Aurora Saura: «El tesón y las palabras son mis armas y no las rendiré»

La poeta cartagenera Aurora Saura, autora de la antología 'Avivar el fuego'. / enrique martínez bueso
La poeta cartagenera Aurora Saura, autora de la antología 'Avivar el fuego'. / enrique martínez bueso

La poeta cartagenera presenta hoy en su ciudad, en el marco del festival poético Deslinde, su obra 'Avivar el fuego (Poemas 1980-2017)'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Cuando yo muera, / que alguien pase sobre mi piel sus dedos; / que roce su existencia con la mía», dicen unos versos de 'Pequeña muerte', uno de los poemas de Aurora Saura (Cartagena, 1949), embarcados en su antología 'Avivar el fuego (Poemas 1980-2017)', publicada por Renacimiento y que hoy, en el marco del festival poético Deslinde, se presentará en la librería La Montaña Mágica de Cartagena; la cita, a las 19.30 horas.

El nuevo libro de la autora, a la que se deben otros títulos como 'Las horas' (1986) y 'Si tocamos la tierra' (2012), habla de olvidos, presagios, eternidad, pintura, afectos, naturaleza, consuelos... a partir de imágenes muy sencillas, emociones vivas y un aroma de amanecer en los campos y en los sueños que impregna todos los versos, en los que se presta atención a todos esos pequeños milagros de la vida: desde un dátil a los dedos de un niño, desde un cuadro de Vermeer a unas palmeras enmarañadas... Aurora Saura observa el mundo y sus desconciertos, sus criaturas y esa belleza invisible que encierran la música de Mozart y las pisadas de hombre rebelde que Albert Camus dejó en la Tierra, y sin prisas se deja enamorar por la poesía y, seducida por completo, se sienta en su escritorio a mimarla con sus palabras y con su tiempo.

Tome nota

Qué
Presentación, dentro del festival poético Deslinde, de 'Avivar el fuego' (Renacimiento), de Aurora Saura. Acompañan a la autora Natalia Carbajosa y Juan de Dios García.
Dónde y cuándo:
Librería La Montaña Mágica. Cartagena. Hoy, a las 19.30 horas.

-¿Cómo ha salido usted ilesa de sus propias 'noches oscuras'?

-He sobrevivido, pero no he salido ilesa, sino muy 'tocada', como suele decirse, sobre todo en estos últimos años. En cierto modo, todos somos supervivientes de algún daño, pues la alternativa es hundirse en la locura... Las 'noches oscuras' me han hecho más susceptible, menos capaz de dominarme, más frágil, en definitiva; me han enseñado una cara de mí que no me gusta, pero que tengo que aceptar. Es a esto a lo que llamo 'sobrevivir'. En un poema reciente, de una serie llamada por ahora 'Variaciones', he escrito: «He perdido la serenidad, /que era mi fuerza, /muchos amigos y casi / toda mi vida...».

-¿Qué valor le concede al olvido?

-Detesto el olvido. Este rechazo, tan arraigado en mí, atraviesa toda mi escritura, no tanto como nostalgia, aunque a veces la haya, sino como melancolía. No olvidar no significa necesariamente añorar, sino vivir como un 'continuum', en donde lo pasado, para bien o para mal, sigue siendo presente. No creo que haya un 'olvido necesario'. Por el contrario, al menos en lo que se refiere a la Historia, que nos concierne a todos, no tenemos derecho a olvidar. Y en cuanto a lo personal, precisamente para sobrevivir, hay una memoria que puede incluir el perdón y la asunción de la culpa, pero nunca el olvido. Otro de mis poemas recientes termina así: «Tengo que perdonarte / y perdonarme».

«Creo en lo que propone Albert Camus en 'El hombre rebelde': seamos luchadores y comprometidos tanto como podamos»

-¿Qué es para usted la eternidad?

