El Auditorio, una olla de emociones

David López, Juan Antonio García, Pablo González, Adolfo Fernández, Francisco Miguel López y Jesús López, este lunes, posando con sus premios./Nacho García / AGM
David López, Juan Antonio García, Pablo González, Adolfo Fernández, Francisco Miguel López y Jesús López, este lunes, posando con sus premios. / Nacho García / AGM

La gala de los II Premios de Gastronomía convocados por ‘La Verdad’ despertó la memoria y los sentimientos de los galardonados

Pachi Larrosa
PACHI LARROSAMurcia

“La gastronomía lleva insertado en su esencia un léxico, un relato que va mucho más allá del hecho de calmar el hambre y que la emparenta con las emociones que pueden ser proporcionadas por otras manifestaciones de la cultura”. Estas palabras del director de ‘La Verdad’, Alberto Aguirre de Cárcer, en el inicio de la gala de los II Premios de Gastronomía de la Región, convocados por este periódico, resultaron proféticas a tenor de lo que inmediatamente ocurrió en la sala Miguel Ángel Clares del Audiorio Víctor Villegas.

Porque los seis premiados parecieron conjurarse para hacer vibrar al público despertando alegría, carcajadas, explosiones de júbilo, momentos de lágrimas y voces quebradas y hasta una declaración de amor. Comenzó el reparto de sartenes doradas (forma que desde su primera edición han adoptado los trofeos) con el Premio Caixabank al mejor jefe de sala, en la persona del responsable de este servicio en Cabaña Buenavista, Jesús López Blázquez. Habló de sus ocho hermanos, relató cómo desde los 15 años empezó a trabajar en el restaurante La Finca, de Susi Díaz, donde le llamaban ‘el hijo’ y puso el punto tierno al recordar cómo un buen día, una pareja joven, tras la comida pagaron entregando un cerdito de hucha, asegurando que era lo que habían ahorrado para la ocasión. El restaurante aceptó tan original forma de pago y nunca se rompió la hucha. “Eso pasó una vez, ¿eh?; en La Cabaña eso no vale”, advirtió el premiado entre las carcajadas del público.

Pero antes del reparto de los trofeos, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Murcia, Jesús Pacheco, recordó que “nuestra Región está haciendo una apuesta fuerte por la gastronomía como experiencia. Una experiencia que se encuadra en nuestra oferta cultural”. El concejal se reconoció entre los suyos, entre amigos (es director de hotel), e hizo referencia a la segunda estrella Michelin lograda por Cabaña Buenavista, que “nos eleva la autoestima y supone un gran estímulo para todos”

La cocina provoca emociones porque alimenta la memoria, es como un automatismo que rescata recuerdos y los trae al presente. Por eso cuando Juan Antonio García Gil, del restaurante El Churra, subió a recoger su ‘sartén’ del Premio Mercadona al mejor jefe de cocina 2017 el público entendió perfectamente los sentimientos que le invadían “cuando todavía recuerdo en la boca y en la lengua el sabor de aquellas cabezas de toro que mi madre asaba en el bar de Cehegín que regentaba, esa melosidad, esa textura… no las he vuelto a probar”. Y pese a lo insólito del plato, quien más quien menos salivó un poquito.

A requerimientos de Julius Berniert, presentador de Canal Cocina, que ofició de conductor de la gala, subió al escenario a continuación David López Carreño, Premio CARM al proyecto revelación del año, por su restaurante Local de Ensayo. ‘Cocina de experimentación elaborada con el corazón’ es el lema de este restaurante “en el que empezamos cuatro personas y donde un año y tres meses después somos doce. Y ahí están, porque este premio es para vosotros, chicos”, animó a que se levantaran el cocinero. Y lo hicieron entre el aplauso, los silbidos y los ‘bravo’ de un público electrizado –David contó que empezó trabajando de electricista con su familia en Hellín y que se le despertó el gusanillo en un curso de cocina para amas de casa al que acudía por las tardes–. Junto con la sartén, se llevó de premio una bombilla…

Y llegó el Rey, apodo que heredó de su abuelo paterno Miguel López, el de la Pequeña, designada como mejor restaurante tradicional. Agradeció el Premio Ayuntamiento de Murcia a ‘La Verdad’, se le quebró la voz al hablar de su equipo –“muchos de ellos me vienen aguantando más de treinta años”–, reconoció que la receta de su famosa alcachofa de la abuela se la pasó ‘La Faraona’ –“¿Qué quién es la Faraona?, allí arriba está sentada”, y una mano tintineante se levantó entre el público: Mari Cruz García, propietaria y cocinera del Virgen del Mar; y terminó con una encendida declaración de amor: “Esto va por mi mujer, a la que quiero y a la que necesito todos los días de mi vida”. Y se quedó tan a gusto, y el público haciendo la ola.

Los corazones siguieron latiendo rápido. El Premio Estrella Levante a Toda una Vida había recaído en Raimundo González Frutos. Una indisposición de última hora (el gran maestro de la cocina murciana ha cumplido los 92 años) impidió su presencia en el Víctor Villegas, así que fue el periodista y exsenador Adolfo Fernández el encargado de recogerlo. Sin papeles en la mano, lentamente, pronunció unas palabras que levantaron al público de sus butacas: “Raimundo es un hombre grande porque sintetiza todo lo que se está celebrando hoy aquí: el talento, la dedicación, el esfuerzo. Raimundo atesora todas las virtudes de un buen plato: verdad, bondad, armonía, respeto… Este premio honra al que lo da y también al que lo recibe”. Las palmas ardían.

Y llegó el último galardón, el Premio Salzillo al mejor restaurante creativo, para Cabaña Buenavista. Pablo González, siempre tan seguro de sí mismo, perdió también el control de sus emociones –y de su voz– al agradecer el galardón a ‘La Verdad’, “un periódico que tan importante ha sido para mi familia” (su padre fue director del rotativo regional). “Lo siento, me he hecho mayor”. Unas filas más arriba, una persona se contagiaba de esa emoción con mayor intensidad que nadie: su mujer. Preguntado sobre a brecha que parece abrirse entre su restaurante, al que la Guía Michelin acaba de conceder su segunda estrella y los demás, el chef fue claro: “Yo creo que sí hay más gente en Murcia. Pero que falta paciencia. No se puede abrir un restaurante con la idea de alcanzar una estrella en un par de años. Esto es una carrera de fondo, de tesón, de persistencia y de pensar en el cliente cada día”. De nuevo, el griterío se hizo ensordecedor cuando el cocinero hizo levantar a su equipo, compacto en un rincón de la sala.

Javier Celdrán, consejero de Turismo, fue el encargado de cerrar la gala: “Una gala muy emocionante y la alegría que habéis trasladado todos los que habéis recogido un premio es la alegría de todos los murcianos”. El consejero hizo referencia al plan de impulso del turismo gastronómico elaborado por el Gobierno Regional y señaló: “Hoy debemos sentirnos orgullosos. Hoy reconocemos a unos embajadores del sabor y la esencia de las cocinas murcianas. Los premiados han mostrado humildad constancia, trabajo y espíritu innovador”, concluyó. Y tras la foto de grupo de rigor, las 400 personas que asistieron a la gala pasaron de la teoría a la praxis para disfrutar de un sustancioso y animado cóctel.

 

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