David Pujante: «Estamos volviendo, tristemente, a una especie de Edad Media»

David Pujante, fotografiado ayer en La Manga del Mar Menor. / josé maría rodríguez / agm
David Pujante, fotografiado ayer en La Manga del Mar Menor. / josé maría rodríguez / agm

El poeta cartagenero presenta hoy en su ciudad, dentro del ciclo 'Leer, pensar, imaginar', 'Oráculo de tristezas'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Ayer, mientras paseaba por La Manga del Mar Menor arropado por un paraguas y un deseo satisfecho de calma y silencio, a punto estuvo David Pujante (Cartagena, 1953), poeta y catedrático de Teoría de la Literatura en la Universidad de Valladolid, de ver hacerse realidad estos sencillos versos de Francisco Brines que le encantan: «La luz se ha vuelto negra / y se ha borrado el mar». Autor de poemarios como 'Con el cuerpo del deseo' y 'Animales despiertos', Pujante presenta hoy en su ciudad, dentro de la programación del ciclo 'Leer, pensar, imaginar', su nuevo ensayo: 'Oráculo de tristezas. La melancolía en su historia cultural' (Xoroi Edicions, 2018).

Tome nota

Qué
Presentación de 'Oráculo de tristezas', de David Pujante.
Dónde y cuándo
Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, en Cartagena, a las 20.00 horas.

-¿Qué le resulta preocupante?

-Tengo alumnos de Filología Hispánica que se supone que deben ser lectores, ¿verdad? Pues no; leer, poco. La poesía, por ejemplo, dicen que no la entienden; y lo dicen así, tranquilamente, sin ningún empacho. Y cuando les preguntas sobre lo que leen, responden: «Lo que me obligan». Y muchas veces lo leen deprisa y corriendo, y en ocasiones en resúmenes. A mi edad, he llegado a la conclusión de que lo realmente importante, en una chica o un chico que estudie Filología, es aprender a leer, porque no saben leer y luego, claro, no saben explicarte lo que han leído. Y también aprender a hablar, porque tampoco saben. No tienen costumbre de desarrollar ni un tema, ni una idea. Fíjese qué cosas tan aparentemente sencillas. Yo me conformo a veces con eso; vamos, me conformo y me doy con un canto en los dientes. Qué importante es: leer, pensar, reflexionar, darte cuenta de lo que estás leyendo...; es básico.

«Tengo un amigo catalán que me dice que como comente algo que no le guste, me bloquea en WhatsApp. ¡Increíble!»

-¿De qué se está dando cuenta?

-De que estamos volviendo, tristemente, a una especie de Edad Media, a una Edad Media tecnológica en la que parece que, como tenemos ordenadores y teléfonos de última generación, estamos por encima de otras épocas, y no es verdad. El humanismo está perdiendo terreno de forma muy peligrosa, y ahí sí que habría que incidir, en la necesidad de una civilización más humanista.

-¿Qué recuerda?

-Mi padre, por ejemplo, era un obrero sin una gran cultura, pero también un gran amante de los libros que valoraba también mucho el que la gente hablase bien. Incluso el obrero que no había tenido acceso a la Universidad, tenía mucho interés en que sus hijos recibiesen una buena educación y tuviesen interés por aprender, por la cultura. El otro día, un niño, hijo de un amigo mío, le dijo a su padre cuando éste le manifestó su preocupación por el hecho de que no estudiase: «Es igual, cuando yo sea mayor, le echo un polvo a una famosa, salgo en la tele y ya no necesito más». ¿Qué le parece?

-Me parece que el niño tiene la autoestima altísima.

-[Risas] Sí, se piensa que va a ser un conde Lecquio. Me preocupa esta pérdida de capacidades con la que nos encontramos hoy para pensar, para situarnos en el mundo. Seneca no tenía ordenadores, y sin embargo fíjese las reflexiones que nos legó.

Comparación

-Y la sensibilidad, ¿peligra?

