Laura Freixas: «La cultura nos ha enseñado a erotizar la violencia»

Laura Freixas, ayer en Murcia. / enrique martínez bueso
Laura Freixas, ayer en Murcia. / enrique martínez bueso

La escritora y ensayista, que ayer presentó en Murcia 'Todos llevan máscara', participa hoy en el ciclo 'Cartagena piensa'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Creo que necesitamos elaborar un discurso que no desprecie la maternidad, pero que tampoco la idealice ni la sacralice», dice Laura Freixas (Barcelona, 1958), escritora, ensayista, feminista, agitadora intelectual y mujer que ha palpado como lectora, devota y libre, ese milagro laico que retrata Quevedo al elogiar la lectura: «Escucho con mis ojos a los muertos». Si de ella dependiera, esa mujer de la que habla en sus versos Katherine Mansfield, que «acurrucada junto al fuego, / se mueve inquieta» mientras «las rojas brasas se deshacen en gris...», no estaría nerviosa por haber tenido que soportar ningún atropello ni chulería por parte de hombre alguno. Ni de nadie. Freixas, que ayer presentó en Murcia su nuevo libro, 'Todos llevan máscara. Diario 1995-1996' (Editorial Errata Naturae), participará hoy en el ciclo 'Cartagena piensa'. Por cierto, la cita -a las 20.00 horas- será en la Biblioteca Josefina Soria.

TOME NOTA

Quién
Laura Freixas.
Ciclo
'Cartagena piensa'.
Dónde y cuándo
Biblioteca Josefina Soria. Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy. Hoy, a las 20.00 h.

-¿Qué destaca para bien de cuanto está pasando en España?

-A mí la noticia de este Gobierno [de Pedro Sánchez] me pareció maravillosa. Estoy muy contenta. A ver, sé que se le pueden reprochar cosas, pero no voy a entrar en ello porque bastantes enemigos tiene ya.

«Un Gobierno con mayoría de ministras que, la verdad, parece caído del cielo»

-¿Por qué está contenta?

-Sobre todo, estoy encantada por dos cosas: por el feminismo y por Cataluña. Por el feminismo, porque es un Gobierno que no solo ha recuperado el Ministerio de Igualdad como tal, sino que su titular [Carmen Calvo] es, además, su vicepresidenta y su mujer fuerte; además, ha impulsado inmediatamente una serie de medidas legislativas y políticas en favor de la igualdad. Es un Gobierno abolicionista de la prostitución, algo que a mí me parece fundamental, y está en contra de los vientres de alquiler, que también me lo parece. Un Gobierno con mayoría de ministras que, la verdad, parece caído del cielo.

-¿Y en cuanto a Cataluña?

-Me parece que era muy necesario que hubiera en el Gobierno ministros catalanes que conociesen muy bien la realidad de Cataluña, como sucede con como Meritxell Batet y Josep Borrell. Y que se hiciera una política más inteligente, flexible y negociadora. Nos puede parecer bien o mal el independentismo, que a mí me parece mal por muchos motivos, pero no se le va a vencer por goleada, no se le va a aplastar; son dos millones de catalanes y, bueno, por lo menos hay que intentar tener una actitud dialogante.

«Nos puede parecer bien o mal el independentismo, que a mí me parece mal, pero no se le va a vencer por goleada»

-Qué difícil resulta entender el independentismo.

-Es un fenómeno complejo, que tiene, al igual que la religión, un componente irracional. En una época de incertidumbre, es muy fácil y muy tentador tener un enemigo al que echarle la culpa de todo lo que tú percibes que está mal. Y yo creo que Cataluña no está nada mal. Es una región rica, pacífica y donde hasta hace poco convivíamos muy bien; ahora, desde luego, es cierto que mucho menos.

-¿Tiene problemas por decir lo que piensa del independentismo?

-No más que cualquiera: rupturas familiares y rupturas de amistades, que ya es bastante. Pero lo que más me preocupa son las rupturas dentro de los movimientos sociales, el enfrentamiento dentro de los grupos feministas o de los sindicatos. Creo que es un efecto perverso del nacionalismo, y que algunos nacionalistas lo fomentan deliberadamente.

«A los hombres les han enseñado que ser violento y maltratador es sexy y, además, hace que las mujeres se enamoren de ti»

-¿Qué piensa cuando se acusa al movimiento feminista de «odiar a los hombres», de «actitudes revanchistas»?

