Catalina González Vilar: «Sabemos muy poco de lo que nos rodea»

La escritora alicantina Catalina González Vilar. /
La escritora alicantina Catalina González Vilar.

La autora, finalista del Premio Hache, visita mañana y el jueves la ciudad portuaria con 'Las lágrimas de Naraguyá'

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

«Florencio Méndez -se lee en la contraportada del libro 'Las lágrimas de Naraguyá' (colección Gran Angular de SM)- acaba de cruzar el Atlántico y se adentra en la selva en busca de la 'Flamigera carnivora', una planta tan interesante como letal. Allí -continúa el relato- conoce a Antonio Kürst, un buscador de meteoritos que persigue unos fragmentos de estrella llamados 'las lágrimas de Naraguyá'. Juntos descubrirán que ambas cosas tienen mucho que ver, y que a veces lo más sensato es creer en la magia». La historia discurre de la mano de Catalina González Vilar (Alicante, 1976), segunda autora finalista del Premio Hache de Novela Infantil y Juvenil -incluido en el Proyecto Mandarache- que visita Cartagena este curso. Lo hará mañana miércoles para reunirse con centenares de alumnos de Secundaria en el Paraninfo de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT). El jueves mantendrá otros dos encuentros con estudiantes en el Colegio La Vaguada y en la Fundación Caja Mediterráneo, también en Cartagena. Con todos ellos hablará de su novela 'Las lágrimas de Naraguyá'. 'Prímula Prim', 'Míster Black', 'Teo Muchosdedos' y 'Dentro de tu armario' son otros títulos que figuran en la mochila literaria de González, ganadora en 2012 del premio Barco de Vapor con 'El secreto del huevo azul'.

-¿Quién es Naraguyá?

-Una diosa que llora lágrimas de fuego porque uno de sus hijos muere a manos de los indios. Es una leyenda inventada totalmente por mí alrededor de la cual gira la historia. En ella, hay un personaje que persigue esta leyenda; es un buscador de meteoritos y será el guía de la aventura.

«Vamos a ciegas en este mundo tan tecnológico; y hay quien dice que saberlo todo hace que se pierda el encanto»

-¿Cómo se adentró en esta historia?

-Durante un viaje que hace años hice al Amazonas. Nos alojamos en un campamento, en casitas, y estar allí, enmedio de toda aquella naturaleza, me hizo tener ganas de escribir un libro alrededor de ese ambiente. Luego, en las novelas, muchas veces se funden piezas distintas, y yo hacía poco que había estado en una exposición sobre cazadores de meteoritos, así que fusioné las dos experiencias.

-¿Qué le impresionó a usted del Amazonas?

-Me gustó mucho. Estábamos en Perú, y en un principio no teníamos previsto ir a la selva, pero hubo un cambio de planes. A veces, lo inesperado, te sorprende más. Todos hemos crecido con la idea del Amazonas como el paraíso primigenio, es verdad que con cierto peligro, pero cuando estás allí no dejas de ser un turista y la situación está muy controlada. A pesar de eso, te llega mucho la belleza de la naturaleza, la tranquilidad, la calma, los ritmos que hay allí... Es muy espectacular. Cuando escribes una novela te sumerges en un mundo que te gusta, y cuando escribía esta, sentía que alargaba ese viaje por la selva.

-¿A usted le pareció el paraíso?

-Sí, en el sentido de poder disfrutar de una naturaleza que no ha sido tan arrasada por el hombre. Es relajante mirar el horizonte y no encontrar nada hecho por el ser humano: ni una carretera, ni un poste de luz... Pero, evidentemente, vivir allí debe ser difícil.

«Es relajante mirar el horizonte y no encontrar nada hecho por el ser humano: ni un poste de luz, ni una carretera...»

Aventura

-¿A qué invita su novela?

-A disfrutar de la lectura y de la sensación de aventura. Es una novela de aventuras con un corte clásico, y creo que dejarte llevar por ella es un placer. Habla también de la amistad, del valor, del amor por el conocimiento y por descubrir... Floren, uno de los protagonistas, es un científico al que le interesan las plantas. Tiene esa curiosidad por el mundo que le rodea y le lleva a la aventura.

-¿La vida es una aventura?

-Sí, totalmente, y como en todas las aventuras, hay tramos por los que no deseas pasar, pero también otros que disfrutas enormemente y que te sorprenden. No hay que perder ese espíritu de atreverse a probar. Las aventuras solo empiezan cuando te atreves a dar un paso un poco más allá de tu zona conocida, y eso es lo que hacen los personajes.

-¿Y la escritura, también lo es?

-Sí, tiene que serlo. Si dejara de ser una aventura, perdería sentido. Hay que buscar el espíritu de aventura también en la escritura, y recordarte a ti misma que no puedes volver a hacer el camino que ya has recorrido, sino que tienes que buscar algo distinto, aunque dé miedo.

-¿Qué le atrapa de la literatura?

-Como lectora, el puro placer de leer y la compañía. En los libros encuentro un diálogo constante a muchos niveles; te ofrecen la posibilidad de conversar de una manera tranquila y de forma meditada con mucha gente, y lo siento así, como una conversación en marcha a través de los años. Y como escritora, disfruto mucho. Para algunos, escribir es un tormento, y es cierto que a veces te atascas y no sabes exactamente por dónde quieres ir, pero a mí me produce mucha alegría; me hace sentir que estoy haciendo eso que sé hacer bien, y que es importante como armazón de la vida que he ido construyendo. También me ayuda a pensar mejor y de forma más ordenada.

-«A veces lo más sensato es creer en la magia», ¿cuándo?

-Bueno, esa frase no es mía. La pusieron los editores porque en la novela hay esa dualidad entre el mundo de la selva, los indígenas y sus creencias, y la visión de los dos protagonistas, que es más científica, de amor al conocimiento, a la verdad, a comprender y a descubrir. Hay muchas formas de entender el tema de la magia, creo que es algo que tenemos que cultivar y cuidar, pero a la vez soy muy fan de la ciencia. Sabemos demasiado poco de lo que nos rodea; vamos a ciegas en este mundo tan tecnológico, y hay quien dice que saberlo todo hace que se pierda el encanto, pero yo creo que lo que descubres al intentar comprender las cosas es maravilloso.

-¿Qué le gustaría encontrar estos días en Cartagena?

-Lectores. Tengo ganas. Desde el principio notas que [desde la organización del certamen] te hacen un acompañamiento que te lo facilita todo mucho y, por lo que me han contado otros compañeros, hay un ambiente muy relajado y muy cercano. Y bueno, poder hablar con otros lectores apasionados, y encima de mi trabajo, poder contarles cómo lo vivo, es un placer.

-¿Ganar este premio por qué le haría ilusión?

-Sé que es un tópico, pero solo ir ya es una gozada. Si me dan el premio sería una gran alegría, porque significaría que a una gran cantidad de chavales les ha gustado el libro. De todos modos, sé que está gustando mucho, y tampoco tiene más importancia que gane uno u otro; al final no todos los libros son para todos.