Blanca Marsillach: «Tener una discapacidad no debería ser un impedimento para desarrollar una carrera»

Blanca Marsillach (Barcelona, 1966), en los Goya. / RÁUL CARO / EFE
Blanca Marsillach (Barcelona, 1966), en los Goya. / RÁUL CARO / EFE

La actriz y directora de Varela Producciones celebra este miércoles en Cartagena los diez años del programa de teatro adaptado financiado por la Fundación Repsol.

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

La Fundación Repsol y la Compañía de Blanca Marsillach (Varela Producciones) cumplen 10 años de colaboración al frente del primer programa de teatro adaptado para personas con discapacidad intelectual en España. La hija del dramaturgo Adolfo Marsillach, «un hombre de teatro total», como lo definió el día de su muerte el poeta Luis Alberto de Cuenca [en 2002, siendo secretario de Estado de Cultura], estará esta semana en la antigua Carthago Nova como directora del montaje 'Se vende ático' (novela ganadora del Premio Espasa de Humor en 1995), que su padre dedicó «a todas las mujeres que han convivido conmigo, y a todos los hombres que ahora conviven con ellas». Ahora, de la mano de Blanca, estará de gira por España desde febrero a junio, visitando, además de Cartagena, otras cuatro ciudades: La Coruña, Bilbao, Tarragona y Madrid. El Aula de Cultura de la Fundación Caja Mediterráneo de Cartagena (calle Mayor, 13) acogerá la representación este miércoles, a las 11.00 horas. Una fecha que no se pueden perder.

«[Pese al éxito logrado por 'Campeones'] todavía no hemos conseguido una normalidad, y solo se va a lograr cuando se deje de hablar de la discapacidad como algo diferente». «Los actores con síndrome de Down tienen especial sensibilidad, son generosos y creativos; me enseñan la capacidad de amar»

-Más de 10.000 espectadores en estos 10 años de colaboración han podido disfrutar de los frutos de este taller de teatro adaptado para personas con discapacidad intelectual. Esta vez, la obra elegida es 'Se vende ático', con un reparto formado por Adela Estévez, Miriam Fernández, Daniel Olías y Xabier Olza, que es también el director. ¿Contentos con el inicio de la gira?

-Sí, porque este año hace 10 años que empezamos con la Fundación Repsol promoviendo la inclusión de actores con capacidades diferentes dentro del elenco y también para un público de asociaciones que al final siempre sube al escenario. ¡Sí! ¡Una década ya! Y es un gran logro, por todo el trabajo que llevamos haciendo, ya tenemos un reparto mixto, ya hay mucha más conciencia, como se ha visto a través de la película 'Campeones', pero todavía no hemos llegado a alcanzar una normalidad, que solo se alcanzará cuando se deje de hablar de la discapacidad como algo diferente.

-'El reino de la tierra' fue la primera incursión con este taller, en 2010. ¿Qué es lo que más le ha enseñado trabajar con estos actores?

-No hay ninguna diferencia entre los actores que trabajan en esta obra y los actores profesionales. Todos son igual de buenos, y el arte es el mismo. Lo que sí que he aprendido es mucha humildad, y una sensibilidad especial que tiene la gente con síndrome de down, que están en otra onda y todo lo reciben sin filtros, mucho más directo. Son personas directas, muy cariñosas, muy generosas y creativas, y me han enseñado, de eso no tengo dudas, la capacidad de amar.

-Gracias al 'casting' realizado por Plena Inclusión Madrid, Daniel Olías se dedica a la actuación, incluso ha hecho cameos en televisión.

-Daniel es un personaje maravilloso. Es muy buen actor, generoso, tímido, muy cariñoso e inteligente, desde luego es un actorazo.

['Se vende ático' cuenta la historia de un ex matrimonio y las nuevas relaciones que cada miembro establece tras este delicado y novedoso trance. Mientras que en la versión original aparecen diversos personajes que acompañan a los cuatro protagonistas, el montaje que se estrena este miércoles en Cartagena se centra en los cuatro principales: Andrés y Marta, anteriormente casados, y Lola y José Joaquín, actuales parejas de ambos. La Compañía de Blanca Marsillach quiere comprobar «cómo las parejas recién formadas conservan las manías de las viejas, mientras que Marta y Andrés, recién divorciados, comparten complicidades y confidencias que no son bien recibidas por sus nuevos compañeros. Es decir, los amantes se comportan como viejos matrimonios, y los divorciados parecen desear, por momentos, volver a su condición anterior», dice la actriz].

