Feliz en el sótano

Scott Matthew, en el concierto de este viernes en Cartagena/Pablo Sánchez / AGM
Scott Matthew, en el concierto de este viernes en Cartagena / Pablo Sánchez / AGM

JAM ALBARRACÍN

Emotividad, delicadeza, ternura. Scott Matthew es como ese amigo del instituto con el que te encantaba compartir ideas, discos y libros, pero del que luego renegabas en público porque no jugaba al fútbol ni era popular entre las chicas. Y sus canciones tienen bastante de ese corazón suave aunque herido, afectuoso pero susceptible. En el Cartagena Jazz presentaba su flamante nuevo álbum, 'Ode to others', y aunque una de las premisas de su composición fue prescindir de las cuidas del amor romántico -del desamor romántico, en realidad-, si naciste para contemplador del cielo te cae la melancolía.

Cómodo en la penumbra, relajado en la ausencia, feliz en el sótano, Matthew fue desgranando la práctica totalidad del disco -de 'Happy end' a 'The sidewalks of New York' pasando por 'Where I come from' y una aceptable adaptación de 'Do you really want to hurt me?', el hito de Culture Club- en un concierto corto (55 minutos), bello, minimalista y muy acústico, sostenido apenas por piano y guitarras sin batería o percusión alguna. Tan cercano y natural que recordaba a aquellos 'live on the living' en los que un artista tocaba sonoramente desnudo en una casa privada para un reducido número de público. No fue el caso: el Nuevo Teatro Circo estaba lleno. Encantador, sosegado, adorable.

Al Di Meola.
Al Di Meola. / P. SÁNCHEZ / agm

A continuación el trío encabezado por Al Di Meola nos devolvió a la realidad... de los años setenta. No importa si en su repertorio incluyó dos piezas de su última entrega, 'Opus', concretamente 'Broken heart' y 'Ava's dream sequence lullaby', porque lo interpretado era pura fusión en clave 'Cuéntame'. Acordeón entendido más como teclado, salvo en las piezas cercanas al tango, y dos guitarras españolas atacadas con púa y de sonido en exceso brillante (es lo que tiene atacar las cuerdas de una española con púa, que se lo digan a Tomatito). A destacar, esto sí, el incuestionable virtuosismo de Di Meola con la guitarra, con unos solos escalofriantes y no obstante melódicos.

 

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