Encuentros en la fase MGMT

Nunatak durante el concierto./Edu Botella/ AGM
Nunatak durante el concierto. / Edu Botella/ AGM

El Welcome Estrella de Levante congregó a un numeroso público universitario en la plaza de toros de Murcia

ALBERTO FRUTOSMurcia

La revancha es una opción tan válida como cualquier otra a la hora de alterar victorias, incluso de crearlas de la nada. Poco importa que el pasado pinte oscuro, que el calendario se haya lanzado encima de las expectativas o que la madurez, ese término tan complejo como esquivo, lleve un tiempo danzando a un lado sin previo aviso. Cuando menos te lo esperes, casi por arte de magia, algunos preferirán decir karma, volverás a tener una nueva bala en la recámara. Y la diana se mantiene en el mismo lugar en el que la dejaste. Pues bien, a la banda neoyorkina MGMT le ha salido redonda la jugada en su regreso a la Región tras su más que decepcionante paso por la edición de 2011 del ya desaparecido SOS 4.8. Lo que aquella vez no funcionó, prácticamente todo, sí que lo hizo siete años más tarde en un nuevo festival Welcome Estrella de Levante destinado a celebrar la bienvenida universitaria 2018.

Así, desde el comienzo con 'She Works Out Too Much', canción que sirve también para iniciar un último trabajo, el notable 'Little Dark Age', que sonó prácticamente en su totalidad, hasta ese himno imposible titulado 'The Youth', el grupo neoyorkino entregó un concierto de puesta en escena exótica y extravagante, sonido casi perfecto y repertorio más que notable. Y es que, a los clásicos ya conocidos, con las celebradísimas e inoxidables 'Time to Pretend' y 'Kids' a la cabeza, se sumaron temas tan inspirados como 'Siberian Breaks' y Weekend Wars', ambas con ecos de aquellos Beatles psicodélicos situados a las órdenes del Sargento Pimienta; el funky juguetón de 'Electric Feel'; 'Flash Delirium', melodía radiante que habría firmado Brian Wilson con los ojos cerrados; o las recientes 'When You Die', 'TSLAMP', 'James' y, sobre todo, una 'Me and Michael' de coro masivo tan facilón como infalible. Un conjunto de canciones interpretadas con las mismas dosis de convicción que de elegancia, construyendo de esta forma un concierto que, especialmente en su condición de examen de recuperación, funcionó a las mil maravillas. Olvidado queda el sabor agridulce de un tiempo pasado que no siempre fue mejor.

Previamente, el directo de La Casa Azul había servido para (re)confirmar el estatus de Guille Milkyway como uno de los mejores compositores nacionales de Pop, con mayúscula, de los últimos años. Por no decir de siempre, no vaya a ser que la etiqueta de exagerado pese un poco más. Un concierto en el que brillaron con especial intensidad los viajes al pasado a través de joyas melódicas de las dimensiones de 'Sucumbir', 'No más Myolastan', 'Los chicos hoy saltarán a la pista' o las versiones a piano y voz de 'Yo también' y la fabulosa 'Como un fan', pero que, sin embargo, no terminó de despegar del todo con los anticipos del esperadísimo 'La Gran Esfera', exceptuando una 'Nunca nadie pudo volar' que ya apunta a nuevo clásico del catálogo Milkyway. Mención especial para el tridente de temas que protagonizaron los momentos más memorables de la noche: 'Esta noche sólo cantan para mí', 'La fiesta universal' y, claro, 'La revolución sexual'. Más que canciones, toda una filosofía de vida y música. La Casa Azul sigue siendo una apuesta segura. Ojalá nunca falte confeti para celebrar un estribillo.

Por último, , cada vez quedan menos salidas que las que ofrece la evidencia aplastante a la hora de hablar de Nunatak, responsables de romper el hielo de una noche que se atrevió incluso a enredar con la lluvia en sus primeros compases. La paciencia y la prudencia son dos virtudes envidiables, no hay ninguna duda al respecto, pero la realidad es que la banda cartagenera hace tiempo que dejó de recorrer los pasillos laberínticos de las promesas, alzándose con firmeza como una de las propuestas más compactas, emocionantes y auténticas surgidas en la escena musical regional en bastante tiempo. Y su concierto no hizo más que volver a poner la teoría en práctica de manera deslumbrante. Juegos vocales que siempre suman, arreglos armónicos de categoría, dosis de épica medida al milímetro, relámpagos de rock que brotan de las entrañas, poesía campestre con un ojo en el folk y otro en el góspel, química escénica, una voz que nunca falla, tremendo lo de Adrián Gutiérrez, y, por encima de todo, un conjunto de canciones de altura. 'A miles de kilómetros', 'Sigues en pie', 'Solos', 'Nubes' o 'El grito' no dejan opción a la réplica. Lo de Nunatak va en serio. Muy en serio. Porque lo tienen todo, empezando por lo más importante, eso que no se describe con palabras, pero explota desde el primer encuentro.

La actuación de MGMT. / Álvaro Rabadán

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