-Desde luego, no es la 'Vida eterna' de muchas religiones, aunque es cierto que esas creencias nos han legado obras inmortales... La eternidad deseable no es «esa/ inmovilidad sin aristas» del poema de 'Si tocamos la tierra', sino la 'Eternidad' de la anémona que persiste en la memoria. Y una de las formas de esa eternidad es poder fijar impresiones y sentimientos que hemos vivido: dolor, alegría, amor, compasión... La eternidad se hace de momentos fugaces y sentimientos complejos que se hacen inmortales en el arte, pero no solo en él: Shakespeare, fuera quien fuese, es inmortal, Rembrandt y Bach son inmortales 'e tanti quanti'; pero también hay eternidad en los escritos anónimos, en los utensilios de hace miles de años, en las fotografías y las cartas con las que, ¡ay!, Internet casi ha acabado...

También es eterna la naturaleza en tanto exista la tierra, y lo es 'nuestra' naturaleza a través de los genes. Ahora sabemos que los Neandertales no se extinguieron totalmente, porque hubo cruce con los llamados Sapiens y la mayor parte de la población mundial porta en su ADN genes neandertales. A mí esto me parece fascinante; y, de paso, puede ayudar a abandonar la estúpida idea de la pureza racial... 'Elogio de la impureza de sangre' es el título de un poema que tengo a medio hacer.

-¿Qué presagios ha tenido y qué intuye que nos deparará el futuro?

-He tenido presagios, menores, diría yo, y a veces me asusta cuando se cumplen. Allá en el fondo, a lo mejor no tan en el fondo, hay una llamita de 'pensamiento mágico'... Pero el 'Presagio' del poema es más un aviso de lo que muchos creemos que está por venir; de hecho, está viniendo, con todas sus consecuencias de muerte y de dolor. Parece que el ser humano ha sido así para con otros desde siempre, solo que cada vez tiene más capacidad de destrucción y, por tanto, de expansión para dañar... Un paleontólogo ha dicho recientemente que «el ser humano, en conjunto, no ha avanzado nada desde las cavernas».

Evidentemente es una idea pesimista, pero no nos exime individualmente de responsabilidad. Creo firmemente en lo que propone Camus en 'El hombre rebelde': seamos luchadores y comprometidos tanto como podamos. Este es el final que he dado a otro poema reciente: 'El tesón y las palabras / son mis armas / y no las rendiré'.

Observar a los pájaros

-¿Por qué una tórtola como protagonista de un poema?

-Me atrae mucho observar a los pájaros. Las tórtolas vuelan en parejas y son monógamas. Si se ve una tórtola sola, está buscando a su pareja o la ha perdido definitivamente. La imagen del poema, como las de los demás, está construida sobre 'lo real', parte de una vivencia mía. Cada uno puede hacer su propia interpretación, como siempre. [El poema dice así: «En la locura de la mañana / de los vencejos / surge una tórtola sola, / ebria por un momento / de esta necesidad del grito / y del vuelo / compartidos».

-¿Qué recuerdos le traen los versos de 'Calblanque para Miguel'?

-Calblanque es uno de los pocos lugares aún vírgenes, o casi, de este territorio, como saben muchos. El poema parte de un día de verano, cuando estuvimos allí con mi nieto Miguel, con el que tengo mucha afinidad, siendo él muy pequeño. Calblanque aparece pobre, muy humilde, pero como tocado por una luz mágica, ancestral, y digno de ser 'tocado' por las palabras del niño. Quisiera que los que amen lugares como éste se identifiquen con el 'yo' que habla en el poema.

-¿Por qué este título: 'Avivar el fuego'?

-De mi infancia en Alicante, uno de los recuerdos más vívidos es el fuego de la chimenea que se encendía en Navidad. Para que esa magia no decayera, había que 'avivar el fuego', como saben todos los que se hayan reunido alrededor de una hoguera. Revisar poemas anteriores, incluso los no publicados, y seleccionar los que quería incluir en este libro, decidir cuáles añadía al final... Todo este proceso ha sido, es, 'avivar el fuego', un fuego que nació con las primeras palabras de aquella infancia y que espero mantener y trasmitir.

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