Marta Zafrilla: «La perfección no existe»

La escritora Marta Zafrilla, con su libro 'Las camisetas no somos servilletas'. / Guillermo Carrión / AGM
La escritora Marta Zafrilla, con su libro 'Las camisetas no somos servilletas'. / Guillermo Carrión / AGM

La autora murciana presenta el jueves en Molina de Segura su libro 'Las camisetas no somos servilletas', premiado en Nueva York

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

El nuevo libro de la escritora murciana Marta Zafrilla (1982) nació, cuenta su autora, a partir de «varias de las rimas que uso en casa con mis hijos. Cuando eres madre repites mucho que no salpiquen con el vaso de agua, que no se limpien la boca con la manga... y, claro, hay muchas formas de decirlo. Yo decidí hacerlo de la manera más respetuosa posible, y con humor. Por ejemplo, para lavarse las manos les canto una cancioncita: 'Por delante, por detrás, entre los dedos y una vez más'... En otra ocasión me inventé una para las manchas; cuando ya tenía dos o tres pensé que si a mí me servían, quizá les podrían servir también a otra mamá. Decidí revisar las que había dicho alguna vez en casa, e inventar otras nuevas para hacer una historia».

«Si criamos a nuestros hijos dándoles la opción de equivocarse, les permitiremos ser adultos sanos y equilibrados»

«Es un poco triste ver a un niño en el parque jugando con un móvil durante una hora y pico», lamenta

La historia se llama 'Las camisetas no somos servilletas', su último libro, que acaba de llegar a las librerías con el sello editorial Cuento de Luz. Un título ilustrado por la creadora italiana Martina Peluso y publicado también en inglés que ha sido galardonado con una medalla de plata dentro de la 23 edición de los Premios de Editores Independientes, que se entregarán a mediados del próximo mes de mayo en Nueva York. Zafrilla no estará en Manhattan -«se otorgan en el mítico Club Copacabana, pero no puedo ir porque tengo que hacer cosas en esos días, y porque es mucho tiempo, muy caro y tengo hijos..., ¡pero solo saber que se entregan allí me hace mucha ilusión!», sonríe-, sí estará, sin embargo, este jueves -a las 18.00 horas- en la Biblioteca Salvador García Aguilar de Molina de Segura, donde presentará su obra.

-¿Qué narra?

-La protagonista se llama Olivia, y, como a todos los niños, eso de usar la servilleta y lavarse las manos antes de comer, se le olvida. Así que decidí que iba a tener una madre muy tierna y paciente que le iba a enseñar todo lo que, al respecto, hay que enseñarles a los niños, pero de una forma divertida. A mí me gusta que los niños se ensucien, no que lo hagan a propósito, pero sí jugando; cuando un niño se ensucia significa que se lo ha estado pasando bien, que ha estado pintando, que ha comido chocolate, o macarrones...

-¿Usted es una madre paciente?

-Intento no ponerme nerviosa y no preocuparme, porque, realmente, un niño se mancha igual que puedo hacerlo yo. ¡Recuerdo que cuando estaba embarazada siempre me manchaba en el mismo sitio! [ríe] Por tanto, la mamá de Olivia lo que nos transmite es que, si nos manchamos, no pasa nada, porque para eso está la lavadora. Muchas veces montamos un pollo enorme por algo que no tiene tanta importancia. Los niños, a determinadas edades, todavía no tienen interiorizadas las normas ni la destreza suficiente, y por ello no debemos enfadarnos ni decirles eso de 'te he dicho mil veces que no salpiques'; al igual que a nosotros se nos olvidan muchas cosas, a ellos, que son niños, todavía más.

-¿Qué propone entonces?

-Los niños están en edad de aprendizaje y no se les puede exigir que lo hagan todo bien a la primera, porque de otro modo lo que estamos fomentando es que luego, en el futuro, tengamos adultos que no aceptan bien la frustración, que piensan que todo tiene que salir bien a la primera y, si no lo consiguen, dejan de intentarlo. La perfección no existe; los logros requieren error y aprendizaje, y eso es importante.

-Usted escribe desde la experiencia, ¿es fundamental?

-En mi libro anterior, 'Los dientes de Trino Rojo'; en 'Papá monstruo' [otro de sus cuentos publicados, entre los que figuran 'Hijo pollito', 'Los despistes del abuelo' y 'Mensaje cifrado', premio Gran Angular 2007], el mensaje que rebosa es que, como papás, necesitamos darnos cuenta de que el niño ha de respetarse y no, porque sea pequeño, tenemos que mandar sobre él. En el libro se nota la mirada que tengo como madre. Creo que si criamos a nuestros hijos dándoles la opción de equivocarse, les permitiremos ser adultos sanos y equilibrados, y eso solo se puede hacer desde el amor y el respeto.

-¿'Las camisetas no somos servilletas' también es un libro dirigido a los adultos?

-Sí, porque ofrece un modelo de conducta. La mamá de Olivia tiene mucho sentido del humor, mucha paciencia, y sus diálogos son siempre con amor. Si a nuestro alrededor tenemos como modelo formas de crianza impacientes o agresivas, probablemente, la nuestra también lo va a ser. Es positivo ver que hay otras posibilidades. El lenguaje es muy importante a la hora de hablar con los niños, y solo sale bien si parte desde el respeto.

Más flexible ante el mundo

-¿La literatura educa?

-Es una ventana a la educación muy necesaria. Ya no solo porque aprendas vocabulario y capacidad lectora, sino porque multiplica la realidad que tienes delante y abre nuevos mundos donde mirar. Los libros son necesarios, pero no solo los libros de valores; la imaginación, el juego, la creatividad, también son importantes. Gracias a los libros la mente del niño se agranda, y este tiene más posibilidades de ser flexible ante el mundo.

-En muchos casos, las pantallas le están ganando terreno a la lectura.

-En mi casa, entre semana, no hay ningún tipo de pantalla, ni siquiera televisión. Los niños están enganchadísimos, y los adultos también, pero es que el cerebro de los niños está todavía en formación, y toda esa estimulación no creo que sea buena, porque en el futuro van a necesitar un estímulo constante; y si no lo tienen, se van a aburrir. Es un poco triste ver a un niño en el parque jugando con un móvil durante una hora y pico.

-¿Qué implica la medalla de plata que le concederán en Nueva York?

-Ante todo, una sorpresa muy grande, y en segundo lugar, una promoción enorme. La entrega se hace en la feria más importante del libro infantil en Estados Unidos, en Nueva York, y por tanto, a nivel de distribución es muy importante.

-¿Está escribiendo ya nuevas historias?

-Siempre hay cosas pendientes, tengo muchos libros sin publicar. El mundo de la edición es complicado. A veces dices: 'Uy, este libro que es más bonito... no sale a la luz'. Parece que se publica mucho, pero en realidad es complicado. No obstante, siempre ando con algo en la cabeza. También escribo poesía para adultos.