«Prohibido contar estrellas mirando al techo de tu casa»

El poeta cartagenero Juan de Dios García. / E. Martínez Bueso
El poeta cartagenero Juan de Dios García. / E. Martínez Bueso

El Instituto Sinaloense de Cultura de México publica 'Matad al jardinero', recopilatorio de los mejores versos del poeta cartagenero Juan de Dios García

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

A Juan de Dios García, cartagenero nacido en 1975 al que le gustaría convertirse, a veces, «en un poema entre la multitud», le sucede que cuando advierte la llegada de una preocupación en forma de desgracia, «la imagen que me viene es la del Ártico: frío ante la adversidad». Frío al que combatir. 'Ártico', precisamente, se titula uno de sus poemarios más celebrados, publicado en 2014 y del que forman parte algunos de los poemas incluidos en 'Matad al jardinero', el recopilatorio que le ha publicado en México el Instituto Sinaloense de Cultura en su catálogo literario Serie Ex Libris. 'Matad al jardinero', cuentan sus editores, «es un libro recopilatorio de un poeta contemporáneo en constante crecimiento». Un libro que se une «al catálogo de la Serie Ex Libris con la intención de tender puentes entre las poéticas mexicanas y las universales», y que incluye versos de otros libros del poeta cartagenero como 'Nómada' (2008) y 'Un fotógrafo ciego' (2017).

'Matad al jardinero'

Autor
Juan de Dios García.
Género
Poesía
Edita
Instituto Sinaloense de Cultura. México.
Páginas
62
Imagen de portada
'Medusa', obra de Omar Sicarios. Grabado en madera y vinilo.
Prólogo
Eduardo Ruiz Sosa.

«Una mujer hace temblar el marfil de negros y blancos. / La exaltación de Schumann en la cima de Selva Negra. / La nieve en el piano de cola'. / He querido morir en un sueño así», dicen los versos rescatados de otro poemario suyo, 'Condenados en la hoguera' (2006), con los que arranca 'Matad al jardinero'. Un libro hermoso de un autor al que le seduce la idea de poder «avanzar a ciegas abriéndose paso a través del pecho, preguntar cómo se llega a ninguna parte, hablar tanto que ya no se sienta lo que se dice, y ser muy joven para morir viejo».

Fíjense: desear, acariciar, desaparecer...; he aquí tres planes que le resultan inquietantes a Juan de Dios García, devoto de Borges y de Camus, músico frustrado, padre desde muy joven por vocación, profesor de Lengua y Literatura, y rastreador de huellas de la libertad y la felicidad, que defiende a capa y espada pero negándose tajante al uso de cualquier violencia. «Prohibido guardar deseos en el bolsillo», ha escrito. También: «Prohibido contar estrellas mirando al techo de tu casa». Ah, y esto otro: «Prohibido clavar mariposas en el corcho».

«Juan de Dios García construye un libro para que el lector se quede a vivir dentro», destaca en su prólogo Eduardo Ruiz Sosa

Desear, acariciar, desaparecer...; he aquí tres planes que le resultan inquietantes a este devoto cartagenero de Borges y de Camus

«Aquí, en 'Matad al jardinero'», escribe Eduardo Ruiz Sosa en el prólogo de esta obra, «Juan de Dios García construye un libro para que el lector se quede a vivir dentro: un recorrido por la obra de un poeta joven». «Juan de Dios García», añade, «es un escritor que ejerce dos de las más importantes virtudes de los poetas: versos precisos, dados, como diría Eugenio Montejo, que le otorgan cuerpo asible al corazón de la nada; y un pulso narrativo que hace del poema un ejercicio biográfico, de bitácora, una suerte de sastrería donde el lector encuentra su mortaja, sus pantuflas, su camisa, su soga al cuello, sus piedras de reposo».

«El hombre que se mira demasiado / en el espejo está buscando muertos», escribió el poeta en el dístico titulado 'I'll be your mirror'. En estos versos y en otros similares, que ya aparecen en sus primeros libros, cree Ruiz Sosa que Juan de Dios García «asienta la voluntad de lograr ese pulso que da cuerpo a los fenómenos intangibles, ese filo sin sosiego del que hablaba Roberto Juarroz: «No tiene rumbo la vida, / lo tengo yo». Ruiz Sosa dice sentir con la poesía del cartagenero «un respiro», y el deseo de hacerle caso cuando este nos invita a tener «las puertas siempre abiertas, por favor».

Y a propósito de las heridas, que en el caso de Juan de Dios García han llegado a su vida en forma de muerte de seres queridos, Ruiz Sosa destaca que en su poesía hay otra forma de comprender esta huella dolorosa: «La herida es la biografía del herido, entendiendo que 'herirse' es vivir, no solamente el estigma de una experiencia asociada al dolor, sino el resultado de cualquier acontecimiento que nos sucede y cuyo influjo pasa por el filtro del lenguaje, por la asimilación sesuda y emocional de los hechos».

Sex Pistols canta que «somos las flores en la papelera. Somos el futuro. Tu futuro». Pero somos también la muerte a punto de llegar. Es inevitable que un día nos resulte ya imposible disfrutar del aroma de la vainilla, la cúrcuma y el laurel, por los que el poeta siente debilidad. Y, por cierto, ¿qué será hoy de Silvia, que aquella mañana en la que se enteró de la muerte de David Bowie llenó de lágrimas su limpiacristales, y a la que Juan de Dios García le dedicó su poema '¿Dónde estabas tú?'.

Muy fría

Hay cosas sencillas que provocan un gran placer. En el caso de Juan de Dios García, por ejemplo, quedar con su amigo Natxo para comentar juntos «toda la discografía de Andrés Calamaro frente a dos enormes jarras de cerveza muy fría». Hay que echarle unas gotas de un buen jerez a la vida para que esta no se salga con la suya cuando se empeña en aguarte la fiesta. A él, la vida le disparó un tiro en el corazón en agosto de 2013 cuando dos amigos suyos, Lola Fernández y Juan Salvador Asensio, murieron en un accidente de tráfico durante un anhelado viaje a África. «Un camión segó sus vidas dejando sus espíritus caminando eternamente hacia Mombasa», recuerda. A ellos les dedicó el poema 'Fracaso', inspirado en una leyenda oral africana: «Cuando vuelven del frente, los guerreros masái / ya no pueden amar a sus esposas. / Ellas piden al brujo que los sane, / que busque entre sus drogas acertijos / para que recuperen la alegría. / Tras meses cultivando soluciones, / cavilando metáforas incógnitas, / no consigue hacer nada por salvarlos / y ellas salen llorando de la choza». Pero, pese a todo, tiene claro el poeta que «sería injusto protestar por el trato que he recibido de la vida hasta ahora. Ha sido maravilloso».