María Muñoz: «En España, a los bailarines no se nos entiende mucho. Estamos en un limbo»

La bailarina murciana María Muñoz, en un jardín de Cabezo de Torres./Javier Carrión / AGM
La bailarina murciana María Muñoz, en un jardín de Cabezo de Torres. / Javier Carrión / AGM

«Los cambios hay que tomarlos de forma positiva», afirma la murciana, integrante de la Compañía Nacional de Danza, a cuya dirección se incorpora esta semana Joaquín de Luz tras la salida de José Carlos Martínez

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

María Muñoz (Cabezo de Torres, Murcia, 1992) lleva seis temporadas en la Compañía Nacional de Danza (CND). Todas ellas siguiendo las directrices del bailarín y coreógrafo cartagenero José Carlos Martínez. Pero este próximo curso es distinto. Esta pasada temporada ha sido la última de Martínez al frente de la compañía. Desde el miércoles le sustituirá el madrileño Joaquín de Luz. ¿Vértigo? «No, el vértigo lo vivimos hace unos meses cuando nos hicieron pasar por un proceso selectivo. Podías irte a la calle».

«Hay veces que consigo lo que quiero y otras no, pero la vida no es conseguir cosas»

-¿Qué le interesa de la danza?

-Empecé a bailar con ocho años en una academia de mi pueblo y de ahí pasé al conservatorio, donde estuve formándome hasta los quince. Después me marché a Madrid para estudiar en la escuela de Víctor Ullate, y más tarde a Londres, al English National Ballet School. También he estado en la ópera de Dresde y unos pocos meses entrenando con [la bailarina] María Ávila en Zaragoza. Cuando empiezas es un juego, no sabes muy bien por qué estás en ello, simplemente te diviertes. A mí me gusta la creatividad, la libertad de movimiento, la exploración del cuerpo, la musicalidad, el ritmo. No sabría explicar el inicio, solo que no podía dejar de hacerlo. Cuando estoy en casa y escucho una canción soy incapaz de no imaginarme bailándola.

-¿Cualquier música?

-Sí. Puede ser un rap o una pieza de Mozart. Cuando llevas la música dentro, no es solo una categoría o un estilo, es un ritmo que necesitas expresar. En la compañía hacemos danza clásica y contemporánea, y las dos me gustan mucho. Me han encasillado más en la clásica, pero me interesa también la contemporánea. Me parece como una investigación propia más abierta, la clásica es más cerrada.

-¿Qué ha aprendido?

-He desarrollado mucho la paciencia. De pequeña no tenía nada, pero con el tiempo he logrado coger más distancia, no ser impulsiva, tener más calma, y eso es muy importante, porque las cosas no se consiguen rápido. Tienes que darte tiempo a ti misma, buscar tu camino y hacer el trabajo tuyo, no como lo hace el otro.

-¿Su recorrido ha sido duro?

-Para las bailarinas es duro siempre. Alguna puede decir: 'Yo no tuve ningún problema' o 'Lo conseguí rápido', pero es complicado que eso pase. El arte es muy personal, y el criterio puede ser un tanto volátil. Es como un cuadro, alguien puede verlo y decir: 'No me gusta nada', o, por el contrario, encantarle. También están las lesiones. Y no siempre nos enseñan cómo afrontarlas.

-¿En su caso, ha tenido muchas?

-No. Nunca me han operado, tengo muchísima suerte. La lesión más gorda que he sufrido me la hice el pasado noviembre. Me torcí el tobillo de una forma un poco violenta estando en escena. Pensaba que no era nada y continué. A veces piensas que eres irrompible y fuerzas y fuerzas hasta que te rompes. En mi caso, llegó un día en que ya no pude andar. Me inmovilizaron el pie y me pusieron muletas. Nunca me había visto así. De hecho, no sabía andar con ellas y me costó aceptarlo. Son cosas tontas, pero, por ejemplo, para coger algo del suelo no flexiono las rodillas, y de repente, no poder apoyar un pie, no poder ducharte sola, etc. Fue fuerte.

-¿Cómo fueron sus comienzos en la Compañía Nacional de Danza?

-Me llamaron en diciembre [de 2013]. La prueba para entrar había sido en julio y ya no esperaba que me llamaran. Fue una sorpresa. Cuando me dijeron que tenían un contrato para mí y que empezaba en dos semanas me quedé en 'shock'. Estaba sola en casa y recuerdo que no paraba de saltar. Esa imagen no se me va a olvidar nunca.

-Estos años con José Carlos Martínez al frente de la CND, ¿cómo han sido?

-Hemos tenido de todo. Estamos en España, y es complicado, porque no hay muchos apoyos, y a los bailarines no se nos entiende mucho. Nosotros somos funcionarios temporales laborales, trabajamos para el Estado, pero no somos indefinidos. Estamos en un limbo que muchas veces cuesta manejar, y debido a eso hemos tenido nuestros claros y oscuros. Cuando [José Carlos Martínez] llegó, se encontró una compañía totalmente diferente a lo que hay ahora. Antes solo se hacía un estilo, y él la ha llevado a la diversidad. Se baila clásico, como 'Don Quijote', 'Cascanueces'; 'Carmen', que ha tendio mucho éxito, y también contemporáneo. La compañía ha ido creciendo.

