Agustín Fernández Mallo: «Los muertos nunca están muertos del todo, y de algún modo nos comunicamos»

El escritor gallego Agustín Fernández Mallo. / enric fontcuberta / efe
El escritor gallego Agustín Fernández Mallo. / enric fontcuberta / efe

El escritor participa esta tarde en el ciclo 'Escritores en su tinta' de Molina de Segura, donde presenta 'Trilogía de la guerra'

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

Hay, afirma Agustín Fernández Mallo, escritor gallego afincado en Mallorca y autor de la novela 'Trilogía de la guerra', con la que el pasado 2018 ganó el Premio Biblioteca Breve que otorga anualmente la editorial Seix Barral, una red capaz de conectar a los seres humanos mucho más «potente» que Facebook, mucho más férrea que Twitter y mucho más vertiginosa que Instagram. Se cruzó con ella hace unos años en la isla de San Simón, en Vigo, donde la «chispa» de la que es su última novela publicada, la citada 'Trilogía de la guerra', empezó a prender en su cabeza. No con la finalidad de construir una historia, que resultaría ser, a posteriori, un libro de casi medio millar de páginas, sino con la pretensión -«lo hago siempre que escribo», matiza Fernández Mallo (La Coruña, 1967)- de «explicarse a sí mismo», de dar cuenta, quizá, de una realidad sobrevenida, de una inquietud en continuo parpadeo, como si fuese una luz de alerta.

Dice Mallo -hoy participará, a las 20.00 horas en la Biblioteca Salvador García Aguilar de Molina de Segura, en el ciclo 'Escritores en su tinta' que organiza el Ayuntamiento molinense y coordina la periodista Lola Gracia- que «la red social más grande que existe y ha existido no es la internauta, sino la que une a los vivos y a los muertos», porque es esta, añade, la que realmente «da cohesión a nuestras vidas».

Conviene saber

Qué
Encuentro con Agustín Fernández Mallo. Ciclo literario 'Escritores en su tinta'.
Dónde y cuándo
En la Biblioteca Salvador García Aguilar de Molina de Segura, a las 20.00 horas. Entrada libre.

La isla de San Simón, en la que Fernández Mallo llegó a pernoctar, fue, recuerda el escritor [también autor del ensayo 'Teoría general de la basura', sobre el apropiacionismo cultural; del poemario 'Carne de píxel'; y de la trilogía 'Proyecto nocilla'], «un campo de concentración en la Guerra Civil española», en cuyo territorio todavía se erigen los pabellones en los que, explica Fernández Mallo, estuvieron los presos. Aquel lugar, confiesa, fue el detonante de 'Trilogía de la guerra'.

«Mi literatura tiene un núcleo poético sin el cual no tendría el valor que tiene»

«De alguna manera, la poética que había construido hasta ese momento dejó de tener explicación. Comencé a experimentar una serie de sensaciones bastante intensas. Estaba en un lugar en el que había muerto mucha gente, y fue entonces cuando me surgió la idea de que, en realidad, los muertos nunca están muertos del todo, pero tampoco los vivos estamos vivos del todo. Habitamos una zona común, y, de alguna manera, nos estamos comunicando continuamente», cree Fernández Mallo, quien en ese instante decidió colocar uno de sus personajes en aquel escenario. Quería ver «qué pasaba». «Lo pongo allí, solo, no sé a dónde va a ir, pero de repente, crece hasta las 500 páginas».

«Uno tiene que escribir para organizar su mundo y para explicarse a sí mismo muchas cosas»

Parece sencillo, pero no lo es. Fernández Mallo tardó ocho años en dar por terminada esta novela, de la que hablará esta tarde a los lectores que se acerquen a Molina de Segura y también de otros temas, «porque uno habla de una cosa, pero, como la mente de las personas está en red, terminas hablando de otras». Por ejemplo, enuncia, «de los procesos creativos, de la importancia que para mí tiene la narrativa, pero también de la poesía. En esto siempre incido: mi literatura tiene un núcleo poético sin el cual no tendría el valor que tiene».

Para sí mismo

Asegura Fernández Mallo que en el impulso que le enfrenta a un papel en blanco «nunca busco nada. Hay una serie de sensaciones e ideas que uno no llega a entender, y las quiere poner por escrito. Yo escribo para mí mismo, nunca pensando en los lectores; eso es imposible porque nunca sabes lo que quieren o no. Uno tiene que escribir para organizar su mundo y para explicarse a sí mismo muchas cosas».

Y, sin embargo, la tarea de plasmar ideas en libros y cuadernos no deja de ser una forma de red: «¡Claro, qué duda cabe! Es un modo de relación en diferido, con la particularidad de que es una relación que se ve siempre transfigurada: uno nunca llega a comunicar del todo lo que quiere, y así debe ser, porque el lector es libre de interpretar a su manera los textos».

«Lo bueno es que suscita otros pensamientos y otras dudas. Abre las puertas. Si la literatura que haces es una literatura orgánica, que está viva, la vida, en ese sentido, es orgánica, y nunca se cierra», añade el escritor, para quien «las redes complejas subyacen en las relaciones humanas» más allá de internet: «El modo -dice- en el que estoy conectado con una persona de Pekín por una carta, o por varios amigos comunes, o el modo en que una hormiga está conectada con un elefante a través de la cadena trófica», es, explica, un ejemplo de conexión en red.

Un vínculo rutinario del que escapar es casi una utopía: «Aunque te vayas solo a una cabaña aislada en una montaña y te pierdas, al final siempre te encuentra alguien. Hay una tendencia 'underground', y hablo ahora centrándome en internet, que aboga por escapar de las conexiones como un acto político; personas que no tienen 'smartphone'... Es una opción, pero al final, quieras o no, estás ahí metido». «Un solo individuo no puede llegar a dar el salto real de desconectarse», cree el escritor.

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