Armas Marcelo: «He discutido con muchos políticos que no tienen la más mínima posibilidad de entender América»

El escritor y periodista canario Juancho Armas Marcelo. / ALBERTO AJA
El escritor y periodista canario Juancho Armas Marcelo. / ALBERTO AJA

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

Tiene la suerte Juancho Armas Marcelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1946) de que la mayoría de sus enemigos, confiesa el periodista y escritor, no hayan perdido todavía la inexcusable batalla con la vida. Porque esa gran victoria, dice a la vez risueño y convencido, le permite mantenerse fuerte. Atento, en pie, y en continuo entrenamiento «mental», resuelve el autor de 'Las naves quemadas' y 'Estado de coma', ganador en 1989 del Premio Internacional de Novela Plaza y Janés por 'Los dioses de sí mismos'. El miércoles visita Murcia. Participa en el III Foro Futuro en Español de la ciudad, donde abordará, en conversación con el crítico literario de 'La Verdad', José Belmonte, la obra de Mario Vargas Llosa. Junto al Nobel, Armas Marcelo, director de la cátedra dedicada al escritor peruano de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, ha compartido más de media vida. En el III Foro Futuro en Español de Murcia, impulsado por Vocento y el Banco de Desarrollo de América Latina, y organizado en Murcia por 'La Verdad', entre otras instituciones, hablará, adelanta, de mujeres, de Vargas Llosa y de sí mismo.

-¿Qué anécdotas tiene usted con el Nobel peruano?

-¡Muchas! Tengo publicada una biografía titulada 'El vicio de escribir' en la que cuento muchas de ellas. Una vez, por ejemplo, en un avión una señora quiso hablar con él, y se le acercó la azafata. Le dijo: 'Señor Vargas Llosa, aquí hay una señora que insistentemente quiere hablar con usted'. Él estaba escribiendo unas cosas y le respondió que podía pasar en cuanto terminase. Cuando llegó la señora, le hizo un gran elogio, le dijo que todas sus novelas le habían cambiado la vida. Y a continuación añadió: 'Pero la que verdaderamente me ha cambiado la vida es 'Cien años de soledad'' [Risas]. Otra vez, en su país, en Ayacucho, una señora de un pueblo de los Andes le dijo: '¡Hombre, mira quién está aquí, García Máquez!'. Y él contestó: 'No, señora, yo soy el otro' [vuelve a reír].

-¿Qué dice la obra de Vargas Llosa de él?

-Que no solo es un gran novelista, sino también un gran ensayista y un gran lector. Estas tres cosas más su talento y su trabajo hacen de él un escritor fuera de lo común, extraordinario, sorprendente y siempre sugerente en la literatura de lengua española de los últimos 70 años. Es el último 'beatle' de los cuatro grandes 'beatles' del 'boom' que volvió a despertar la novela en lengua española, al igual que Rubén Darío despertó un siglo antes la poesía: Vargas Llosa, Cortázar, Carlos Fuentes y García Márquez. De los cuatro, Mario es uno de los más legendarios, además de una gran personalidad intelectual en todo el mundo americano y un gran personaje que está por encima de todo lo demás; pero, claro, yo soy parcial, porque somos amigos desde hace 50 años, algo que me honra.

-¿Qué descubre personalmente en sus novelas?

-Además de novelista y ensayista, Vargas Llosa es un gran historiador- He conocido más Perú a través de sus novelas que a través de la obra de los historiadores. Él es un intéprete de la Historia, de la vida política y social, y no solo de su país, sino de América Latina. Escribió una novela sobre la guerra de Canudos en Brasil, ha escrito otra sobre el dictador dominicano Trujillo, y ahora va a publicar una que transcurre Guatemala. Vargas Llosa puede ser que esté equivocado en muchísimas cosas, incluso en su ideología política, hay quien dice que está enloquecido con ello, pero lo que no se puede poner en duda es que es un hombre honesto, lúcido y que cree en todo lo que escribe.

Tome nota

Qué:
'La obra de Mario Vargas Llosa', con Juancho Armas Marcelo y José Belmonte. III Foro Futuro en Español de Murcia.
Dónde y cuándo:
En el Palacio Almudí de Murcia, el próximo miércoles a partir de las 18.00 horas. Entrada libre hasta completar aforo.

-¿La literatura con mayúsculas debe ser una herramienta para comprender más que para evadirse?

-Él sostiene que la literatura es necesaria para imaginar otros mundos mejores que los que vivimos, y que la novela tiene que ser un elemento de entretenimiento, pero también tiene que tener una sustancia de conciencia, una esencia de pensamiento que convierta el texto literario en una reflexión sobre la vida de uno y la de su país. A su medida, es un filósofo, un personaje que interpreta la realidad a través de la novela; y eso también es filosofía.

-En Murcia abordarán la obra completa de Vargas Llosa. ¿Por dónde empezar?

