Antonio Garrigues: «No podemos dejar que el populismo nos dirija»

Antonio Garrigues Walker (Madrid, 1934). / juanjo martín
Antonio Garrigues Walker (Madrid, 1934). / juanjo martín

El próximo miércoles presenta en Las Claras de Cajamurcia su 'Manual para vivir en la era de la incertidumbre', donde da claves para afrontar el malestar social global

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

«El optimismo escéptico no requiere la fabulación inocente, sino una dosis de realismo extremo entre tanto ruido confuso». Lo dice el jurista Antonio Garrigues Walker (Madrid, 1934), un «optimista escéptico» con una fascinante mirada panorámica sobre la sociedad civil global, víctima de la euforia tecnológica y digital y fábrica de nuevas frustraciones. En 'Manual para vivir en la era de la incertidumbre' (Ediciones Deusto, 2018) recoge una amplia muestra de su pensamiento, un análisis contundente de esta época de perturbaciones y sobresaltos, siempre con una perspectiva esperanzadora «a poco que miremos más allá de la inercia emocional de estos años de cambio». El próximo miércoles, a las 13 horas, en el Centro Cultural Las Claras, espacio gestionado por la Fundación Cajamurcia, Garrigues Walker hablará del mundo de ayer y del de hoy, en un acto en el que será presentado por el director de 'La Verdad', Alberto Aguirre de Cárcer. Pese al malestar global, el ensayista y filántropo -presidente de honor de la Fundación Garrigues y del comité español de Acnur- desgrana todas las razones para no decaer.

-En este ensayo aporta las claves «para aclarar un poco la niebla que no nos permite ver con perspectiva» en un momento de cambios vertiginosos que dejan daños colaterales y «producen angustia incluso en los que más se benefician de ellos».

-Es un libro que he trabajado mucho y en el que me ha ayudado mucho también Antonio García Maldonado, y lo digo porque es que a mí me parece incorrecto que si alguien te ayuda no lo reconozcas, esto es una cosa extraña que hace la gente.

«La comunidad científica debería hacernos el favor de bajar a nuestra altura y explicarnos lo que hace y por qué lo está haciendo»

-Analiza las causas y manifestaciones del malestar en la globalización y acaba haciendo una arenga casi salvífica: «Desechemos la resignación».

-Sí, es lo que nos pasa a todos los humanos, que tenemos una visión doble. Por un lado, unas veces vemos el vaso lleno, y otras medio vacío. Y en este sentido, yo tengo una tendencia a la positividad, y, sobre todo, una fe tremenda en la ciudadanía. Porque a lo largo de la historia se ha ido adaptanto de una manera admirable a los cambios, que siempre digo que están llenos de oportunidades.

-¿Cómo se enfrenta a esta revolución actual tecnológica y digital?

-Lo que estoy haciendo ahora es estudiar, en colaboración con la Fundación Garrigues, todos esos fenómenos nuevos de inteligencia artificial: la robótica, la nanotecnología, la neurociencia... Creo que la gente no los conoce bien, y la comunidad científica debería hacernos el favor de bajar a nuestra altura y explicarnos lo que están haciendo, y de paso también, por qué lo están haciendo.

-Incluye la soledad entre las nuevas epidemias y la describe como «una lacra que ceba el malestar».

-Ese sí que es un problemón, cada vez más importante, sobre todo en el mundo anglosajón. El otro día leí que hay ancianos japoneses que roban mercancía para que les lleven a la cárcel y puedan estar con otra gente y tener capacidad de comunicación, porque hay gente que a determinada edad se queda absolutamente sola. La soledad está unida a la depresión, y los datos que hay en el mundo occidental deberían hacernos pensar que hay algo profundamente equivovado que no está bien. No podemos tolerar que este sea uno de los problemas del mundo occidental actual. Ojalá que seamos capaces de pensar en fórmulas, pues es un tema que afecta gravemente a la dignidad humana.

-El «descuido de las humanidades» en el universo tecnologizado, ¿cómo influye?

-Este es un tema que ya tenemos que superar definitivamente a nivel educativo: la separación entre ciencia y derecho. Uno ya no puede aceptar esa distinción. Hay que estudiar ciencias y estudiar letras. Un chico joven que salga del proceso escolar sin saber nada de lo que está pasando en el mundo tecnológico y científico, dos ejes claves de nuestra existencia, es una persona mal formada. Por eso creo que hay que afrontar el asunto.

«No podemos tolerar que este sea un problema en el mundo occidental»

-¿Cómo es posible en esta España cada vez más enfrentada recuperar el sentido de comunidad?

