Sí, Lolita Flores

Lolita Flores y Críspulo Cabezas, representando 'Fedra'. / Pentación
Lolita Flores y Críspulo Cabezas, representando 'Fedra'. / Pentación

La cantante, actriz y presentadora de televisión se lleva una merecida ovación del público del Teatro Romea tras una electrizante interpretación de 'Fedra'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Digámoslo lo primero: en el éxito de este montaje de 'Fedra', tan poética y cristalinamente versionado por el dramaturgo Paco Bezerra, y dirigido con exquisito esmero -pese a alguna escena que se le ha escapado de las manos al trote: el abuso sexual que la reina protagonista intenta consumar sin éxito con su hijastro Hipólito-, tiene mucho que ver Lolita Flores: está magnífica, convincente sin impostura alguna, brava y vulnerable con la misma verdad, y dota a su Fedra de carne experimentada y encendida, furia racial, desolación de un millón de cementerios juntos, deseo de volar más libre que las águilas reales y de un dolor que le ciega, de un modo tan contenido como electrizante, la mirada, el pulso y el deseo de seguir viva.

Lolita Flores, ya sin la menor duda un milagro de la escena española, tiene también la suerte de estar muy bien arropada en este montaje, clásico en su lenguaje verbal de purísima tragedia griega, y contemporáneo y nítido en su puesta en escena, empezando por esa escenografía tan visualmente potente que ha creado Mónica Boromello, con la ayuda de las videoproyecciones de Bruno Praena -en las que incluso llega a asomarse Alien con todo el horror inmenso de sus facciones amenazantes-, y que parece estar inspirada en esa controvertida obra escultórica, 'Dirty corner', que Anis Kapoor plantó en los jardines del Palacio de Versalles y que definió como «la vagina de la reina tomando el poder». Aquí, una vagina voraz que, además, es volcán, tornado y aire de pesadilla que aniquila la razón y desborda arrolladoramente las pasiones.

Qué bien elegido el reparto de este espectáculo: todos los intérpretes vestidos de lujo con las estupendas creaciones de Almudena Rodríguez Huertas. Fedra, reina de esa Isla del Volcán en la que tendrá que enfrentarse a la pasión amorosa ilimitada y sangrante que siente hacia su hijastro Hipólito, veinte años menor que ella y de una integridad personal y nobleza de espíritu que sabe encarnar con gran acierto Críspulo Cabezas, aprovechará la ausencia de su esposo, un rey Teseo encarnado con un señorío y una fuerza abrumadores por Juan Fernández, para dar rienda suelta, con un valor que ya se intuye cargado de malos presagios, a su atroz obsesión por el joven, que al rechazarla sin dudarlo desencadenará una tragedia terrible, que incluye su propia muerte.

Su hermano Acamante -qué buen trabajo también el del actor Eneko Sagardoy-, éste si hijo de Fedra y de Teseo, asiste aterrado a unos hechos que le violentan corazón y entendimiento. Y atenta con sagacidaz a todos ellos, 'deliciosamente' malvada y pragmática, la nodriza de la reina, Enone, a la que da vida la gran Tina Sáinz.

Qué dolor tan inútil el que provoca la pasión desbocada, tan humana, tan tentadora y tan amiga de acabar incendiándolo todo a su paso. Y con qué verdad la enfrenta Lolita Flores para hacerla creíble, bien es cierto que, sin querer o queriendo, impregnando a este inmortal personaje de Eurípides de un aire lorquiano que se respira a pleno pulmón, como si Fedra estuviese en todo momento influenciada por los misterios, las luces y las sombras de esa luna negra de los bandoleros que contempla impasible las debilidades del corazón humano. Y también el dolor de un padre convertido en lágrimas ante el cadáver de un hijo que él mismo, engañado, puso a los pies de los caballos de una muerte tremendamente injusta. La ovación del público que llenaba el Romea fue rotunda, y los intérpretes respondieron agradecidos, lanzando besos y haciéndose una(s) foto(s).

 

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