-¿Por qué eligieron 'Se vende ático' para esta aventura teatral con el lema 'Diversidad a Escena'?

-Es una obra con un sentido del humor muy inglés, con situaciones para tirarse por los suelos, porque una característica que tienen que tener las obras de teatro para personas con capacidades diferentes es el sentido del humor, la sensualidad y que haya sensibilidad. Ellos responden muy bien a estas tres cosas, y a la música también. Esta obra, que fue una de las más punteras de mi padre, reúne estos tres elementos.

-¿Cuántos años lleva dedicándose al teatro de forma profesional?

-Con mi compañía, 20 años. Haciendo teatro social llevo 14. Y en el teatro como actriz, 25 años o por ahí. Yo casi que me arriesgaría a decir que hemos sido pioneros en la integración de este colectivo a través de la cultura. Aspiramos a que esto se normalice y que estos actores con capacidades diferentes puedan ser contratados, que el hecho de tener una discapacidad no sea un impedimento para desarrollar sus carreras profesionales.

-¿Qué tipo de teatro le gusta más?

-El que no me aburre como espectadora. Si voy al teatro o al cine y me aburro, por muy buena que sea la película... me tiene que mover por dentro. No soy un público exigente y, como cualquier hijo de vecino, me tiene que enganchar, ya sea una superproducción o una cosa modesta. Antes de que se oyera hablar tanto de 'Bohemian Rhapsody', yo fui al cine y claro que me enganchó, y hemos visto que se ha convertido en la película del año. Siempre en la vida te tienen que mover las cosas, lo que te deja indiferente al final te deja de gustar.

-Parece muy difícil sostener una compañía teatral hoy, ¿cómo consigue en su caso asomar la cabeza?

-Ser autónomo y hacer el teatro que tú quieres no es fácil. Porque siempre tienes que estar buscando nuevos colaboradores, mantener los que tienes; siempre tienes que dar el máximo de ti, si te piden una cosa darles diez, y seguir avanzando en el propósito, en este caso, de la inclusión de las personas con discapacidad, y mejorar a todos los niveles. No es fácil mantenerse en ninguna profesión y no perder el sentido de la creatividad.

-¿Qué habría dicho su padre de la adaptación que ha hecho de uno de sus mayores éxitos de público?

-Hubiera estado muy contento, encantado, muy orgulloso de que su legado siga vivo y que, además sea para colectivos sociales. Porque siempre su teatro conllevaba un aspecto y una reivindicación social. Aunque nosotros lo hagamos con colectivos desfavorecidos, seguimos la misma línea, siempre pensando en ayudar y como dice la placa en la casa donde vivió y murió: «No soy tan ingenuo como para pensar que el teatro puede cambiar a la sociedad, pero estoy seguro de que puede ayudar a despertarla». El teatro es un transmisor para despertar conciencias y para modificar tu idea de las cosas, desde luego.

El legado del padre

-¿Qué podríamos hacer para no olvidar la figura de Adolfo Marsillach?

-Humildemente lo que yo hago es intentar que no se olvide. Ahora acabamos de publicar sus obras completas [el escritor Pedro Víllora aúna toda la obra dramatúrgica del mítico director en 'Teatro completo', con piezas como 'Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?', 'Mata-Hari', 'Proceso a Mata-Hari', 'Se vende ático', 'Feliz aniversario', 'El saloncito chino', 'Extraño anuncio' y 'Noche de Reyes sin Shakespeare'] con la editorial Punto de Vista y seguir haciendo sus obras, manteniendo el legado que él dejó con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y con la Obra Social La Caixa, que tenemos un programa que se llama 'Entre versos y Marsillach', y siempre que podemos con la Fundación Repsol rescatamos los textos de mi padre, porque son maravillosos y tienen esos elementos: musicalidad, sensualidad y sentido del humor.