Juan Echanove: «El mayor problema es que no contamos con los políticos que necesitaríamos»

El actor Juan Echanove./TVE
El actor Juan Echanove. / TVE

El popular actor regresa este sábado al Teatro Romea para encabezar el reparto de 'Sueños', donde da vida a Francisco de Quevedo

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

¡Qué gran actor! Juan Echanove (Madrid, 1961) ha madurado a fuego lento y está que rompe la pana: borda a los cretinos, a los babosos sin escrúpulos, a los desequilibrados por completo, a los que de buenos que son llegan a parecer tontos, a la buena gente y a la mala gente, y ahora también al mismísimo Francisco de Quevedo, a quien da vida en 'Sueños', espectáculo cuyo reparto encabeza y que, dirigido por Gerardo Vera, este sábado -a las 21.00 horas- llega al Teatro Romea, cuyo escenario ya echaba de menos.

Sueños

Cuándo
Este sábado a las 21.00 horas.
Dónde
Teatro Romea.
Entradas
15, 22 y 25 euros.

-¿Cómo está?

-Muy contento, ya tenía ganas de volver al Teatro Romea y, por fin, allí estaré . Además, vuelvo con un montaje que está siendo para mí una experiencia brutal, fantástica, de esas de las que uno sabe que no se va a olvidar jamás.

«No me interesa nada todo este culebrón catalán malo que se repite y se repite»

-De Quevedo, ¿qué nos cuenta?

-Que, además de tener el don de la escritura para poder expresar todo lo que pensaba y sentía sin dejarse nada en el tintero, era un arrojado lo mismo con la espada que con la pluma. A todo le daba.

-Y eso tuvo consecuencias.

-Una vida llena de vicisitudes y penalidades. A la vez que era hiriente y mordaz, ponía el dedo en la llaga en sitios donde sabía que al hacerlo le iban a cortar la mano; sin duda, esta forma de ser es una de las razones que le llevaron a vivir una vida, sobre todo en su tramo final, que es el que refleja la obra 'Sueños', de enorme dolor, soledad y frustración.

-Una combinación explosiva.

-Y muy triste, sí. Pero, al mismo tiempo, creo que es el poeta que mejor refleja el amor en sus versos, junto con Shakespeare y García Lorca. Su poética del amor es muy profunda, tremenda, desgarradora, universal...; probablemente por la imposibilidad de haber logrado ese amor que buscaba desesperadamente pero que no encontraba.

-¿Se lo imagina como amigo?

-No sé yo. Realmente, lo que piensa y lo que dice resulta contradictorio en muchas ocasiones, y en otras directamente es abominable. Desde luego, su misoginia, su clasismo e incluso su crueldad yo no podría compartirlas nunca. Lo que sí reconozco es que esa forma de ser suya, tan extrema, para la escena es un trampolín que a mí me permite volar. ¡Y eso es fantástico!

-¿Lo es también el presente?

-No. Dado que las ideologías ya no son más que un baremo de mercado que no creo que se ajusten ni a la realidad que vivimos, ni a la que viviremos, yo estoy muy atento a lo que veo día a día; y, evidentemente, el día a día de lo que está ocurriendo no me gusta nada. Nos acercamos a un fin de ciclo histórico -que se asemeja mucho también al del Siglo de Oro- en el que este esquema social tan injusto da sus últimas boqueadas antes de fenecer y, digamos, convertirse en algo que desconocemos.

-¿Cuál cree que es hoy nuestro mayor problema?

-Los políticos que tenemos. El mayor problema que tenemos es que no contamos con los políticos que necesitaríamos para afrontar este reto al que nos enfrentamos, este fin de ciclo. Y esto no solo sucede en España, sino en todo el mundo; no hay más que ver todo lo que hoy se reivindica, tanto en el cine como en la televisión. Por ejemplo, la figura de Winston Churchill. ¿Y por qué? Pues porque, en el fondo, era un referente en el que se podían cifrar los acontecimientos que iban ocurriendo, y al igual que él había otros. Evidentemente, hoy la clase política ya no solo es que sufra el deterioro de la corrupción, sino un deterioro de grandeza que yo, desde luego, echo muchísimo de menos.

-No sé yo si con esto que dice estarán de acuerdo, por ejemplo, Pablo Igle...

-...es que a mí me da exactamente igual que estén de acuerdo con lo que yo digo Pablo Iglesias, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera... Tengo la sensación de que los políticos que nos han tocado aplican una serie de recetas perentorias a situaciones más perentorias todavía, sin que tengan ni un pensamiento claro ni un verdadero proyecto para encarar el futuro. No tienen ni ideas ni proyectos que hagan vibrar a los países y a los ciudadanos. En este momento, creo que ninguno de nosotros sabemos con lo que se encontrarán nuestros hijos dentro de veinte años. Muy inquietante.

-Y, de postre, el tema catalán.

-No me interesa absolutamente nada todo este culebrón catalán malo que se repite y se repite. Me niego a ser partícipe de un culebrón tan malo que, insisto, se repite y se repite; un culebrón malo al que solo le falta una música pésima. Acabaremos por convertir todos los logros y progresos de años en una ridícula, pesada y larguísima farsa.

Silbar desde el graderío

-Un nuevo día. Usted se despierta, toma café, en fin... ¿Qué se dice?

-Cada nuevo día que me levanto, lo primero que pienso es: no me interesa silbar desde el graderío o el burladero, me interesa lanzarme a la calle y ponerme a trabajar en lo mío. Si lo hago bien y honestamente, me digo, seguramente mejoraré un poco esta sociedad a la que amo.

-¿Olvidó ya su sonada salida abrupta de 'Cuentáme' (serie de TVE que arrancó en 2001)?

-¡Es que no me acuerdo, ni idea! Es como si me dijeran: tú estuviste en Guadalcanal [batalla histórica de la Segunda Guerra Mundial]. ¿Ah, sí? Pues te juro que no me acuerdo.

-[Risas] Buena filosofía...

-... es que tengo 56 años y el año que viene, en junio, celebraré 40 años de profesión ininterrumpida. Y una de las cosas bonitas que tiene mi profesión, a la que adoro cada día más, es que enseña mucho. Una de las cosas que deberíamos hacer más es escuchar al otro. Yo adoro al género humano con todas sus imperfecciones, lo adoro y siento que formo parte de una gran comunidad universal en la que creo que ya va tocando escuchar más que hablar. Es cierto que hay gente que tiene muy mala leche, claro que sí, pero por fortuna conozco a mucha más que es maravillosa.