«Acabo de cumplir 58 años, qué menos que tener el alma un poco herida»

El profesor y escritor Vicente Cervera, este viernes en la Estación Murcia del Carmen. / Javier Carrión / AGM
El profesor y escritor Vicente Cervera, este viernes en la Estación Murcia del Carmen. / Javier Carrión / AGM

Presentó este viernes en la librería madrileña Rafael Alberti su poemario 'De aurigas inmortales', reeditado 25 años después de su publicaciónVicente Cervera Catedrático de Literatura Hispanoamericana de la UMU y escritor

Antonio Arco
ANTONIO ARCOMurcia.

A Vicente Cervera (Albacete, 1961), que este viernes presentó en la Librería Rafael Alberti de Madrid su poemario 'De aurigas inmortales' (Poesía Verbum), reeditado 25 años después de que viese la luz en 1993, le gusta «ir dejando huellas». No, no desea «pasar por la vida como si nada, dejar pasar el tiempo sin más». Y, de paso, procura también hacer lo que proponía Jorge Luis Borges, «mirar desde arriba mi vida como si fuese un mapa. Y ver que voy dejando cosas en él: algunos poemas, algunos favores hechos sin esperar nada a cambio, algunos alumnos a los que les he podido enseñar algo que les sirva para sus vidas. No me gustan el 'ya lo haré' y el 'ya lo pensaré'. Quiero hacer cosas y quiero hacerlas ya».

Catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Murcia (UMU), Vicente Cervera -«procuro no quejarme de lo que no tengo»-, tiene la suerte de, cuando sueña, viajar «a los lugares donde he sido feliz, que se me quedan grabados para siempre». Una noche tuvo un sueño que le supo a gloria: volvía a ser un niño, en la casa familiar de Vergel, con todo el tiempo para él, en pleno verano, haciendo lo que le daba la gana mientras los adultos dormían la siesta, sin ser vigilado por nadie; «¡qué gusto!», exclama recordándolo.

Poeta desde niño, con diez años escribió el poema titulado 'Los que se ríen y se burlan siempre de los demás', porque se dio cuenta de que «en el colegio había unos niños que humillaban a otros, que se reían de ellos». Eso le provocaba «desagrado, rabia, dolor». Pero, no obstante, reconoce, ay: «Me callaba». Y pasó el tiempo por todos los lares de este mundo que el autor peruano Ciro Alegría definió como «ancho y ajeno». Tenía Vicente Cervera 33 años cuando apareció la primera edición de 'De aurigas inmortales', cuya reedición cuenta ahora con un prólogo de Antonio Colinas -Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2016, entre otros galardones-, en el que el poeta leones escribe que «hoy leemos estos poemas con el mismo interés que entonces». «Afortunadamente», añade, «parece volverse en estos últimos años a la libertad poética, a la valentía de utilizar la cultura como medio para expresar la vida». 'De aurigas inmortales', que se abre con el poema 'A Sophie von Kühn (1801)' y se cierra con 'A Georgette Philippert (1934)', encierra estos versos que a Vicente Cervera le emociona releer: «Diré únicamente lo que solo tú / podrías entender en su más alto grado: / He amado. / He saciado. / He conocido».

«No sé si es peor la falta de imaginación, que me saca de quicio, o tener mucha imaginación y utilizarla con muy mala leche»

«Quiero seguir manteniendo un poco de ingenuidad; la desconfianza excesiva creo que no conduce a nada»

«Lo importante es darle un sentido a lo que vivimos»

-¿Cómo surgió hace 25 años 'De aurigas inmortales'?

-Acababa de terminar mi tesis doctoral, me había pasado muchos años leyendo de todo y, además de la tesis, salió este libro; un poemario fruto de toda aquella etapa tan intensa de lecturas, desde los románticos alemanes a la filosofía de Hegel. Me hace mucha ilusión que se vuelva a editar un cuarto de siglo después.

-¿Qué anhelaba entonces?

-No tenía un proyecto claro de vida, lo que sabía era que me iba a dedicar a la literatura y a otras artes, que es lo que me gustaba y me sigue gustando, pero no tenía claro dónde iba a terminar viviendo o cómo se iría desarrollando mi carrera universitaria. En ese sentido, vivía un poco al día, pero sin dormirme y forjándome mi camino. Y no puedo quejarme: las cosas han ido viniendo bien. No era yo una persona que tuviese trazado un destino soñado.

-¿Añora la juventud?

-No, no, para nada, ¡yo me siento joven! [Risas]

-¿Tampoco tener 25 años menos?

-Pues tampoco, no. Ahora mismo me siento mejor como persona y creo que he ganado en estar mucho más en armonía con la vida. Y también en sintonía con lo que hago. Eso no quiere decir que no me guste la juventud, que me encanta, pero creo que todavía puedo gozarla un poco [risas].

-Ya. ¿Qué se quedó en el camino?

-Relaciones que ya no tenían sentido y que cumplieron en su momento su papel, por ejemplo. He dejado en el camino lo que ya no era necesario, lo que no me hacía falta ya.

-¿La ingenuidad?

-Creo que sigo siendo bastante ingenuo, lo que pasa es que ahora las veo venir. Procuro no estar siempre alerta, siempre pensando con desconfianza, porque así no merece la pena vivir. Quiero seguir manteniendo un poco de ingenuidad, incluso no me importa cultivarla. Aunque te pegues algún batacazo, es mejor no estar siempre pensando que las cosas van en contra tuya, o yendo por la vida con mil ojos para que no te engañen. La desconfianza excesiva creo que no conduce a nada.

-¿Cómo son los nuevos poemas que está escribiendo?

-Algunos tratan sobre la infancia, y otros del proceso de evolución espiritual y psicológica mía y de la gente que me ha rodeado... En alguno, como en el titulado 'Alma dañada', hablo de esas cicatrices que el paso de la vida nos va dejando a todos. Ahora procuro verlo todo con una mirada que intente comprender, entender lo que sucede y me sucede. Lo importante es darle un sentido a lo que vivimos. Mi alma está lo suficientemente dañada, no más. Yo también confieso que he vivido, no me puedo lamentar, aunque reconozco que he sido un poco hipersensible de más en muchas ocasiones y que, ahora, procuro disponer de alguna mínima coraza. Acabo de cumplir 58 años [el pasado jueves], qué menos que tener el alma un poco herida.

Prohibido humillar

Vicente Cervera, que se tiene «prohibido humillar a los demás», no tiene muy claro si «es peor la falta de imaginación, que me saca de quicio, o tener mucha imaginación y utilizarla con muy mala leche». Ayer estaba feliz, alojado en Madrid en casa de una amiga, un lugar al que él llama, risueño, 'La residencia', en alusión a la más que famosa Residencia de Estudiantes por las que pasaron nada menos que, entre otros, ¡Dalí, Lorca y Buñuel! «Feliz con esta reedición, sí», indica, «porque en su día fue un libro fantasma [risas]: no se distribuyó, no llegó a las librerías. Ahora tengo la sensación de que ha resucitado y me está dando la vida que entonces no me dio».

-¿Qué nos propone usted?

-Lo que dice un verso de Rubén Darío: «Ama tu ritmo y ritma tus acciones bajo su ley». Cuando yo lo hago, me va mucho mejor.