Pedro Alberto Cruz: «Voy a votar al Partido Animalista»

Pedro Alberto Cruz, en Murcia, con un pretzel. / enrique martinez bueso
Pedro Alberto Cruz, en Murcia, con un pretzel. / enrique martinez bueso

Este miércoles presenta en el Museo de Bellas Artes de Murcia su nuevo poemario, 'El oledor de pretzels'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Un día, tras finalizar una clase, se le acercó un alumno de unos 50 años, con un parche en el ojo derecho, y le preguntó:

-¿Te he contado mi problema?

Él le respondió de inmediato:

-No.

El alumno se lo resumió con unas pocas y vacilantes palabras:

-Tengo un tumor cerebral. Puede que me veas salir de clase. Será porque necesite morfina.

TOME NOTA

Poemario
'El oledor de pretzels'. Editorial Liliputienses.
Autor
Pedro Alberto Cruz.
Presentación
Este lunes, a las 19.00 horas, en el salón de actos del Mubam. Paco Rabadán Aroca acompaña al autor.

Pedro Alberto Cruz (Murcia, 1972) es el profesor de esta historia verdadera, que ha querido recordar justo en la primera página de su nuevo poemario, otro extrañísimo poemario, 'El oledor de pretzels', editado por Liliputienses y que presentará este lunes en Murcia -a las 19 horas, en el salón de actos del Museo de Bellas Artes (Mubam)- acompañado de Paco Rabadán. A Cruz, docente de la UMU, ensayista, poeta, colaborador de 'La Verdad' y exconsejero de Cultura y Turismo en gobiernos del PP comandados por Ramón Luis Valcárcel, le sigue pasando: «Siempre tengo mis manos en posición de acogida».

«Si la alternativa al concepto de 'normalidad' es ser raro o gilipollas, soy raro, muy raro, friki si me apuras». «Para mí llorar es casi un acto de resistencia. Las lágrimas están mal vistas: son propias de nenazas, de débiles». «Prefiero formar parte de los que viven a flor de piel. Nunca he aspirado a ser un héroe, ni un ejemplo de contención y racionalismo» Pedro Alberto Cruz

-¿Por qué este título, 'El oledor de pretzels'?

-Un día de junio del año pasado estaba meando en los servicios de la Royal Academy de Londres. De repente, comencé a oler a pretzels. Me pareció tan demencial, tan alógico y, al mismo tiempo, tan sintomático de la situación lamentable en la que me encontraba que escribí de inmediato un poema, el que da título al libro.

-¿Quiénes son hoy los malaventurados?

-Aquellos que el sistema denomina 'sensibles'; los que sienten tanta empatía por lo que les rodea que sufren por cualquier cosa y se convierten en el hazmerreír de los demás; los que aman más allá de lo funcional y su amor se considera ridículo, un exceso; los que piensan libremente y no se atan a ningún determinismo ideológico; los que viven y después definen la vida; al contrario de lo que hace la gran mayoría, que define la vida antes de vivirla.

-¿Cuándo exclamó por última vez ¡aleluya!?

-La última vez fue cuando escribí uno de los poemas del libro en el que la utilizo como un mantra. Jamás pensé que pudiera decir o escribir '¡aleluya!'; esta palabra forma parte de un vocabulario lírico que no soporto, de una concepción del mundo ingenuamente feliz. Se ve que me estoy volviendo mayor y tengo las defensas bajas.

-¿Cuantas veces suele llorar al día?

-Varias. En pequeñas dosis. Para poderlo hacer en cualquier situación y sin que apenas se note. Para mí llorar es casi un acto de resistencia. Las lágrimas están mal vistas: son propias de nenazas, de débiles. Y yo nunca he aspirado a ser un héroe, ni un ejemplo de contención y racionalismo. Prefiero formar parte de los débiles, de los que viven a flor de piel.

-¿Con qué motivo lo hace, principalmente?

-Lloro porque llevo pegada la muerte a mi piel, al pecho, a la yema de los dedos. Todo lo que amamos constituye un equilibrio tan precario y efímero que no puedo dejar de tener la sensación a cada instante de que me alejo de lo que amo. En realidad, lloro porque no le encuentro sentido a nada. Vives y, de repente, todo se acabó. A la mierda.

Consignas

-¿Qué tiene usted de anormal?

-Espero tener de anormal todo o casi todo. El concepto de 'normalidad' vigente es tan estrecho, tan excluyente y violento que solo caben dentro de él el ejército de mediocres replicantes que repiten descerebradamente las consignas de su líder. Si la alternativa es ser raro o gilipollas: soy raro, muy raro, friki si me apuras.

-¿A qué batallas está apuntado?

-A la del animalismo, a la del feminismo, a la lucha contra la mediocridad, a la de la docencia como modo de transformación social; y a la de mi hijo, la única ideología digna que conozco.

-¿Para quién será su voto en las próximas elecciones?

-Voy a votar al Partido Animalista (PACMA). El otro día leí que un perro pastor fue persiguiendo por la autovía a un camión en el que iban sus ovejas. Las llevaban al matadero. ¿Recuerda un acto de humanidad como este en fechas recientes? Yo no. Nunca habrá bondad en el mundo mientras consideremos al resto de seres vivos como un mero decorado o acompañamiento a nuestra existencia.