Emilio Calderón: «No tropezamos dos veces en la misma piedra, sino tres y cuatro»

El escritor Emilio Calderón. / nacho garcía / agm
El escritor Emilio Calderón. / nacho garcía / agm

Publica 'Los ojos con mucha noche', un drama basado en la dictadura militar argentina que presentó en Murcia junto al actor Julio Navarro

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

A Emilio Calderón (Málaga, 1960) le unen a Murcia sus raíces paternas; su padre y abuela nacieron en la Región, aunque él se crió en Málaga. Con el tiempo, se trasladó a Madrid, y allí vive desde hace décadas. Su mujer es de Lorca, y una de sus hijas también ha nacido en la Región. En Murcia, reconoce, se siente bien. Recientemente visitó la ciudad para presentar, en compañía del actor murciano Julio Navarro, su última novela, 'Los ojos con mucha noche' (Algaida, 2019), un 'thriller' basado en hechos reales con el que volverá, tras el paso del verano, a Cartagena, en concreto a su semana de literatura policíaca, y a Lorca.

Autor de, entre otros títulos, 'El mapa del creador', su primera obra para adultos -empezó escribiendo literatura infantil y juvenil-; 'El judío de Shanghái', XIII Premio de Novela Fernando Lara; y 'La bailarina y el inglés', finalista del Planeta en 2009, Calderón sitúa su última historia en la dictadura militar argentina para narrar el devenir de una familia española envuelta en el horror de la represión.

-Afirma usted que en esta novela narra una historia que nadie antes ha contado, ¿cuál?

-No es exactamente que nadie la haya contado, porque la novela tiene como trasfondo la dictadura militar argentina y hay muchos textos, incluso documentales y películas, que tratan este tema. Lo que aparece como elemento original es la incorporación de una familia española que tiene vínculos con este proceso político, un proceso que, a la larga va a ir destruyendo el tejido de ese núcleo familiar.

«Quería contar un mundo lleno de hipérboles donde el drama fuera palpable»

-¿Se trata de una historia real?

-Hay un gran componente de realidad, muchos personajes son reales, pero también hay ficción.

-¿Qué plantea?

-Mi idea inicial era escribir una tragedia griega contemporánea, pero es cuando descubro todo lo que ha ocurrido en Argentina cuando vislumbro que ahí hay una historia: no solo tenía el elemento político, sino también el humano. Quería contar un mundo lleno de hipérboles, marcadamente exagerado, y donde el drama fuera palpable y visible desde el primer momento. Y en ese sentido, esta familia va a vivir una serie de situaciones extremas.

-¿Cómo descubre su historia?

-A través del periodista Vicente Romero. Él, junto al juez Baltasar Garzón, elaboran en Argentina un documental que se llama 'El alma de los verdugos', y que luego transforman en un libro. Yo tuve la ocasión de conocer a Romero. Y fue él quien, durante una cena, me contó una pequeña historia que me hizo comprender la magnitud del drama humano que había detrás de esta dictadura. Me contó cómo una detenida que llevaba meses sin contacto alguno con el exterior, más que el que tenía con su verdugo, pedía a su torturador que le diese la mano antes de torturarla, buscando un poco de afecto, incluso en la persona que le estaba agrediendo. Aquello me pareció muy significativo y un gesto increíble que demuestra la complejidad del alma humana; la necesidad que todos tenemos de recibir afecto, de sentirnos seres humanos, y cuando nos despojan de esto, todo el castillo de naipes se derrumba. Esa anécdota es la que me pone sobre la pista de que quiero escribir acerca de ese periodo histórico y contar situaciones parecidas.

-Rescata la Historia a través de la literatura. ¿Es fundamental para no olvidarla?

-Lo es, sin duda. Desgraciadamente, la Historia tiende a repetirse. Se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y es así, pero no dos veces, sino tres y cuatro. Tendemos, quizá por una necesidad de supervivencia, a olvidar y, sin embargo, creo que ese reflejo de supervivencia debería mantenernos alerta ante ciertas situaciones.

Supervivencia

-¿Cómo son sus personajes?

-No hay ninguno bueno, pero siempre matizo que dentro de la maldad que puedan representar los personajes, hay una gama de grises; no es todo blanco y negro. El destino, las circunstancias, el medio... hay muchos elementos que determinan que uno vaya variando su comportamiento y que dentro de una persona buena anide también una mala. Una sociedad como la nuestra, estructurada y con ciertos índices de justicia, nos permite ser buenas personas, pero cuando esas circunstancias cambian, y uno tiene que luchar por la supervivencia de los suyos entra en juego ese alma oscura que en el fondo todos tenemos.

-¿Qué le interesa de la literatura?

-Empecé a escribir por una necesidad de contar cuentos, y pensé primero en los niños. Comencé a construir la casa por los cimientos, y cuando me sentí lo suficientemente maduro para dar un salto me pasé a la literatura juvenil. Luego di el salto a la novela para adultos. En mi caso ha sido un proceso natural, desde pequeño he tenido ese impulso de leer y de admirar aquello que leía. Hoy en día, además de ser mi oficio, escribir es una necesidad para mí.