-Estas acusaciones dan un poco de risa. 'Odiamos' a los hombres puteros, a los hombres maltratadores, a los hombres que nos excluyen para monopolizar el poder...; pero ni siquiera se les 'odia' a ellos personalmente, 'odiamos' el patriarcado y entendemos muy bien a los hombres que se quieren liberar de ese corsé, la masculinidad patriarcal, que les obliga a dar esa apariencia de que siempre lo controlan todo y de que no tienen emociones, y a competir entre ellos.

Techo de cristal

-¿Qué autocrítica hace usted como feminista?

-No nos hemos dado cuenta hasta hace poco de la importancia de la cultura. Es decir, hemos estado metidas en batallas muy urgentes y muy necesarias, como combatir la brecha salarial o el techo de cristal, y no nos habíamos dado cuenta de hasta qué punto la cultura es algo que está por debajo de todo y que moldea esas actitudes personales, esas relaciones personales y esas emociones que, finalmente, permiten que se mantenga el patriarcado a pesar de las leyes.

«Nunca me voy a aburrir. Es uno de los mayores placeres de la vida»

-¿Podría poner un ejemplo?

-Uno muy claro: la cultura nos ha enseñado a erotizar la violencia, nos ha hecho mamar cosas como 'La bella y la bestia' [narración con la que los estudios Walt Disney arrasaron en 1991], o el sapo que se transforma en príncipe, o películas como '¡Átame!' (1989), de Pedro Almodóvar. Es decir, a nosotras nos ha enseñado que no hay nada más atractivo para una mujer que un hombre violento y maltratador; y a ellos, que ser violento y maltratador es sexy y, además, hace que las mujeres se enamoren de ti. Y eso lo tenemos tan enraizado en nuestro inconsciente que es muy difícil luchar contra el maltrato solo con las leyes, porque hemos aprendido desde pequeñas, y sin darnos cuenta, que los maltratadores son fascinantes y que, además, se les puede hacer cambiar y convertirlos en hombres amorosos.

-¿Alguna autocrítica más?

-Sí, no hemos sabido elaborar un discurso verdaderamente feminista sobre la maternidad. Creo que hay dos posturas, ninguna de ellas convincente. Una es la de minimizar la maternidad para parecernos lo más posible al hombre tradicional que no se ocupaba de esto y liberarnos de ella; y otra consiste en mitificarla, en sacralizarla. La primera es una postura poco realista, porque la maternidad es realmente una enormidad y no debemos perder esa gran riqueza y potencial; y la de sacralizarla es reaccionaria y no toma en cuenta, muchas veces, la realidad material, el hecho de que las mujeres necesitamos ingresos como todo el mundo para ser independientes. Una postura que tiende a recluirnos en casa y en los valores femeninos tradicionales; finalmente, una postura que no cuestiona la desigualdad. Creo que necesitamos elaborar un discurso que no desprecie la maternidad, pero que tampoco la idealice ni la sacralice, y lo digo yo que he disfrutado mucho de ser madre, pero sin dejar de querer otras muchas cosas en mi vida. La actitud opuesta a la maternidad sacralizada-reaccionaria no debe ser tampoco reduccionista.

-¿Literatura para qué?

-Para entender y para ser feliz, para disfrutar de todas las vidas que no podemos vivir y para disfrutar mejor de las vidas que sí vivimos. Para profundizar, para reflexionar sobre ellas. La Literatura humaniza. Ahí donde la sociedad tiende en muchas ocasiones a hacernos una especie de seres en serie, que repiten unos comportamientos, consumen tal y votan cual, la Literatura nos enriquece y nos permite ser más conscientes de la realidad. Para mí, es uno de los mayores placeres de la vida. Cuando veo la cantidad de libros que tengo por leer, me siento muy agradecida al sistema educativo y a mi familia por haberme enseñado a leer y a escribir, y a mi madre por haberme transmitido el placer de la literatura porque eso es como un tesoro inagotable. Yo sé que nunca me voy a aburrir, que mi vida nunca me va a parecer limitada si tengo acceso a todos esos mundos que son las novelas.

-¿Y escribir qué le aporta? Estos días presenta en Murcia y en Cartagena una nueva entrega de sus diarios: 'Todos llevan máscara'.

-Escribir es crear tu mundo, que puede no ser muy distinto de tu mundo real, pero en el que las cosas adquieren un sentido, una perfección, una belleza, porque las salvas del caos y de la insignificancia de la experiencia vivida. Es como salir más allá de las fronteras del yo y del tiempo.

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