Pop bailable y ultrafeliz para anuncios de cerveza

Crystal Fighters. / promocional
Crystal Fighters. / promocional

La banda londinense liderada por Bast Pringle presenta mañana en Murcia su flamante cuarto álbum, 'Gaia and friends'

JAM ALBARRACÍN MURCIA

«No nos preocupa que nos puedan considerar superficiales», afirma Sebastian Pringle, líder de los londinenses Crystal Fighters, ante las acusaciones de sus detractores de buscar la rítmica facilona y la fiesta sin pudor. Pero lo cierto es que su propuesta -etiquetable como rave folk o electro folk- funciona, más en España que en su propio país. Tampoco es falso que si hace nueve años, cuando debutaron con los singles rompepistas 'Xtatic Truth' y 'I Love London' y el álbum 'Star of Love', nos llegan a decir que aquella anecdótica pandilla de simpáticos hippies ingleses con ganas de baile y enamorados del País Vasco iba a convertirse en toda una banda de éxito, nos lo hubiéramos tomado a broma. Pero así ha ocurrido, seguramente antes por su escasez de prejuicios que por sus méritos artísticos.

Hace unos días vio la luz su cuarto álbum, 'Gaia and friends' -aunque según la compañía Warner, su nueva discográfica, solo se trata de una 'mixtape'- y España, cómo no, es el país elegido para estrenarlo en gira, con Murcia en la relación de escenarios. Mañana sábado, desde las 19.30 horas, en el auditorio del Parque de Fofó. Las entradas cuestan 30 y 35 euros, según sea en venta anticipada o en taquilla.

'Gaia and friends' es una suerte de pastiche en el que caben diversos elementos y estilos y cuyo título, esto sí, rezuma pura coherencia. Gaia es la Madre Tierra y Crystal Fighters son hippies veganos que abogan por la defensa y el cuidado de la naturaleza. Y la mención a los amigos también se advierte procedente, pues la mayoría de pistas del disco cuentan con colaboraciones (de Feed Me, Bomba Estéreo, la noruega Anna of the Noth, el sudafricano Petite Noir, los vascos Ugarte Anaiak, la chilena Soledad Vélez...), en un trabajo que parece diseñado para gente joven y despreocupada que bebe cerveza sin alcohol. Canciones llenas de la-la-las ('Wild ones') o de silbidos ultrafelices, como en 'The get down', una canción que alude a «amigos colocados que bailan canciones de la radio». Sebastian Pringle habla de una vuelta a los orígenes. «Hemos vuelto a la esencia del primer disco, más orientado hacia una suerte de techno orgánico, ancestral y tribal, entre psicodélico y folclórico, con una energía más cruda y bailable».

«Siempre nos hemos sentido muy vinculados al folk, pero la conexión con el norte fue algo casual»

La conexión vasca sigue de algún modo presente -en directo Graham Dickson sigue tocando ocasionalmente la txalaparta-, aunque el propio Pringle reconoce que de una manera mucho más matizada, a diferencia de sus dos primeros álbumes, en los que la coartada vasca -encontraron una supuesta ópera vasca inacabada en casa del abuelo de Laure Stockley, entonces vocalista de la banda- estaba muy presente hasta ejercer casi como eje. «Nuestra conexión con el norte fue realmente casual. Por una amiga, una persona que cantaba con nosotros en aquel momento. Y decidimos centrarnos en eso, pero ya no tiene nada que ver con cómo nos sentimos ahora», ha confesado Pringle a 'La Verdad', no sin añadir que no se consideran una banda vasca o londinense, sino simplemente del planeta Tierra.

«El factor rave también es muy importante, ya que nos encanta tocar en los grandes festivales»

Los festivales molan

«Intentamos tomar elementos de diferentes culturas, de la música tribal más allá de Europa y España, como por ejemplo de África, Suramérica y lugares así. Y también nos encantan los sonidos más contemporáneos, la música dance. Bailar puede ser algo muy liberador», apunta Sebastian 'Bast' Pringle. Pero de nuevo aparecen las paradojas. ¿El baile como trance hacia un estado mental elevado, de celebración de unidad y comunicación, de actitud revolucionaria, como mantra de hermandad y conciencia cósmica universal? La respuesta, me temo, resulta algo más prosaica. «Siempre nos hemos sentido muy vinculados a la música folk. Pero para nosotros, el factor rave también es muy importante, ya que nos encanta tocar en los grandes festivales».