La suerte pasa de largo para el lorquino Ureña en su debut en Gijón

Paco Ureña, durante una de sus faenas en la tercera de la Feria de Begoña de Gijón ./Efe / Alberto Morante
Paco Ureña, durante una de sus faenas en la tercera de la Feria de Begoña de Gijón . / Efe / Alberto Morante

Los diestros Álvaro Lorenzo y Antonio Ferrera, que demostró una gran personalidad, salen a hombros con toros de Montalvo

JAVIER LÓPEZ (EFE)

gijón. El toro del debut de Paco Ureña en Gijón fue devuelto por su manifiesta invalidez. En su lugar salió un sobrero del mismo hierro de Montalvo más recogido de pitones, más feo y, peor aún, con poca raza, sin emplearse, a su aire y sin descolgar. Pero Ureña mostró su gran capacidad para ir desengañándolo y meterlo en las telas, primero al natural, por donde lo dominó en dos series de mucha autoridad, de las de «aquí estoy yo». A derechas también anduvo muy resolutivo el de Lorca, que acabó imponiéndose también por ese pitón -el menos claro- para acabar pegándole pases también de buena factura dentro de una labor muy meritoria. La tardanza del toro en doblar tras la estocada hizo que el ambiente se enfriara, esfumándose así una más que posible oreja.

Con el quinto tampoco le acompañó la suerte, un toro con genio, embistiendo a oleadas y que a la mínima que se sentía podido volvía grupas, desentendiéndose de la pelea que le propuso Ureña, que anduvo muy firme con él en otra sincera y entregada porfía en la que se mostró por encima de las circunstancias, aunque se pasara de faena y no anduviera fino con la espada.

Los diestros Álvaro Lorenzo y Antonio Ferrera salieron a hombros en la tercera de feria de Gijón, con dos triunfos de distinto valor y peso, pues mientras que el del primero fue logrado a base de buen toreo, el del otro, mucho más barato, llegó gracias a dos faenas manieristas y de poco contenido. Pero supo conectar Ferrera con la gente gracias a su habitual puesta en escena y tremenda personalidad. Lo hizo ya con el capote, tanto en las mecidas verónicas de recibo a su primero como en un quite por chicuelinas; con la muleta mantuvo el ritmo con una faena que aunó arrebato y esa afectación en las formas tan característicos en él. Álvaro Lorenzo volvía a hacer el paseíllo por segunda tarde consecutiva en sustitución de El Fandi y avalado por el rotundo triunfo de cuatro orejas en la víspera.