«Perseguimos una promesa de felicidad que es meramente publicitaria»

Lola López Mondéjar, fotografiada el pasado jueves en Murcia. /En rique Martínez Bueso.
Lola López Mondéjar, fotografiada el pasado jueves en Murcia. / En rique Martínez Bueso.

Presenta el jueves en Murcia 'Qué mundo tan maravilloso', once relatos plagados de viajes a lugares bellísimos y de personajes vulnerables

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Imagíneselo: «Navegaban a gran velocidad, sorteando troncos medio sumergidos, esquivando bajíos, guiándose, según les aseguraron, por la sombra de los árboles que la luna proyectaba sobre el agua. Un descuido y volcarían, pensó temerosa Miriam y, aunque espantó de nuevo su miedo, cogió las manos de sus hijos, sentados uno a cada lado, y cantó». Cantó 'Beleza pura', ese viejo tema de Caetano Veloso, la protagonista de 'Hay delfines rosas en el Amazonas', uno de los once relatos que pueden disfrutarse en 'Qué mundo tan maravilloso' (Páginas de Espuma), el nuevo libro de la psicoanalista y escritora Lola López Mondéjar (Murcia, 1958). La autora, que sabe bien de la importancia de no menospreciar las lágrimas y del valor de plantarle cara al miedo, recomienda leer las historias que habitan en este libro, que será presentado el jueves en Murcia -en el Museo Ramón Gaya, a las 20.00 horas-, «como una coreografía, como una ballet contemporáneo cuya música de fondo sería la famosa canción de Louis Armstrong 'What a wonderful world', que conocimos en nuestra juventud más tierna».

Sí, en efecto, «el título es una ironía, pero también una enorme verdad. Nuestro mundo físico es maravilloso, la vida lo es, a pesar de toda nuestra torpeza. Y de nuestros errores, con optimismo irrenunciable, nos resta aprender y rebelarnos». 'Qué mundo tan maravilloso', plagado de viajes a lugares bellísimos, que la autora ha tenido la oportunidad de sentir en carne propia, nos acerca a unos personajes «vulnerables, dubitativos y amenazados por la fragilidad del mundo, de los otros y de ellos mismos». Experiencias humanas que, igualmente, también ha tenido la oportunidad de sentir en carne propia.

«La comida vietnamita era deliciosa», cuenta durante la entrevista Lola López Mondéjar hablando de su viaje a Vietnam. Curioso, lo mismo dice la protagonista del relato 'Una nueva oportunidad', en el que una relación de pareja sirve para dejar trágicamente clara la diferencia que existe «entre la apariencia y la verdad, entre el exterior y el esqueleto de las ballenas». «Las relaciones humanas», indica la autora, «se construyen desde la exterioridad, desde la opacidad de cada uno de nosotros, de ahí que estén plagadas de malentendidos. De ahí que la amenaza esté dentro».

«Los lazos afectivos son los que nos pueden proporcionar la alegría. Cuando tú sientes que al otro lo quieres, eso es muy valioso»

-Dice usted que no hemos sabido cuidar la Tierra, y que nuestra especie ha conquistado sobrecogedoras cimas artísticas y, al mismo tiempo, descendido a los infiernos más crueles. ¿Cómo estamos ahora?

-Mal, hemos perdido todo sentido crítico. Hay que seguir luchando, por supuesto, pero sabiendo que esto no parece tener solución.

-¿Y la gente joven?

-Los jóvenes están influenciados por el hecho de que lo que se privilegia hoy es un tipo de individuo que es muy afín al capitalismo. Y eso conlleva ser cada vez más pragmático, mucho más tecnológico y mucho menos humanista. Ellos luchan por la supervivencia en una sociedad cada vez más perversa, en la que se valora más un curso de informática que de filosofía. Y los que son críticos con el sistema se quedan fuera, con lo cual también tienen que participar. Quedarte fuera del sistema supone morirte de hambre.

-¿Cómo es el sistema del que habla usted?

-Es un sistema amoral, y el sujeto afín a ese sistema lo es también. El que es más afín es el psicópata, que no tiene sentimiento de culpa y que usa a los otros en función de sus propios intereses en todos los órdenes, tanto en el afectivo como en el profesional; ese es el triunfador. De hecho, la corrupción es un síntoma sistémico también. El corrupto es alguien amoral que no concibe que el dinero no es suyo o que lleva a cabo unas prácticas amparadas en el todo vale.

-¿Qué nos está pasando?

