Paco Ureña: «Es el momento de disfrutar de mi profesión y ser feliz»

Ureña, en el coso madrileño de Las Ventas. / teseo comunicación
Ureña, en el coso madrileño de Las Ventas. / teseo comunicación

El triunfador de la Feria de San Isidro asegura a 'La Verdad' que «hay que reinventarse y renacer continuamente»: «Cada día la vida da lecciones»

FRANCISCO OJADOSMURCIA

Es el torero del momento. Después de varios años de lucha logró entrar por derecho propio en las ferias importantes, y cuando parecía que su carrera cogía velocidad de crucero, justo después de cortar cuatro orejas en la pasada Feria de Murcia y erigirse triunfador en su tierra, el 14 de septiembre un toro lo paraba en seco. Un pitonazo en su ojo izquierdo hizo que en un primer momento perdiera la visión y meses después el globo ocular. Pero Paco Ureña, una vez más, se sobrepuso a la adversidad, logró reaparecer en la Feria de Fallas, en Valencia, el pasado mes de marzo, donde firmó una actuación estelar, y después de pasar por Sevilla, llegaba a Madrid, la plaza que lo lanzó, con tres compromisos en la Feria de San Isidro. La plaza más exigente se le ha rendido. Cuatro orejas y las dos últimas el 15 de junio, después de salir de la enfermería con una costilla rota, en la Corrida de la Cultura, catapultan a Paco Ureña como el gran triunfador de San Isidro, y su paso por Las Ventas este año puede catalogarse de acontecimiento.

De hecho, lo vivido esa tarde en Las Ventas fue de una emoción indescriptible. Paco cumplía su sueño, y por la puerta grande no solo salía el torero. Le acompañaba el sentimiento de muchos aficionados, que lo deseaban casi tanto como el diestro. Las emociones en esa salida a hombros fueron tremendas: «Ha sido un sueño. Pero aparte de cumplir ese sueño, lo que valoro es la forma en la que se dio. La forma en la que pude expresarme y la manera que pude torear y lo que pude transmitir a la gente que estaba en la plaza, para mí, es lo más importante. Por encima de todo lo demás».

-Además de esa puerta grande, ha dado una gran dimensión durante toda la feria. Ha sido declarado triunfador de San Isidro y ha cortado más orejas que nadie, e incluso pudo haber cortado más. Cuando le han dado su sitio, entre las figuras, Ureña ha respondido.

-Creo que la experiencia adquirida durante estos años, y pasar por muchas situaciones en mi vida personal y en mi carrera profesional me han hecho llegar a un punto de madurez que ha dado como resultado este momento. Este era el momento. El que me ha permitido expresarme y mostrar el torero que yo soy. Todo ha llegado en el momento justo y la afición ha podido ver un torero que va poco a poco a más cada día.

«Todo ha llegado en el momento justo y la afición ha podido ver un torero que va poco a poco a más cada día»

-¿Esa madurez puede ser una de las claves de este nuevo Ureña? Otras veces los triunfos han llegado con mucha verdad ,pero también con una ansiedad que ahora no parece tener. Se le nota más pausado.

-Porque la vida cada día te da lecciones nuevas. A mí me ha enseñado mucho. Estos últimos meses han sido muy complicados para mí. Muy duros. Y me han hecho reflexionar mucho y poder trabajar desde otra perspectiva. Me han permitido pensar en mi carrera y ver todos los fallos que estaba cometiendo y que no me estaban permitiendo que llegara a obtener los triunfos como están llegando ahora. En mi vida me han movido siempre las emociones y a veces ese exceso de emoción me podía y hacía que no fuese capaz de rematar como debiera mis faenas. Ahora, gracias a Dios, estoy controlando mucho mejor esas emociones y estoy muy contento por ello.

-Ese resultado lo hemos visto. Como ejemplo, sirva su segunda tarde en Madrid, donde salió a la luz un torero de pellizco, de destellos, de arte. Pura inspiración y sentimiento.

-Siempre he sentido el toreo así. Lo que pasa es lo que comentaba, que el exceso de emoción había ocasiones en que me atenazaba y me bloqueaba. Ahora, que veo la vida de otra manera, desde otro prisma, está saliendo eso que llevaba dentro y está fluyendo ese toreo.

-Después del grave accidente, ¿esa nueva percepción de la vida es lo que ha sacado del infortunio?

-Sí. Claro. Aprendes a vivir. Antes no vivía. No disfrutaba del momento. No disfrutaba tanto la vida. No disfrutaba de mi mujer, de mi familia y de mis amigos. Estaba muy atenazado. Quería cumplir un sueño al que le he dedicado toda mi vida y, sin embargo, no estaba disfrutando ese camino.

«Solo hay una vida, y si no la aprovechas al máximo y no disfrutas de los momentos bonitos no tiene sentido»

-Sin embargo, esta puerta grande es un objetivo cumplido, pero no cierra nada. Todo lo contrario, se abre una nueva etapa para usted.

