MAPAS SIN MUNDO (14/04/2019)

Pedro Alberto Cruz
PEDRO ALBERTO CRUZ

El siempre lúcido Dick Higgins realizó una afirmación que, a tenor de los acontecimientos, resume perfectamente la situación actual: «Si no lo has hecho dos veces, no lo has hecho». Cambiemos el verbo 'hacer' por 'decir' para reformular tal sentencia en los términos: «Si no lo has dicho dos veces, no lo has dicho». Vivimos una coyuntura social en la que los mensajes y las ideas cambian prácticamente de un día para otro en función de lo que se quiera vender. Las estructuras de pensamiento ya no existen y han cedido su lugar a una volatilidad, a un oportunismo que ha instaurado la 'convicción-retráctil' como moneda de uso corriente. Siempre he defendido la contradicción como síntoma de salud mental y de evolución intelectual. Pero la contradicción se nutre de elementos sólidos, ya que se trata de hacer convivir, de manera permanente, pensamientos que el orden disciplinario considera antagonistas y que, sin embargo, coincidentes en una situación permiten enriquecer una determinada acción. De ahí que la 'contradicción' nada tenga que ver con la vaciedad mental que lleva a retractarse de cualquier discurso o toma de posición. Pocas ideas se dicen hoy dos veces. Las 'opiniones-isla' -aquellas que aparecen y desaparecen con el único rastro de un titular pasajero- rompen la posibilidad de cualquier relato y abren espacios para la obscenidad, para la violencia, para la ignominia. Al no repetirse, no crean identidad. Pero, desgraciadamente, sí construyen realidad. Las miserias de hoy no serán las mismas de mañana, pero la suma de todas ellas origina un estado de violencia que, en definitiva, todos padecemos. Los valientes 'sacapecho' no dejan de ser cobardes que se escabullen con su verborrea oleaginosa entre 'opiniones-retráctiles'. Y se aprovechan, desgraciadamente, de nuestra memoria de un día.

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Los 'índices de audiencia' no se corresponden con los 'índices de escucha'. Después de pasar por el aparato auditivo, la información se pierde por un agujero negro y nunca llega al cerebro. La utopía es aquel territorio no reflejado en los mapas al que fue a parar toda la información escuchada. Yo quiero vivir allí.

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Por más horas que se alarguen los días, los miedos de la noche siempre llegan demasiado pronto.

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«No eres tú, son tus pensamientos». Y, entonces, me di cuenta que solo mis pensamientos existían, no yo.

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Si el 41% de supuestos indecisos dudara de verdad, nos enfrentaríamos a un proceso electoral cartesiano. Y sería maravilloso.

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Parpadear: la única manera de sabotear la contemplación perseverante de la mediocridad.

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Si se manejan datos brutos, la rechazamos porque están 'crudos. Si, por el contrario, estos mismos datos se cocinan, nos repelen por estar podridos. Quién le iba a decir a Dalí que todo su universo de lo crudo y lo podrido iba a ser reabsorbido por la sociedad española en la forma de un penoso debate sobre cómo se debe elaborar una encuesta electoral.

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La genialidad es la traza diferencial que surge de repetir mil veces la misma cosa. Lo infraleve -que diría Duchamp.