-La sensibilidad también se cultiva, y hoy hemos perdido la capacidad de sacrificio a la hora del aprendizaje. La sensibilidad se ha resentido, y ahora mismo está pervertida. No hay más que ver la cantidad de gente que se pasa horas y horas viendo programas del tipo de 'GH Vip' y cosas así. Y les gusta mucho. Lo que creo es que si fuesen capaces de apreciar otras cosas, seguramente, llegado el momento de la comparación, ya no les apeteciese tanto ver todo esto.

-¿Por qué le interesa tanto el tema de la melancolía?

-Es uno de los temas que ha ayudado a construir realmente el pensamiento y la sensibilidad de Occidente. La melancolía ya aparece como uno de los grandes problemas aristotélicos, relacionada siempre con la sensibilidad humana. Los grandes melancólicos siempre han sido artistas o destacados estrategas. Además, recuerde que desde hace mucho tiempo se dice que el carácter de los españoles es un carácter melancólico, fraguado en la época del Barroco español; época en la que se vive el gran esplendor de la gran pintura y la gran literatura españolas.

-¿Qué tiene de negativo y de positivo este carácter melancólico?

-De positivo, ese aspecto imaginativo y creador. Uno de los grandes melancólicos es Don Quijote, nada menos. Pero, por otra parte, lo negativo tiene que ver con lo irracional, porque la melancolía es irracional. Cuando nos llega la Ilustración francesa, que nos vino muy bien, lógicamente, España se convierte en un país moderno: con carreteras, con iluminación en las ciudades... En fin, toda la estructura moderna de España llega en el siglo XVIII; pero, ¿qué sucede, por ejemplo, en la literatura? Pues que es un siglo que no produce buenas obras. La Ilustración francesa trae la razón, pero elimina ese aspecto irracional tan nuestro. Hay unas palabras de Ortega que me resultan muy luminosas. Habla de que tenemos que aceptar nuestro centaurismo; de que por una parte tenemos que aceptar el aspecto racional, porque sino nos quedaríamos en la España mísera, terrible, de las supersticiones, de las magias y de toda esa cosa medieval; pero que, por otro lado, no deberíamos negar nuestro espíritu melancólico, irracional, imaginativo. Él decía que hay que unir esa fuerza africana imaginativa que tenemos con el pensamiento que viene de Alemania -Ortega era muy germánico [sonríe]- . Y creo que ahí está la clave, en no negar esa vitalidad tan nuestra, esa sangre caliente que siempre han admirado los demás, incluidos los románticos. Si eso lo supiésemos unir con un racionalismo europeo, sería estupendo. Ya le digo, lo que no podemos hacer es negarnos a nosotros mismos, que fue lo que pasó en el XVIII, cuando los grandes ilustrados imitaron lo francés y renegaron de nuestra parte 'africana'. El único que no renunció a lo español fue Goya. Se hizo ilustrado, pero ahí está el gran Goya imaginativo de las 'pinturas negras'.

-El peligro está en que, demostrado está, a veces terminamos matándonos entre nosotros.

-El peligro radica en que nos volvamos locos, claro. El miedo es a caer en el exceso, en la locura, tanto individual como social, y nosotros hemos padecido mucho ese exceso. Y todavía...; fíjese ahora en Cataluña, tanto que presumen allí de su sentido común catalán. Pero, ¡oiga usted!, parte de mi familia es catalana y, ahora mismo, no se hablan unos con otros. Es tremendo. Tengo un amigo catalán que me dice que como comente algo que no le guste, me bloquea en WhatsApp. ¡Increíble!, ¿pero qué me estás contando? Yo he estudiado en Barcelona, me he esforzado en aprender catalán, he sido un gran defensor de la cultura catalana. ¿Cómo que si no pienso como tú me bloqueas? Eso es lo negativo del carácter melancólico hispano, este elemento tan radicalmente pasional.

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