-España no es el único mal ejemplo. Tenemos que entender que estamos radicalizando todos los comportamientos, y la democracia no consiste en que estemos todos de acuerdo, eso no puede ser, pero lo que sí puede ser es convivir en desacuerdo. Y el que no entienda que hay que dialogar, no entiende la democracia. Estamos viendo cómo en política y en otras áreas se está generando una radicalización tremenda.

-¿Está convencido de que todas las revoluciones crean monstruos?

-Sí, todas. Incluida la revolución mediática. Pero, al final, lo que digo es que también sabremos manejarlos. Aquí estamos para aceptar que no estamos en un mundo idílico, sino lleno de problemas, y nos pagan para afrontarlos. Lo primero es aceptar que lo tenemos, porque si no no tienen curación. Intentar evitarlos es absolutamente inútil. Solo con afrontarlos y darles la cara como hay que darles la cara se arreglan. Hay que seguir operando con incertidumbre, sin saber lo que va a pasar. El 'Libro del Eclesiastés', que es un texto bíblico que a mí me emociona, dice que por mucho que el futuro sea previsible, no dejéis de hacer lo que pensáis que tenéis que hacer. Yo digo lo mismo.

-Dice que a veces la sociedad ve a los medios «como parte del poder y no como su fiscalizador». ¿Estamos a tiempo de recuperar la credibilidad entre tantas 'fake news'?

-Siempre tiene que haber alguna fórmula para recuperar la confianza. No solo los medios, sino todos los estamentos, en la abogacía, la medicina o la arquitectura, en todos se producen fenómenos especiales, y cada estamento debe analizar cuál es su papel ahora en la sociedad. Y los medios de comunicación tienen que hacer esa misma reflexión, porque en una sociedad cambiante, ¿los medios pueden tener los mismos tics que han tenido siempre y las mismas tendencias o reflejos? Pues yo creo que no. Hay que adaptarse a las nuevas realidades actuando con honradez, con ética y con seriedad. Es lo que tienen que plantearse todos, es un ejercicio que hay que hacer.

-Hace referencia a la falta de rigor en el análisis de los síntomas que provocaron la crisis económica.

-El mundo occidental, a excepción de Japón, está dominado por el populismo, y la gente lo que hace es descalificar al populismo, y yo digo que la culpa la tenemos los no populistas, por no ser capaces de ofrecer alternativas a los simplismos que hacen los populistas. En Estados Unidos, el Partido Demócrata se limita a descalificar a Trump, que puede ser fácil y hasta divertido, pero además de descalificar a Trump, algo que le ayuda a mantenerse en el poder, lo que deberían hacer es ofrecer a la ciudadanía americana una alternativa distinta, mejor, y darle a los ciudadanos un sentido de esperanza y de futuro. La clase media americana gana ahora menos que hace 10 años, y si eso es así mucha fe en el sistema no puedo tener. Si tanto se pone en cuestión el modelo de democracia liberal y el modelo económico, estamos en un futuro en el que las expectativas no son muy grandes. Espero que la sensibilidad esté cambiando, y nos demos cuenta todos del peligro que tendríamos al perder libertad política y económica.

«Creer que la revolución feminista ha llegado a su punto límite sería un error tremendo, porque todavía tiene que tener avances espectaculares en cuanto al protagonismo social»

-Habla de sociedades asustadas y replegadas en sus refugios identitarios, y de la vuelta del nacionalismo con un agravante populista, no solo en China, sino en España.

-Lo que está pasando con el Brexit demuestra cómo la radicalización divide a la sociedad y cómo se generan situaciones incontrolables. Eso se ve en Gran Bretaña y en muchos sitios. No podemos dejar que el populismo nos dirija. Yo menciono dos causas básicas: el miedo a la inmigración no controlada, que se ha convertido en un factor político de importancia, y la desigualdad económica. O miramos esto, o vamos a ir a una época donde los conflictos pueden llegar a niveles críticos.

-¿De qué se siente más orgulloso?

-Ya estoy en la prórroga de mi vida, la edad promedio en España es de 83 años y yo tengo ya 84. Acepto que he vivido, que sigo viviendo, y sigo comprometido con la sociedad, con los amigos, y con mis colegas profesionales. Intentar ser lo más activo que pueda ser, y a ver qué pasa estos años. Me cuesta enorgullecerme de algo, porque los méritos son muy pequeños y las culpas muy grandes.

-¿Qué está por ver?

-Creer que esa revolución feminista ha llegado a su punto límite sería un tremendo error, porque el feminismo todavía tiene que tener avances espectaculares en cuanto al protagonismo en la sociedad.

 

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