Desconcierto Bertault, hechizo Peyroux

Madeleine Peyroux, este viernes, durante su actuación en el Cartagena Jazz Festival./Pablo Sánchez / AGM
Madeleine Peyroux, este viernes, durante su actuación en el Cartagena Jazz Festival. / Pablo Sánchez / AGM

Camille Bertault decepciona en el Cartagena Jazz Festival desde el exceso y Madeleine Peyroux enamora desde la sencillez y la versatilidad

ALBERTO FRUTOSCartagena

La primera jornada de la 38º edición del Cartagena Jazz Festival marcada de manera innegable y profundamente emocionante por la figura del añorado Paco Martín, responsable de todas y cada una de las programaciones de esta imprescindible cita cultural desde 1980, se dividió entre la anarquía y la sobriedad, la revolución y el consenso, la energía descontrolada y el silencio compartido, el caos y el equilibrio. Es decir, entre Camille Bertault y Madeleine Peyroux.

En el caso de la artista parisina, la incógnita principal era descubrir si la sensación de estar ante la nueva gran promesa del jazz francés que transmiten sus dos primeros trabajos, 'En Vie' y el muy superior 'Pas De Géant', se trasladaba con la misma contundencia al directo, pero lo cierto es que las respuestas llegaron, de manera inesperada, en forma de más interrogantes. Y es que, todo lo que en su versión de estudio suena compacto, seductor y exquisito, se convierte en el escenario en algo similar a un incontrolable ejercicio de fuegos artificiales vocales marcado por el exceso. Un laberinto de notas imposibles tejido desde la garganta que impacta y sorprende durante los primeros golpes ('Nouvelle York', 'Comment te dire adieu'), pero que termina desgastando por pura reiteración. Y es una pena, porque se intuye el talento de Bertault detrás de la máscara y la sobreactuación, pero la grandilocuencia, ya se sabe, siempre acaba devorando todo.

Todo lo contrario a lo que sucedió con la maravillosa Peyroux, quien acompañada por una banda impecable cumplió con ejemplar convicción, naturalidad y deslumbrante calidez su condición de nombre ilustre dentro de esta edición con un concierto de auténtico nivel. Desde su comienzo con la estupenda 'Don't wait Too Long', dedicada a la memoria de Martín, hasta el embriagador cierre protagonizado por 'This Is Heaven To Me', la estadounidense desplegó su inmenso talento en distintos géneros que saltaron del pop luminoso ('On My Own') al soul ('We Might As Well Dance'), pasando por el irresistible funky de 'Down On Me' y 'The Brand New Deal'; el country a lágrima viva de 'All My Heroes'; los ecos trotones de New Orleans ('On A Sunday Afternoon'); el rock fronterizo de esencias latinas ('Honey Party'); o el folk/blues de 'Trampin'. Un concierto marcado por la versatilidad, la elegancia y la sencillez que, además, sirvió para demostrar con claridad que, casi siempre, menos es más.

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