-¡Por el principio! Si se quiere leer los cuentos, bien, pero si no, hay que empezar por 'La ciudad y los perros', seguir con 'La casa verde' y terminar en esa trilogía que engloba las novelas que acabo de citar y 'Conversación en la catedral', que creo que es la mejor novela de Vargas Llosa. Es el epítome de sus primeras obras y de las que vinieron después.

-¿Es muy diferente el Vargas Llosa de entonces que el actual?

-Con el tiempo, la pasión baja, y la visión se enriquece con el conocimiento de la vida. Es otro Vargas Llosa, pero no deja de ser el mismo. Cuando era joven y militaba en la izquierda, aunque realmente no lo hacía, todo el mundo le aplaudía sin leerlo; ahora casi todo el mundo lo detesta pero lo leen.

«No creo que haya otro vínculo más revulsivo y lleno de vida que la cultura entre los pueblos»

-Hablaba en una pregunta anterior de su biografía 'El vicio de escribir'. ¿Verdaderamente lo es?

-Sí, y es un vicio magnífico; un vicio que te da vida, te descarga calorías, te llena de imaginación y te da muchas satisfacciones. Hay algunos que dicen que también da tristeza; a mí me da tristeza cuando no escribo. Ahora estoy con una novela que se titula 'Cuatro veces mariposas', sobre cuatro mujeres que son realmente mágicas, y a las que les ocurren un montón de cosas, y fíjate cómo será la cosa, que cada vez la escribo más lento porque no la quiero terminar.

-¿Cuatro mujeres reales?

-Sí. Está inspirada en una escritora muy cercana a mi familia que se llama Mercedes Pinto.

Revulsivo

-¿Qué poder tiene la literatura como vehículo de unión entre los pueblos?

-En Palma ha estado ahora Ryuichi Terao, el único japonés que traduce del español al japonés y del japonés al español. Es el traductor de Vargas Llosa y también el mío. No creo que haya otro vínculo más revulsivo y lleno de vida que la cultura entre los pueblos.

-¿Qué une y aleja a España de América Latina?

-La aleja el desconocimiento y el analfabetismo de las clases dirigentes y políticas. Cuando un tipo, por ejemplo, como Felipe González decide que América Latina es fundamental en la vida de España y España en la vida de América Latina, resulta que la unión se provoca muy fácilmente, pero cuando un tipo no entiende América, por mucho que quiera, es imposible. Y eso ocurre con excesiva e irritante frecuencia en España. He discutido y hablado con muchos políticos que no tienen ni la más remota idea, ni la mínima posibilidad, de entender América; y con muchos diplomáticos y mucha gente que nos representa en el exterior. Yo tengo el privilegio y la suerte de haber ido 250 veces a América, o sea, que he cruzado el Atlántico ida y vuelta 500 veces. ¿Sabes el privilegio que eso es para un español? La mitad de mi tiempo estoy pensando en América.

«Vargas Llosa no solo es un gran novelista, sino también un gran ensayista y un gran lector»

-¿Qué le han enseñado los libros?

-La vida entera. A mí me lo han enseñado todo las mujeres y los libros. He sido muy mujeriego y he tenido muchas amigas que me han enseñado cosas en las que yo ni siquiera había pensado, y de esto también quiero hablar en Murcia. Pero, sí, los libros me lo han enseñado todo; todo, todo, todo, y me han enseñado también la alegría de poder reírme por dentro de aquellos tipos que son analfabetos literarios, de esos que son lectores de cartelera, y se ponen a discutir contigo. ¡Yo me parto de la risa! Me divierte mucho porque para mí la diferencia en el mundo no está en las razas, sino en la gente que lee y en la que no lee. La gente que lee tiene otra frecuencia de habla y de entendimiento, y la gente que no lee apenas sabe sumar.

-¿Escribir es un arte?

-Para mí es lo de menos. Lo más es que escribir es la vida. Escribir es corregir, encontrarte con la semántica y el sonido de cada una de las palabras que utilizas en un texto que sabes que es literario; es un regalo de la vida. Por eso, cuando alguien dice que sufre escribiendo, digo: 'Coño, pues ponga usted un puesto de acelgas en la plaza y no se martirice'.

-Es su segunda visita a Murcia en apenas unos meses. [Estuvo en la ciudad en noviembre pasado para presentar su libro de memorias].

-A Murcia he ido ya como quince veces a dar conferencias. Me gusta mucho esa Murcia peatonal de gente amable que te reconoce en la terraza de una cafetería y te habla. Eso es muy gratificante para un escritor, y en Murcia se da. No sé si porque es un lugar pequeño o no, pero a mí me ha pasado, y gratifica muchísimo.

-¿De qué más va a hablar en su intervención, además de mujeres y Vargas Llosa?

-En realidad, de mí mismo, porque todo eso forma parte de mi vida. Soy un abuelo feliz en paz con todo el mundo con quien quiero estarlo y con la suerte de que se me mueren pocos enemigos, porque tener un enemigo enfrente te hace estar más fuerte y entrenado mentalmente.