Del manuscrito al atril, pasando por el ordenador

Facsímil de música de la Catedral de Orihuela. / antonio pardo
Facsímil de música de la Catedral de Orihuela. / antonio pardo

La transcripción de las piezas es un gran puzle que se resuelve «siempre» con tiempo, paciencia y la ayuda esencial de la tecnología

N. BENITO MURCIA.

Entre clases, tutorías y otras labores propias de su trabajo como profesor en la Universidad de Murcia, Antonio Pardo encuentra hueco para centrarse en su proyecto de investigación. Hay que armarse de paciencia para realizar su tarea, que define como «bastante laboriosa» y que consiste en transcribir las partituras antiguas a la notación actual. Sobre su mesa, el profesor cuenta con dos pantallas de ordenador. En una de ellas se encuentra una imagen similar a la que se puede ver a la derecha de estas líneas. La fotografía corresponde a un facsímil -reproducción casi exacta- de obras de polifonía recogidas en un libro de la Catedral de Orihuela y el profesor cuenta con su versión digitalizada. En la otra pantalla, un avanzado programa informático, la herramienta esencial para llevar a cabo su tarea.

Con un teclado de ordenador que lleva incorporadas teclas similares a las de un piano, Antonio Pardo se dispone a resolver ese «gran puzle», como él mismo define, que le lleva un tiempo incalculable de resolver. «Depende de cada pieza pero puede costarme varias semanas. Eso sí, siempre lo consigo». Además de esta traducción, se deben corregir los errores que provocan falta de armonía y que se deben a fallos en las anteriores transcripciones de las obras. Además, si la pieza va a ser interpretada, puede ser conveniente añadir acompañamiento instrumental para una experiencia musical más enriquecida, lo que supone más trabajo.

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