-Es otra etapa. Un punto y seguido. La vida son ciclos y el toreo es una noria en la que unas veces estás arriba, otras estás en medio y otras ni siquiera estás. Hay que saber aprovechar los momentos para escribir la historia de uno, y ahora es el momento de poder disfrutar de mi profesión y ser feliz con las personas que están a mi lado.

-Dio anteayer el pregón taurino de Alicante y dijo algo tan impactante como que ha visto a la vez el sol y la sombra.

- Sí. De un día para otro, inesperadamente, lo mismo que ves la sombra ves el sol, y lo mismo que ves el sol, ves la sombra. Esa es la vida.

-Sin embargo, pese a la lesión ocular tan grave en ningún momento ha querido sacarle partido. Todo lo que consiguiera tenía que ser a base de lo que ha hecho siempre, de ganárselo en el ruedo. No ha hecho, como otros, eso de querer sacarle rendimiento a la desgracia.

-Yo creo que los toreros, como otras personas que entregan su vida a una profesión o a defender unos ideales, deben asumir las consecuencias. Yo siempre he tenido asumido que esto podía pasar o que podía pasar otra cosa peor. Yo no soy un torero que me guste dar pena, ni quejarme de las cosas, como he visto otros reclamando el esfuerzo que hacen o quejándose de lo duro que es esto. Esta es una profesión muy dura, pero el esfuerzo lo haces si quieres y si no, pues no lo hagas. El toreo es así. No hay más. Hay gente que da su vida por ir a una guerra y vuelven con lesiones irreversibles o locos perdidos. Gente que ha defendido España, gente que defiende su país y su pueblo, como por ejemplo un bombero que da su vida por salvar a otra persona, y nunca los he visto quejarse. Si un torero elige libremente ejercer su profesión, creo que tampoco se debe quejar.

«Yo no soy un torero que me guste dar pena. Esta es una profesión muy dura, pero el esfuerzo lo haces si quieres»

-Ahora que se atisba la recompensa a su lucha, ¿merece la pena lo sufrido?

-Antes de esto ya merecía la pena. He vivido cosas que sí que han sido muy complicadas, pero he vivido también cosas que han sido maravillosas. Gracias al toro he conocido a muchos amigos, a la mujer de mi vida... Claro que volvería a pasar una y otra vez por ahí.

-Habla de su compañera, Elena. ¿Es el complemento que le faltaba?

-Me ha mejorado. Yo creo que me hace mejor como persona y como torero. Son milagros que ocurren en la vida que no crees que te vayan a pasar a ti, y te pasan.

-En el pregón también hizo referencia al fuego de las Hogueras y a su simbología de renacer y se identificaba con ese renacer. ¿Es uno de sus secretos, renacer?

-Es el secreto mío y el de todas las personas que buscan su sueño y tienen que salir adelante día a día. Hay que reinventarse y hay que renacer continuamente. Solo hay una vida, y si no la aprovechas al máximo y no disfrutas de los momentos bonitos no tiene sentido.

-Volvamos a la puerta grande, ¿con la costilla rota, pensó en algún momento que no podría salir a torear al toro que le quedaba?

-Siempre surgen dudas, sobre todo cuando empiezas a escuchar lo que puede pasar, y los médicos te dicen que la fractura puede ocasionar una lesión en la pleura y producir un neumotórax. Te asustas un poquito, pero indudablemente tenía claro que iba a salir, y gracias a Dios le hice más caso a mi corazón que a mi cabeza.

-¿Y cómo se puede torear tan bien y con tanto sentimiento con una costilla rota?

-Me infiltraron, y en esos momentos tan bonitos te elevas y aprendes a no quejarte. Estaba ahí porque es mi pasión.

-Y se fue al hospital a ver a Víctor Hugo, su banderillero de confianza, herido hacía unos días, a compartir el triunfo con él.

-Siempre digo que no hay hombre sin hombre y Hugo es una de las personas que más significa en mi vida y ese día tenía que compartirlo con él, fuese de la forma que fuese. Fue muy sentido, no solo para mí, sino para toda mi cuadrilla y mi familia.

La llamada

-Una vez que se quitó el traje de luces y le dieron el teléfono, ¿para quién fue la primera llamada?

-No me quité ni el traje. Pude llamar a mi madre y luego a Elena y las hice dentro de la furgoneta.

-¿Y qué le dijo su madre?

-Hay veces que no hace falta hablar para expresar los sentimientos. No se lo creía. Lloramos juntos y lo único que pude decirle fue: 'Tranquila madre, sé feliz'. Y ya está.

-El domingo torea en Alicante, junto a Morante y Juli, pero ¿cuándo lo vamos a ver por nuestra tierra?

-Estoy deseando. Supongo que será ya para la Feria de Murcia. Tengo muchas ganas de ir y de torear ya en mi tierra, y de que juntos seamos felices, que mis paisanos puedan disfrutar de mí y yo de ellos.