«[A Joaquín de Luz] Ya le conocemos como bailarín, estuvo con nosotros en'Don Quijote'»

Expectante

-Con Joaquín de Luz, la CND inicia ahora una nueva etapa.

-Sí, y estamos todos expectantes. [A Joaquín de Luz] Ya le conocemos como bailarín, estuvo con nosotros en 'Don Quijote'; se le invitó a bailar el rol principal. Se ha retirado hace poco de los escenarios y este próximo miércoles será su primer día en la compañía.

-¿Vértigo?

-No. El vértigo lo vivimos hace unos meses cuando nos hicieron pasar por un proceso selectivo. Eso nunca había ocurrido antes, y si se había hecho, niguno lo conocíamos. Tuvimos que presentarnos todos los que no somos indefinidos, que somos la mayoría de la compañía, y podías irte a la calle. El vértigo estuvo ahí, porque no solo era pasar la prueba sino mantenerte sano para poder hacerla. No sabíamos bien qué podía pasar si no podías llegar bien. Afortunadamente, el grueso de la compañía pasó.

-¿Hubo quien se quedó?

-Sí, no mucha gente, pero sí. El cambio de director lo tomo como una experiencia. Los cambios hay que tomarlos de forma positiva.

-¿La danza es una forma de vida?

-Sí, totalmente. Es imposible que sea solo un trabajo: siempre vas a intentar mantenerte en forma, comer bien...; escuchas música y es imposible que no te imagines bailando...

-¿Qué le impulsa?

-La creatividad y la exploración personal, el movimiento del cuerpo, la música.

-¿Y la coreografía, le atrae?

-Sí, de hecho, tengo pensado crear algo este año. Me gustaría que pudiera ser dentro de la compañía, pero si no, ya veré.

-¿A qué otras cosas le presta atención?

-Hace dos o tres años empecé a hacer escultura en una escuela de arte en Madrid, y me encantó. Ya había probado la pintura y el grabado, y me quedaba la escultura. El hecho de trabajar con las manos me gusta mucho.

-¿Consigue lo que se propone?

-Para mí no es importante; en ocasiones consigues cosas que no esperabas y te hacen sentir muy bien. Hay veces que consigo lo que quiero y otras no, pero la vida no es conseguir cosas; y tampoco depende siempre de ti. Hay una parte de suerte, de estar en el lugar adecuado, caer bien... Lo importante es que lo que de ti dependa esté al máximo y que estés contenta con lo que haces.

-¿Ha dicho muchas veces 'no'?

-No sé, creo que no. Intento compaginarlo todo. En cuanto a proyectos, casi siempre me subo al carro.

-¿Qué consejo sigue siempre?

-Me marcó una frase que me dijo una compañera cuando, con 15 años, tenía que decidir si irme o no Madrid para seguir formándome. Mis padres dejaron que yo tomara la decisión e hice una lista de pros y contras. Ella se había ido y había vuelto y quise preguntarle por qué. Me dijo: 'Mira, a mí no me ha ido bien, pero puedes probar, y para volver siempre hay tiempo'. Y es cierto, siempre puedes volver al punto de partida.

-¿Qué ha sido una sorpresa?

-Por ejemplo, una visita de mis padres a Granada hace poco. No estaba pasando una buena época y decidieron ir a verme. A las once de la noche aparecieron en mi hotel.

-¿Cómo afronta los días tristes?

-Depende de cómo me encuentre de fuerte, pero, por lo general, tiro de mis padres. Casi cada día llamo a mi madre. El móvil es un invento fantástico para algunas cosas, para otras, no tanto.

«Me inmovilizaron el pie y me pusieron muletas. Nunca me había visto así. Me costó aceptarlo»

Feliz

-¿A quién admira?

-Cuando era pequeña me fijaba más en gente del ballet, pero ahora abro más el abanico. Me gusta mucho, por ejemplo, Ona Carbonell, o Rafa Nadal. Son personas que han tenido lesiones importantes y han vuelto. Y como deportistas son maravillosos.

-¿Son una referencia?

-Sí, compartimos muchos aspectos. El ballet también tiene una parte deportiva.

-¿Le asusta el futuro?

-Particularmente, no. Soy muy inquieta y me gustan muchas cosas: la escultura, la pedagogía, el cine... Si solo me gustara el ballet sería distinto, pero bueno, también tengo 27 años, igual me haces esta misma pregunta dentro de ocho y digo que sí.

-¿Con qué sueña?

-Con mirar atrás y poder decir: 'He tenido una vida feliz'. Es de una película que vi hace poco y me hizo reflexionar.

-¿Qué película?

-'Yesterday' [de Danny Boyle]. No soy mucho de los Beatles, pero mi novio sí. Al final de la cinta le hacen una entrevista al protagonista y le dicen: 'No has triunfado', y él responde: '¿Cómo que no? He tenido una vida plena y feliz. Eso es triunfar'. Pensé: 'Ojalá yo pueda mirar atrás y decir que he tenido una vida feliz'.

-¿Qué libro recomienda?

-'La bailarina de Auschwitz', de Edith Eger.

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Danza