Luis Gorrochategui: «Mentiras como la de la Armada Invencible nos hunden la moral»

Luis Gorrochategui, este miércoles en el Arqua./P. Martínez
Luis Gorrochategui, este miércoles en el Arqua. / P. Martínez

«De la leyenda negra sobre nuestra historia solo se ha salvado el Quijote. Hay que desmontar los mitos y sentirnos orgullosos de ser españoles», afirma el escritor e historiador

José Alberto González
JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ

En 'Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra' (publicado en español por el Ministerio de Defensa en 2011 y en inglés por Bloomsbury en 2018), Luis Gorrochategui Santos (La Coruña, 1960) repasó la historia de una revancha que no fue tal. En 1589, la flota naval inglesa sufrió en España la mayor catástrofe de su historia. Fue solo un año después de la Gran Armada de Felipe II en la islas británicas. Para ayudar a desmontar de forma definitiva el mito de la derrota española en 1588, base de la leyenda fundacional del imperio inglés, Gorrochategui participa esta semana en Cartagena en un congreso internacional organizado por el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua).

-¿Qué puede aportar este encuentro internacional de historiadores, arqueólogos y otros especialistas al ciudadano de a pie?

-Aporta algo de enorme trascendencia. La gigantesca calumnia que ha caído sobre nuestra historia ha ocultado y negado el valor de todo lo español. Nos ha bajado la moral a los españoles y nos hace aún creernos inferiores. Todo esto tiene una repercusión enorme en la vida individual y colectiva. Apenas se ha salvado el Quijote. Una de las espinas que tenemos clavadas es la idea de que los ingleses nos superaron a nivel naval en el siglo XVI con la Armada Invencible. Eso es mentira. La Gran Armada, llamada a toro pasado por los ingleses Invencible para reírse de nosotros, no fue derrotada nunca. Era una flota de mucha mayor calidad, pero fracasó por la complejidad de la operación y por los problemas logísticos. España tuvo cuatro encuentros en el Canal de La Mancha y, tras ellos, quedó como dueña del mar.

«La Armada de Felipe II no fue derrotada en 1588 en Inglaterra. Esta sí sufrió una catástrofe, al año siguiente, en España, que se instaló en América definitivamente»

-¿Qué destacaría de lo ocurrido en esos años y en los siguientes?

-Desmontar definitivamente estos mitos es importante para desmontar la leyenda negra de España. Esto lo podemos hacer dando un tratamiento científico a la Historia. A la Gran Armada es que se le pasó de largo la posibilidad de escoltar a los tercios de Flandes de Alejandro Farnesio, por una deficiente sincronización con Medina Sidonia. Esto impidió la conjunción de las dos fuerzas y abortó la operación anfibia sobre Inglaterra, dentro del gran plan de Felipe II. Este tenía tres grandes objetivos: acabar con la piratería inglesa, desmantelar la retaguardia inglesa que apoyaba a los rebeldes de Flandes y cortar la persecución de los católicos en Inglaterra. Los ingleses solo hundieron un barco español, de 137. La flota volvió a España, incluidos diecisiete de los veinte galeones. Isabel I lo sabía y mandó a España a la Contra Armada, que acabó para ellos en una catástrofe que duplicó en muertos a la de la Gran Armada.

-¿Qué consecuencias tuvo?

-Cambió el signo de la guerra [1580-1607], España se instaló definitivamente en América y, por eso, hoy el español es el segundo idioma más hablado del mundo, después del chino mandarín. Conocer esto es crucial. Los españoles debemos sentirnos orgullosos, porque durante siglos construimos los mejores barcos y nuestro Imperio fue el más grande que jamás ha existido y fue un Imperio humanístico. Tras la Paz de 1604, Inglaterra acabó con los actos de piratería y dejó de ayudar a los protestantes de Flandes. Lo que no acabó fue la persecución a los católicos. Fue tremenda, pero ha perdurado el mito de la Inquisición católica española.

-¿Por qué perdura la leyenda negra entre los propios españoles?

-La leyenda negra invierte, de un modo radical, los valores de España. Y hemos interiorizado ese mensaje de desprecio. Ser españoles, por ejemplo, no significa ser castellanos, sino pertenecer a un país cuyos pueblos comparten una idiosincrasia común. La enorme variedad cultural española es una riqueza infinita y, aunque está siendo utilizada perversamente, por intereses espurios, nos da una fortaleza enorme. Así se ha demostrado a lo largo de los siglos. Solo hace falta liberar a España de la leyenda negra, para que todos se sientan orgullos de ser españoles.

-El presidente de México, Andrés López Obrador, ha pedido a España que «pida perdón por los agravios» históricos, para «reconciliarnos».

-Que López Obrador haya dicho esto nos pone sobre la pista de la pervivencia de la leyenda negra, que da la vuelta a los grandes méritos españoles como a una tortilla. El mensaje repetido durante los siglos de predominio español por otras potencias, que no tenían otra forma de enfrentarse a España que con la palabra y la imprenta, siguió siendo utilizado de modo sistemático tras la engañosa independencia de las repúblicas americanas. Este mensaje es crucial para mantener dividida y enfrentada a la población del mundo hispánico. Es un instrumento geoestratégico global, para debilitar aquello que une a 500 millones de personas que comparten un idioma, una cultura y un continuo territorial. Es una masa crítica capaz de convertirse en un agente estratégico planetario, y eso lo sabe el resto del mundo. El que no lo sabe es López Obrador, que actúa con populismo e incultura. También puede ser una cortina de humo sobre los verdaderos problemas de México.

-Se habla de genocidio cultural, imposición religiosa, expolio...

-Hernán Cortés, el gran genio de la guerra, liberó a la población mesoamericana del genocidio infligido por los aztecas. Gracias a él, sobrevivieron las poblaciones que ahora se quejan. Debería ser considerado uno de los grandes en la salvaguarda de los derechos humanos universales. Además, las personas que vivían bajo la jurisdicción del Imperio Español estaban protegidas. Los indios fueron protegidos desde el testamento de Isabel la Católica hasta la emancipación. Los aborígenes australianos no tuvieron ningún derecho hasta 1967, y otros imperios se basaron en la sustitución y no en la integración.