El sueño frustrado de Weimar

Fotograma de la película 'Metrópolis'. /
Fotograma de la película 'Metrópolis'.

Los historiadores recuerdan el experimento democrático alemán en el centenario de su Constitución

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Encajonada entre dos episodios dramáticos de la historia de Alemania y de la humanidad, la Primera Guerra Mundial y el ascenso de los nazis al poder, la República de Weimar fue un experimento político y cultural que un siglo después de su proclamación continúa siendo visto con asombro. El 31 de julio de 1919, en Weimar, la ciudad germana que le dio nombre, representantes de partidos socialdemócratas, católicos y liberales firmaron una Constitución que buscaba cerrar las heridas abiertas tras la derrota de Alemania en la contienda mundial. A esa república de bellos sueños que duró apenas quince años la sucedió la pesadilla del nazismo, pero su legado sigue fascinando a los historiadores.

«La Constitución de Weimar estableció las condiciones más democráticas bajo las que los alemanes habían vivido hasta el momento. Hombres y mujeres fueron declarados iguales ante la ley, se aprobó el sufragio universal, se legalizó a los sindicatos y la clase obrera vio reconocido el derecho a participar en la regulación salarial y laboral», explica Eric D. Weitz, profesor de Historia en el City College de Nueva York y autor del libro 'La Alemania de Weimar. Presagio y tragedia', publicado por Turner.

Weitz detalla cómo Weimar impulsó grandes cambios políticos que se «filtraron» a la sociedad y a la cultura alemanas. Así, fue un periodo en el que los programas sociales se extendieron por el país, se construyeron viviendas dignas, las clínicas públicas dispensaron una sanidad de mayor calidad, la homosexualidad comenzó a ser aceptada y hasta los judíos, pese a los brotes de antisemitismo, prosperaron como nunca lo habían hecho antes.

El ataque implacable de los nazis acabó con una república que, sin embargo, dejó un fértil legado en los campos de la filosofía y el arte

Pero la República de Weimar fue, sobre todo, un laboratorio para la explosión de la cultura de la modernidad, desgrana Weitz. El teatro, con Bertolt Brecht; los collages de John Heartfield y Hannah Höch, las novelas de Thomas Mann, las películas de Walter Ruttmann y Billy Wilder (o las legendarias 'Metrópolis', de Fritz Lang, o 'El gabinete del doctor Caligari', de Robert Wiene), las reflexiones filosóficas de Martin Heidegger o los extraordinarios edificios diseñados por Walter Gropius son «tan sólo algunos de los ejemplos del espíritu creativo que definió a Weimar», sostiene el autor.

Sobre Gropius acaba de publicar también Turner la biografía 'La vida del fundador de la Bauhaus', escrita por Fiona MacCarthy, y respecto a la expansión de la filosofía en la década de los 20 en Alemania resulta imprescindible la obra 'Tiempo de magos' (Taurus), del pensador y periodista alemán Wolfram Eilenberger, el relato de cómo confluyeron en el mismo periodo y en el mismo lugar cuatro gigantes de la filosofía como Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heiddeger y Ernst Cassirer. La gran paradoja, explica Eilenberger, es que los tres primeros se manifestaron en contra de la misma república que les permitía reflexionar libremente. «Eso nos muestra que una amplia mayoría de la élite cultural en Austria y Alemania no apoyaba la democracia», apunta Eilenberger. A su juicio, la República de Weimar es también la historia del pensamiento judío. «La llegada de los nazis acabó con una altura filosófica que Alemania ya no ha vuelto a alcanzar», resume.

'Viajeros en el Tercer Reich', de Julia Boyd, que en septiembre publicará Ático Historia, o 'Herencia de esta época' (Tecnos), de Ernst Bloch, son dos libros que tratan de responder a la pregunta más trágica: ¿por qué se hundió la república? La hiperinflación y la crisis económica fueron factores clave. «Y sin olvidar que también los comunistas trataron de enterrar la república, el peligro más grave siempre lo planteó la derecha», sostiene Eric D. Weitz, que cree que Weimar «hubo de enfrentarse al ataque sistemático e implacable tanto de los conservadores a la antigua usanza como del enérgico partido nazi». «En última instancia, los nazis lograron reunir a todas las fuerzas que despreciaban la democracia y el socialismo y sus ataques minaron la resistencia de la República de modo que hasta sus defensores se encontraban hastiados por la incesante hostilidad de sus enemigos y por su propia incapacidad de dominar otro cúmulo de crisis políticas y económicas», asevera.

Como todos los grandes acontecimientos, la República de Weimar ofrece enseñanzas válidas para cualquier momento histórico. En su caso, «evoca las grandes dificultades que pueden surgir cuando en una sociedad no hay consenso para mirar al futuro y cualquier diferencia, por nimia que sea, desencadena enfrentamientos políticos entre ciudadanos (...) Weimar constituye un excelente ejemplo de la fragilidad de la democracia y una señal de alarma para el momento actual», concluye Eric D. Weitz.