Pedro Cano concluye en Verónicas la creación en vivo de su mural efímero

El pintor blanqueño, ayer, rematando la obra. / MARTÍNEZ BUESO
El pintor blanqueño, ayer, rematando la obra. / MARTÍNEZ BUESO

Pintado con motivo de la celebración de su gran exposición 'Siete', será destruido cuando esta cierre sus puertas, el próximo 28 de julio

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

A lo largo de varias sesiones, y entre la expectación y la emoción de los espectadores que seguián atentos el recorrido de sus manos por la pared, el nacimiento en vivo de una obra tan sencilla como hermosa que iba surgiendo de la nada con un vitalidad y sutileza primaverales, el pintor Pedro Cano (Blanca, 1944) concluyó ayer el mural con el que pone la guinda a su exposición 'Siete' en la sala de Verónicas, una muestra compuesta por siete trípticos en blanco y negro (21 obras de 120 por 180 centímetros), además de dibujos y material del estudio del artista blanqueño. Se trata de un mural efímero, destinado a desaparecer para siempre, por expreso deseo de su creador, cuando el próximo 28 de julio se cierren las puertas de la exposición.

'Siete', compuesta por los trípticos 'Espera', 'Juego', 'Interior', 'Salto', 'Carga', 'Bicicletas' y 'Trabajo', tiene su origen emocional e intelectual en agosto de 1991, cuando miles de desesperados refugiados albaneses llegaron al puerto italiano de Bari a bordo del buque Vlora. Cano, conmocionado por las imágenes que contempló, pintó entonces unas escenas en unos papeles que ahora, casi treinta años después, han dado lugar a uno de sus trabajos más personales.

No es cómoda de ver esta exposición. No es amable, no rema a favor de dejarse arrastrar por las obras hacia el territorio del puro placer estético sin más. No, no encierran las obras aquí expuestas, a modo de una sagrada procesión de hombres y mujeres dignísimos, con sus cruces del siglo XXI a cuestas, un bullicio de lavanda recién cortada, ni un desfilar de riachuelos de agua fresca. Los protagonistas de las obras «solo poseen el deseo de vivir en un mundo mejor del que han dejado atrás». Estamos ante una exposición que no oculta su vocación de grito mudo. Un temblor.