El arte de negarlo todo como un niño

Joaquín Sabina, en la noche de este viernes, durante su actuación en Murcia. / J. C. Caval / AGM

Los fans de Joaquín Sabina se despiden como nunca del artista, en la noche de este viernes en la Plaza de Toros de Murcia, porque creen que «esta va a ser su última gira»

Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

Venir a Murcia desde Cuba, solo para ver a Joaquín Sabina. Increíble, real. Seis boletos. Seis jóvenes enfundados en camisetas que lo niegan todo, salvo el fervor que sienten por el artista. Seis letras, una por espalda, conforman el apellido del cantante. ¿De verdad han venido desde Cuba solo para verle? "En realidad vamos a aprovechar el viaje para más cosas, pero sí, lo hicimos coincidir con la fecha del concierto", admite uno de ellos.

Así son. Auténticos, rebeldes, convencionales, atrevidos, desconfiados, insulsos, magnánimos, poetas, incultos, con bombín, sin él, con tacones, en chanclas. No hay un criterio estandarizado que pueda definir a los sabineros. O tal vez sí, solo uno: "Que saben apreciar la buena música, las buenas letras", dice Ismael, un alicantino que ha venido acompañado por su pareja y que espera distendido en su butaca, aunque aún faltan dos horas para que comience el espectáculo.

Poco a poco se va llenando la arena de cáscaras de pipas. Hay que matar la espera como sea. Hay que darle vida a la paciencia, o por lo menos hay que darle de comer, distraerla, entretenerla. Unas filas más adelante se encuentra Jesús junto a su mujer y su hija. Este abaranero se trae un aire a Sabina, tal vez se lo da el bombín que le acaba de regalar su esposa antes de entrar a la Plaza de Toros de Murcia este 14 de julio. "Siempre me compro uno y siempre lo regalo, pero este se queda conmigo, porque creo que esta va a ser la última gira de Sabina", dice con pesar. El historial de conciertos en los que ha visto al artista es tan extenso que no lo recuerda por completo.

El tumulto crece poco a poco y con él la emoción de disfrutar de un Sabina al que "ya le queda poco por cantar", apunta Jesús en alusión al ictus que sufrió el artista y a su edad. Las entradas se agotaron hace meses, pero los fans van llegando con calma. Con la misma parsimonia que ocupan sus asientos a cinco minutos de que dé comienzo el espectáculo, entre llamadas de atención de la organización para que se instalen de una vez.

Lo que Dios quiera… o no

Teresa ha sido toda su vida profesora de secundaria. “En la vida he pagado yo 88 euros por una entrada, pero me he jubilado y me he dado un capricho. Sabina es un gran poeta de lo cotidiano y merece la pena”, dice esta murciana, sentada sola en el patio de butacas, pero acompañada de su hija perdida entre las cabezas de la grada.

Las 22,40. Se apagan las luces. Se encienden los vítores y los aplausos. Desfilan, uno tras otro, uniformes, los miembros de su banda por el escenario. Y entonces él, el mítico amante de Madrid, el picaresco, el inigualable, el casi rockero, el excéntrico, el del bombín, el auténtico. Joaquín Sabina, sin más, negando su vida como hacen los niños con sus travesuras.

"Buenas noches a todos. Es un enorme gustazo venir de nuevo a Murcia, pasear por Murcia, comer en Murcia. Aunque me habían dicho que en Murcia por la noche refrescaba —ríe—. Gracias por llenar este histórico corso. Como hacía 8 años que no habíamos hecho canciones nuevas, os torturaremos con ellas. Y luego, que sea lo que Dios quiera”, dice el artista justo al acabar el tema que da título a su nuevo disco, ‘Lo niego todo’.

Amigo Sabina, si aquel colega tuyo, el de la barba, el ovetense, el poeta; si Angelito levantara la cabeza… ¿Acaso ya no recuerdas que ‘Mañana no será lo que Dios quiera’? Al menos no en Murcia. Ay Joaquin, si Ángel te viera. Seguramente volveríais a rememorar lo corta que era la falda de la camarera de la Kontiki. Y luego, ante la mirada reprobatoria de tu mujer, diríais al unísono: "Yo no fui”. Que es justo lo que vienes a decir ahora, con el arte bribón, astuto, hábil de un niño, a tus 68 años y colmando tus conciertos hasta la bandera.

«Todos los finales son el mismo»

"Cuando yo andaba en Londres de ocupa, iba a unas discotecas de negros que había por mi barrio y empecé a escuchar una palabra maravillosa que se llama reggae”, introduce Sabina su tema ‘¿Qué estoy haciendo aquí?’. Y así uno tras otro, hasta salir del escenario para dejar que sus compañeros se luzcan en solitario, “porque ellos no son músicos de los que se alquilan un verano para unos bolos. Viven conmigo, ríen conmigo, se emborrachan conmigo, triunfan conmigo, fracasan conmigo, y no cantan las canciones de Sabina, cantan nuestras canciones porque también las componen conmigo”, atesora el cantautor.

Son Jaime Asúa, el que fuera guitarrista de Los Alarma; el murciano Pedro Barceló a la batería; Laura Gómez, último fichaje de la banda, “argentina, una espléndida bajista y una poeta estupenda”, la define Sabina; Josemi Sagaste a los vientos; la voz de Mara Barros; Antonio García de Diego al teclado, “el mejor músico que yo he visto a mi lado, el que cada día me enseña cosas de moral, aunque no lo sabe”, continúa. Y para acabar, “todo grupo tiene un director y él es el nuestro, porque sabe lo que quiero y cómo lo quiero, y porque además es mi hermano: Pancho Varona”, finaliza.

La noche avanza y con ella la pena de que a Sabina se le caiga el zapato de cristal y rompa el hechizo. Tras un sensual ‘Hace Tiempo’ de Mara Barros, ‘La del pirata cojo’ de Varona, ‘Tan joven y tan viejo’ de García de Diego —dedicada a Varona por su 60 cumpleaños, que celebró este jueves— y otros temas sin Sabina, el artista reaparece y bajo el brazo trae su repertorio de siempre. Empieza el concierto de verdad. El artista pidió un patio de butacas en la arena, para que sus fans se estuvieran quietecitos, pero el fervor es incontenible. Quién puede quedarse sentado con ‘Por el bulevar de los sueños rotos’, ‘Y sin embargo’, ‘Princesa’, ’19 días y 500 noches’, ‘Ruido’, ‘Contigo’, ‘Pastillas para no soñar’… Murcia no.

Dos horas y media después, llega el final. “Todos los finales / son el mismo repetido”, dijo al cantar ‘Ruido’. Sabina se equivoca y lo sabe. Se acaricia la visera de su bombín, la enmarca con las yemas de los dedos y los resbala hacia la derecha. Se emociona, abrumado por el cariño. Todos los finales son el mismo, menos el de esta noche, el murciano, el suyo, el nuestro. Sus seguidores creen que ya no va a volver a reventar la Plaza de Toros de Murcia, creen que es su última gira y le regalan un cierre con sabor a triunfo. A triunfo y despedida.

 

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