«Ahora tengo una voz más sabia y más en concordancia con lo que escribo»

El cantante cubano Pablo Milanés./
El cantante cubano Pablo Milanés.

El cubano iluminará esta noche con la sensibilidad de sus letras el Teatro Capitol de CiezaPablo Milanés Cantautor

GEMA MORENOMURCIA

Un niño que juega despreocupado en la calle escucha unos gritos. Es su madre otra vez pidiéndole que se vaya a bañar. El niño resopla y la madre lo engancha de la oreja: «Vete a bañar que actúas esta tarde», le dice al que después se convertiría en una de las voces más icónicas de Cuba.

Pablo Milanés recuerda con cariño esos momentos en los que su madre le inculcó desde bien pequeño cuál iba a ser su futuro. «Ya a los seis años me obligaba a cantar, y a los diez estaba en el conservatorio, pero fue mucho más tarde cuando comencé a hacerlo por mí mismo», explica con ternura el cantautor.

TOME NOTA

Qué
'Esencia', de Pablo Milanés. Lugar: Teatro Capitol, Cieza.
Cuándo
A las 22.30 horas.
Precio
Desde 20 euros.

La voz de canciones como 'Yolanda' o 'Ese breve espacio en que no estás' carga a sus espaldas siete décadas de música, profesión a la que se entregó en cuerpo y alma desde una edad muy temprana, siempre considerándola su único destino posible. En la actualidad, sin ídolos ni sucesores a la vista, según explica el cantante, su arte continúa marcado por la naturalidad que siempre lo ha caracterizado, esa esencia que trata de comprimir en la gira que 'acampará' esta noche en el municipio de Cieza.

«Los artistas que llenan estadios hoy día son fruto del marketing que llevan a cabo las multinacionales»

Pablo Milanés ya no es el mismo que hace cuarenta años, la arena del reloj le ha volado de las manos sin control alguno, pero, como el buen vino, el gran artista no perece, sino que madura: «Ahora tengo una voz más sabia y más en concordancia con lo que escribo. Es verdad que antes era un desenfreno de estilo y de posibilidades pero, afortunadamente aún tengo una voz con la que cantar en condiciones».

Al igual que su instrumento, el fiel público que lo ha acompañado durante todos estos años también ha ido sumando años, y el cantautor es consciente de ello: «Tuve mis días de gloria entre comillas en los años setenta: llenaba estadios, polideportivos... pero todo pasa. Ahora voy a cumplir 77 años y tengo un éxito que se basa sobre todo en el público que tenía antes y que, en ocasiones, trae a sus hijos o a sus nietos, pero no tiene nada que ver con lo que era antes».

Rezando el credo que la vida le ha enseñado, Milanés no se apena porque el torbellino que lo alzase entonces como uno de los mayores representantes de la trova cubana parezca haber perdido su intensidad y habla de este presente musicalmente «más limitado» con cariño: «Yo lo entiendo perfectamente, me adapto y canto con el mismo amor y la misma ternura. Además, noto cómo ese ambiente que se creaba entre el público y yo, esa emoción, sigue siendo exactamente igual y me conmuevo enormemente».

En sus actuaciones admite continuar logrando esa complicidad con el público que se agudiza al bajar del escenario: «Cuando termino los recitales se me acerca la gente a felicitarme y a explicarme lo que han podido sentir conmigo. Me enternece muchísimo». Aunque, según cuenta entre risas, sus oídos no siembre reciben lo que les gustaría oír: «Lo malo es que mucha gente se detiene a decirme: '¡Cómo he llorado!'. Ya me podían decir ¡cómo he disfrutado! pero no, la mayoría me dice esa frase. Creo que la gente descubre una nueva forma de querer el arte a través del ambiente emocional que se establece en mis conciertos».

Según Milanés, la industria musical ya no alza a aquellos artistas que hacen sentir a raudales: «Los artistas que llenan estadios hoy día son producto del marketing que llevan a cabo las multinacionales con creadores que muchas veces no tienen validez. Ahora la música se basa en una superficialidad extraordinaria que ha hecho decaer la calidad de la música popular».

El cantante, que siempre se ha considerado «revolucionario» y que abarca numerosas críticas sociales y políticas en sus letras, se encuentra insatisfecho con esta época que le ha tocado vivir en la etapa final de su vida. «Hay una decadencia absoluta en todos los sentidos, pero no hay nada que se pueda hacer contra los ciclos naturales del mal gusto y de las injusticias. Ha pasado en todas las eras, y al final, el mundo se recompone por sí mismo. Solo queda esperar y no desesperar». Este lado mucho más paciente del cantautor queda a su vez reflejado en sus últimos discos, donde realiza estas 'protestas' habituales en su obra, pero con una estética más compleja: «Antes era capaz de crear un panfleto en una canción. Sin embargo, ahora acudo mucho más a las metáforas y a las imágenes para decir eso mismo».

Pablo Milanés no renuncia a ver el sol cada mañana y a continuar preparando los conciertos. Aunque entre sus planes se va cirniendo -sin especial prisa- uno cada vez más: «La muerte. La muerte en el escenario, la muerte en mi casa con mis hijos y mi mujer, la muerte en un bar con mis amigos. Cada día me convenzo más de que va a pasar y de cómo aceptarla. Voy a ser feliz al esperarla porque siempre le he cantado y no voy a despreciarla a última hora».