La reactivación del mercado del arte prende en San Pedro

Marcos Gracia y Darío Vigueras, ante unas perdices de Carpe. Al fondo, una ciclista de Campillo./A. S.
Marcos Gracia y Darío Vigueras, ante unas perdices de Carpe. Al fondo, una ciclista de Campillo. / A. S.

Obras desde 350 a 10.000 euros de 23 pintores murcianos como Párraga, Gaya y Avellaneda atraen a los coleccionistas

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

El mercado del arte se despereza y echa a andar con pasos cortos, como las perdices de la obra de Antonio Hernández Carpe (Espinardo, 1923-Madrid, 1977) que llaman al visitante, nada más poner el pie en la sala del Museo Barón de Benifayó de San Pedro del Pinatar, donde se exhibe la exposición y venta de 40 creaciones de 23 pintores murcianos de los tres últimos siglos.

Obras de Carpe, Párraga, Avellaneda, Molina Sánchez, Gaya, Muñoz Barberán y otros destacados artistas murcianos del siglo XX se reúnen con Pedro Flores (Murcia, 1897-París, 1967) a un lado temporal y, al otro, con artistas en plena producción en el siglo XXI como Cristóbal Pérez García-Toval, cuya visión de la playa de La Llana al amanecer y de las marismas de La Manga capturan la mirada del observador local, a pesar de que cultiva más el paisaje urbano, desde Murcia a Nueva York, con el que ha cautivado a compradores famosos, incluido el actor Alec Baldwin.

La recopilación ofrece piezas desde 350 a 10.000 euros de artistas de primera línea. Paisajes huertanos de Antonio Balibrea conviven con el Puente Viejo que retrató Pedro Serna y las salinas de Mazarrón de Juan Bonafé. Las palmeras de Almela Costa pugnan por la atención con una mirada a La Azohía de Antonio Sánchez.

«Gaya es el más cotizado, Premio Velázquez de artes plásticas y con obra en el Reina Sofía», explica el galerista Darío Vigueras, que ha logrado reunir esta suma artística regional de piezas de coleccionistas privados. Las tres piezas coloristas de José María Párraga (Cartagena, 1937-Murcia, 1997) están ya vendidas en solo cuatro días de apertura de la exposición, y el trasiego de coleccionistas, interesados y curiosos no para en este castillo convertido en museo. «El coleccionismo se había estancado, aunque ya se empieza a ver más alegría, pero poco a poco. Creo que los coleccionistas buscan ahora algo concreto, la pieza que mejore su colección», explica el galerista. Atribuye a la crisis económica la desaparición del coleccionista medio: «El arte estuvo por las nubes, con precios inflados y ficticios, pero desde 2008 han bajado y se vuelve a comprar porque se han situado en un nivel razonable. Creo que la crisis ha puesto el arte en su sitio».

El perfil del comprador

Tras unos años de letargo en el mercado del arte -«solo se vendía lo bueno y las grandes piezas», sostiene Vigueras-, iniciativas como la de San Pedro del Pinatar parecen despertar a los amantes de la pintura. «En la comarca del Mar Menor hay grandes coleccionistas, pero a la muestra acuden también de otras zonas de la Región y también de Alicante», afirma Vigueras. El galerista tiene claro el perfil del inversor de arte en la Región: «Casi en su totalidad son hombres, de clase media alta, con disponibilidad económica y muy interesados en el arte desde siempre. No les interesa cambiar de coche cada año, pero sí buscan arte».

Con esta muestra ya ha logrado «abrir la franja de público interesado», pues ya han pasado por la sala del museo empresarios de la comarca del Mar Menor y público más joven dispuesto a iniciar colecciones con pequeñas obras asequibles. «He incluido de casi todos los artistas dos piezas, una grande y otra más económica para incentivar al coleccionista de nivel medio, pero sobre todo el objetivo es acercar el arte a la gente que no suele ir a buscarla a los grandes museos», asegura el experto. Esa 'racionalización' de los precios convierte el momento en «una ocasión excelente para comprar porque han ido bajando desde 2008, con excepción de Flores y de otros del siglo XIX», señala Vigueras, quien no da por resucitado el mercado artístico «hasta que vea que vuelven a comprar los que dejaron de hacerlo».

Por este singular museo pinatarense, que acoge rarezas como vestidos de la actriz Catalina Bárcena y antiguas cámaras de cine, pasa estos días «un perfil de público que nunca había venido», explica el director, Marcos Gracia.

La naturaleza mágica de Carpe

Con la recuperación económica, el arte recupera su movimiento, como las perdices de Carpe: «Son los animales que encontraba en el campo de su Murcia natal. Una escena tierna, en la que casi se abrazan con una simpática mirada», afirma la nieta del pintor y muralista, Ana Vera Hernández Carpe, quien se trasladó desde Venecia, donde reside, hasta el municipio marmenorense para contemplar de nuevo «esos colores con gracia y armonía, esos campos sembrados y las colinas que se recortan en un cielo despejado» en el lienzo de su abuelo. «Sus plantas no son como en la vida real, sino que surgen espontáneamente rodeadas de un halo espiritual único y convierten la naturaleza del cuadro en algo mágico», explica la nieta del artista cuya obra se encuentra repartida en museos de medio mundo, desde Madrid a Salzburgo.

 

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