Fran Ferrer y El Galo salen a hombros en la novillada de Blanca

Fran Ferrer, durante la faena a su primer novillo. / J. A. Moreno
Fran Ferrer, durante la faena a su primer novillo. / J. A. Moreno

Los novilleros cortaron dos orejas cada uno en el primer festejo de la Feria de San Roque, que registró media entrada

F. OJADOSBlanca

Con media entrada se celebró la primera novillada de la Feria de San Roque de Blanca. Se lidiaron utreros de José Luis Pereda. Calcetero fue el astado que abrió feria y con el que no pudo lucirse con la capa Fran Ferrer, quien cambió el tercio de varas con un solo puyazo. El de Zeneta, único novillero de la Región anunciado en la feria, brindó al público.

El novillo, fiel a su encaste núñez, se fue calentando en la faena de muleta hasta servirle a Ferrer para estirarse en tres series de derechazos en las que el joven murciano dio la cara e incluso compuso la figura con galanura en más de un muletazo.

Faltó toreo al natural antes de dos tandas finales rematadas con un vistoso abaniqueo y un desplante a cuerpo limpio. Pinchó y mató de estocada caída y escuchó un aviso antes de pasear la primer oreja de la tarde.

Larga cambiada

Recibió a su segundo con la larga cambiada de rodillas. Este tercero fue el animal más complicado del encierro. Lo brindó Fran a Borja de Noé, alumno de la Escuela de Tauromaquia de Murcia. Puso voluntad el novillero, que tuvo la virtud de no descomponerse ante las dificultades que presentó Recluido, res que en el tercio de banderillas puso en apuros al banderillero Domingo García Dominguín, al alcanzarlo cuando aquél pretendía tomar el olivo a la salida de un par. La entrega de Ferrer fue premiada con otra oreja, que un sector de la plaza protestó.

El Galo repetía en la feria de Blanca. Saludó con solvencia al segundo de la tarde, que recibió hasta tres puyazos, en un desorden de lidia. André Lagravere, que así se llama El Galo, protagonizó el segundo tercio, en el que hubo más voluntad que brillo. Brindó a los miembros de la Peña Manolete y en el primer pase fue desarmado. Cambiada la muleta planteó faena en los medios.

Molinetes de rodillas

El novillo acusó mansedumbre, buscó los terrenos de chiqueros y exigió. Un par de molinetes de rodillas, aprovechando los viajes a los adentros y unas manoletinas finales animaron al personal dentro de un trasteo sin hilván. Desacertado con los aceros, fue silenciado. El colorado último fue el más aparente del festejo. Con jaleadas verónicas lo saludó André, que se lució en el quite por lopecinas. Volvió a tomar los rehiletes, de nuevo con mejores intenciones que resultados, y brindó al público.

Le faltó clase al de Pereda y El Galo firmó una faena de pundonor, sin chaquetilla puesta, exenta de otros valores. En un lance de la lidia sufrió un golpe en el labio. La estocada desprendida fue eficaz y le valió las dos orejas en una tarde de generosidad presidencial que derivó en la salida a hombros de los dos novilleros.