-No nos interesa el conocimiento, el saber más, el instruirnos. Y eso sucede porque cuando se toma conciencia del desconocimiento, este desconocimiento nos angustia, es una fuente de angustia; no queremos ser conscientes de lo poco que sabemos. Hubo otras generaciones que, como tenían el saber como un ideal, porque eran generaciones ilustradas -hoy, todos los valores ilustrados han sido dinamitados-, toleraban bien la tensión que conlleva el aprender. Pero como ahora mismo ese ideal no existe, ¿esa tensión para qué la vas a tolerar?

«Nos relacionamos con los demás como si también fuesen objetos de usar y tirar a nuestro capricho»

-¿Y entonces?

-El problema es que estamos en un mundo que cada vez es más complejo, más interactivo y más globalizado, mientras que los instrumentos que se le están dando a la gente para analizar ese mundo son de una banalidad extrema. Y el resultado, como le decía antes, es que no hay pensamiento crítico alguno.

Población inmigrante

-¿Por qué están triunfando los populismos?

-Porque reducen la complejidad a mensajes muy simples. «Que vienen los inmigrantes, ¡peligro!», por ejemplo, cuando eso es mentira porque Europa está envejeciendo a pasos agigantados y necesita de esa población inmigrante. Pero ese mensaje sencillo de «¡cuidado con ellos, son peligrosos!», se convierte en un mantra y no se somete al más mínimo análisis. Algo similar ocurre con los nacionalismos. Dice Nietzsche que aquel que para ser quien es tiene que hacerlo en contra de un otro, de un 'enemigo', es un hombre débil. Y nuestra sociedad, ahora mismo, es una sociedad muy débil. Y, por tanto, una sociedad llena de peligros en la que, además, la ejemplaridad que se les debía exigir a los políticos ha desaparecido. Se ha perdido toda la vergüenza y se ha instalado el ¡sálvese quien pueda! Es un mundo de mediocres, porque nos dedicamos solo a perseguir un ideal de felicidad que es falso, una promesa de felicidad que es meramente publicitaria. Se te dice que puedes ser feliz con los bienes de consumo, y eso es todo. Incluso nos relacionamos con los otros como si también fuesen objetos de usar y tirar a nuestro capricho.

-¿Y qué hacer si no quieres participar en todo esto?

-Pues mire, yo pienso que las personas que no quieren participar de toda esta locura imperante, por generación o por formación, lo que buscan en un principio es el aislamiento. Eso es lo que a mí me pasó justo antes de escribir 'Qué mundo tan maravilloso'. Venía de pasar dos años en los que no quería estar con la gente porque me parecía todo molesto, todo tenía aristas. Pero me di cuenta de que esa salida no es acertada. Creo que hay que volver al lazo social, a los lazos afectivos que se cuidan y se sostienen en el tiempo. Los lazos afectivos son los que nos pueden proporcionar la alegría. Cuando tú sientes que al otro lo quieres, eso es muy valioso. A pesar de todo, somos interdependientes. Somos vulnerables y tenemos que reconocerlo. Creo que en este mundo hostil, que tiene unos niveles de incertidumbre y de agresividad en el propio sistema que desborda a los sujetos humanos, la manera errónea que ha encontrado mucha gente de defenderse es creando un falso ser invulnerable y estando siempre a la defensiva, actuar motivado por la creencia de que tú eres fuerte y por el deseo de no ser dañado. Y para mantenerlos, no hay que pensar, no hay que ser reflexivo. Por otro lado, están los que no pueden hacer eso y caen en la depresión. Estamos ahí: entre los supuestos invulnerables medio psicópatas, los que se deprimen, y los invertebrados, que son los que no tienen un eje moral y pueden navegar en todas las aguas. Ellos son los más adaptados. Y luego, somos también muchos los que estamos incómodos. De hecho, están aumentando mucho los suicidios y abundan cada vez más las sectas y las alternativas esotéricas, que son respuestas a un sistema que fracasa. Y casi todos nos olvidamos de que dejamos rastro con cada una de nuestras acciones. No, no somos invulnerables. 'Qué mundo tan maravilloso' es un libro a favor de los vínculos con los otros. Por más que nos dañen y nos defrauden, la solución individualista te lleva a más dolor. Una vez que ya sabes quién eres y cómo eres de fragmentario y de vulnerable, acercarte a los otros es la única respuesta.

-¿Qué tal está siendo la respuesta de los lectores?

-No esperaba que les gustase tanto, porque es un libro que trata aspectos de lo humano que no son agradables de reconocer: la mezquindad, la desconfianza, el fracaso en la educación en los hijos, las vicisitudes del amor... Y, sin embargo, me he dado cuenta de que la gente está deseosa de reconocer lo que le pasa, lo que vive. Intuye su complejidad, lo que sucede es que el sistema la clausura. Agradecen un texto que te permita hacerte muchas preguntas.

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