MAPAS SIN MUNDO (07/04/2019)

Pedro Alberto Cruz
PEDRO ALBERTO CRUZ

Los mediocres apartan las torres de su alrededor para que no les hagan sombra. No terminan de comprender que un solo alfiler basta para taparles la luz.

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Está la 'tristeza-triste' o 'tristeza común'; y luego está la tristeza que huele a cieno. La distancia temporal abierta por el adverbio 'luego' entre una y otra acepción de tristeza es terrorífica. Está la tristeza que soportamos y que hemos domesticado, y 'luego', mucho más tarde, después de haber sido encementado por el dolor, viene el olor a cieno, esa experiencia olfativa del alma cuando el fondo ya tocado absorbe su piel y la superficie se transforma en algo abisal.

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¿En qué momento un mensaje de amor se transformó en una estructura policial? Basta con que se persiga una forma de amor para que se persigan todas.

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Vinimos de lejos para que nos atasen muy cerca. Las distancias se acortan no para crear intimidad sino para sujetarnos a la disciplina.

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Exigimos que nos aclaren dudas que en realidad no tenemos. Hemos invertido fatalmente el orden de prioridades: necesitamos 'cuestionadores', y no 'clarificadores'. Ninguna verdad nos salvará. Pero una duda... una duda real y honesta quizás sí.

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Una previsión: agotado y agostado y, con seguridad, sin agosto.

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Cuando duermo con luz del día siempre me despierta un pensamiento, no un sueño. La luz mantiene un hilo de racionalidad -o lo que es igual: de conciencia de lo peor- que, de una manera exacta, puntual, te avasalla con su demencia y te despierta de un sobresalto. No hay pensamiento más destructivo que aquel que vive en los ojos cerrados.

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En algunos casos sobrecogedores, la política se ha convertido en un plástico que no se puede procesar.

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Libertad: un pequeño espacio de equilibrio entre la espada y la pared. La medida del ser libre la marca la profundidad con la que la hoja afilada hiende la piel.

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El tiempo pasa; los tiempos se viven. De la misma manera que el cristal solo se percibe cuando se ha roto y pierde su transparente unidad, así el tiempo deja de ser una ley inexorable cuando rompe su estructura compacta y se hace añicos -pequeños fragmentos de vida en los que se pierde el sentido de la totalidad mientras se gana el de un instante concreto, irrepetible-.

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Escucho y veo actuar a determinados personajes públicos, y cada vez convengo más con Wilhelm Reich que las enfermedades de esta sociedad abocada al fascismo se cura con la 'orgonterapia' -es decir, la 'terapia del orgasmo'-. Si cada uno cuidase más de su salud orgástica, esta sociedad tendría una calidad democrática infinitamente mayor.