de pasar al comedor del restaurante donde se dan cita reuniones de negocios y de amigos todos los días y donde se presume un servicio más formal, prefiero quedarme en la zona de la barra, donde solo tres mesas bajas acompañan a la zona del bar.

Mantel de tela, sillas clásicas y acolchadas y una barra metálica con una gran exposición de producto como tomates, bonito salado y jamones, además de algunas tapas ya preparadas. Tanto es así, que el primer plato que tengo claro que voy a embaularme es un tomate partido por la mitad con una buena molla de bonito salado. Esta especie de ensalada viene acompañada del ofrecimiento por parte del camarero de un aceite de oliva virgen extra de la marca Claramunt, a pesar de que en la mesa ya hay un buen aceite y un vinagre balsámico de Agustí Torelló a modo de vinagreras actualizadas.

Me llama la atención la ensaladilla de bogavante de la carta -el camarero me indica que es de buey de mar-, muy ligera de sabor para mi gusto y con unas mejorables galletitas saladas como acompañamiento. Coronando la intencionada ensaladilla, unas huevas de salmón con matices salinos.

La croqueta de jamón es más un homenaje al jamón que a la propia croqueta. Además de ser crujiente y con una intensidad de sabor muy alta, cada bolita de bechamel rebozada viene cubierta de una buena chulla de jamón ibérico y un buen hilo de miel de la Alpujarra para contrarrestar la salinidad del bocado; lo que considero una tapa perfecta para quienes quieran tomar cualquier cosa para compañar un vino o una caña antes de seguir su camino o de apretarse un contundente plato único.

La carta recoge detalles en sus platos de quien tiene en cuenta la calidad del producto, como indicar que los matrimonios se montan con anchoas de la marca Lolín, que la mojama es de almadraba, que la quisquilla y la cigala son de Santa Pola o que la gamba roja es de Garrucha. El omnipresente huevo poché con trufa negra, una buena selección de ibéricos, pescados anunciados como lubina salvaje, rodaballo o rape, arroces marineros y un buen surtido de carnes rojas completan la carta.

Para terminar me decanto por los pescados. El hecho de que haya posibilidad de comerlo a la brasa cubre todas mis espectativas. De hecho, en la carta dan a entender que cada filete de pescado se puede cocinar en brasa de encina, a la andaluza, al ajo pescador, a la vasca, a la marinera, a la romana o a la espalda. El filete de ventresca de atún lo pasan por las llamas, pero no por las brasas, ya que en este caso es piedra volcánica y no leña de encina la que acaricia mi pescado. Un error de información que no debería darse nunca, ya que el cuento cambia bastante de una preparación a otra. El atún viene acompañado de unas rodajas de berenjenas, calabacín, espárragos trigueros y setas de cardo a la plancha y el producto es de calidad.

Termino con un correcto tocino de cielo acompañado de un helado de nata, aunque hubiese pedido el couland de chocolate que hacen casero si no llevase veinte minutos cuajarlo al horno. Para la próxima

En definitiva, una comida en el restaurante Piedra donde se disfruta del producto, del servicio y de algunos detalles que ponen de manifiesto el cariño de la casa por agradar a los clientes que se desplazan hasta este rincón de Santomera, aunque el detalle de las brasas deben corregirlo.

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