Manuel Piqueras: «Moverme entre los géneros literarios fue un acto de libertad»

Manuel Piqueras, escritor, profesor universitario e investigador, en el paseo Alfonso X. / vicente vicéns
Manuel Piqueras, escritor, profesor universitario e investigador, en el paseo Alfonso X. / vicente vicéns

El escritor peruano Manuel Piqueras presenta en la Feria del Libro 'Iluminaciones en el desierto', que recoge escritos de 20 años

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

'Iluminaciones en el desierto' es el libro que trae a España estos días al escritor peruano Manuel Piqueras, que reúne escritos desde 1999 a 2019, con un preámbulo de Marco Martos, expresidente de la Academia Peruana de la Lengua y catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. «Inquietud y sosiego» es lo que, según Martos, trae a la mesa de lectura Piqueras, bisnieto de un comandante valenciano del Ejército español que cayó muerto en la guerra de Cuba y nieto del arquitecto, escultor y urbanista peruano Manuel Piqueras Cotolí, que se formó en la Escuela de Huérfanos María Cristina de Toledo. «Mi bisabuela murió al poco tiempo de pena, y no te explicas por qué, pero mi abuelo hizo una resiliencia ante la pérdida del padre y en Perú tiene una vigencia enorme. En España tendré muchos parientes».

Piqueras ya vino a la primera edición de la Feria del Libro de Murcia, en 2018, acontecimiento que recuerda con gratitud -«encontré a muy buenos escritores, calidad humana, sencillez, valores para mí muy importantes, y especialmente a Asensio Piqueras, especialísimo amigo, una cosa maravillosa»-. El peruano, entrado en los 70, cuenta a 'La Verdad' que pasó en Perú por un largo periodo en que intentó parar la violencia: «Muy jovencito, antes de los 40 años, fui elegido parlamentario, y ayudé a un compañero mío en todo ese tema de la matanza en los penales del Perú, en junio de 1986. Era Alan García, que ahora se ha suicidado. Y años después asumí la investigación de un grupo paramilitar de ese gobierno, pero en nombre de la paz y de la no violencia. Tengo una habilidad, pero la política no es algo que me muera por ello, siempre he estado en choque con el poder, pero la lucha me internacionalizó. Un hombre que me ayudó mucho fue Jimmy Carter, expresidente de Estados Unidos, Nobel de la Paz 2002, un tipo maravilloso, y muy amigo de mi padre. Pero yo llegué a él a través del cardenal Pablo Evaristo Arns, brasileño. Si no se internacionalizaba la lucha nos mataban a los parlamentarios. Y Carter me recibía cada vez que tenía un libro». Carter ensalza en un breve comentario en el libro «la oportuna contribución» de Manuel Piqueras «a los esfuerzos globales para lograr la paz y promover el respeto por los derechos humanos. Hacen falta muchos como él».

Piqueras ha armado numerosos proyectos en Perú para que los niños pudieran salir de la violencia organizada por las altas esferas del poder. «En esta andadura entre la violencia y la lucha por una paz auténtica, tuve la mayor iluminación de mi existencia mortal. Su impacto en los ríos subterráneos de mi alma fue tan profundo que algo, «alguien», me condujo de la mano, por los caminos del pensamiento poético y la lírica, desde el dolor más atribulado al misterio del amor y la resurrección». Esa andadura, según el autor limeño, se inicia con 'La Edad de la utopía' (2001), que gira años después en 'Libro de Emmanuel' (2017) y culmina en 'El ángel doliente. Dolor y amor' (2018).

Piqueras, que se autodefine como «un universalista», dice que estando en la Feria del Libro de Murcia adquirió conciencia de escritor. «Antes escribía a tientas», afirma. «He trabajado durísimo, pero logré lo que Marco Martos llama una percepción formal del español. Mi enamoramiento por el español es total». «La creación es gracia, la soberbia es laberinto humano», señala en esta obra, plagada de referencias a pensadores y autores europeos, desde Kierkegaard a Walter Benjamin, Albert Camus y Erik Erikson, «pensadores poéticos en tiempos de oscuridad y de luz». Afirma que «la belleza y la espiritualidad me salvaron, y Amadeus Mozart, alguien importantísimo en mi obra, se transfigura en un Amadeus andino y universal, Cristo azotado de América, el réquiem de los pobres». «Soy un hispanoamericano, y cuando me preguntan qué es el desierto, no solo hablo de los Andes sino del Mediterraneo». A Hannah Arendt no se la quita de la boca para afirmar, a modo de glosa, que «moverme entre los géneros literarios fue un acto de libertad», y lo que emana de este libro es «poesía sabia de alguien que ha vivido con intensidad».

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