La espada impide a Ureña un gran triunfo en Madrid

Ureña, metido en faena con la muleta, ayer, en Las Ventas./ Javier Lizón / EFE
Ureña, metido en faena con la muleta, ayer, en Las Ventas. / Javier Lizón / EFE

Las Ventas registró un lleno hasta la bandera para despedir la Feria de San Isidro. El lorquino reapareció tras la recuperación en tiempo récord de una lesión en las vértebras. El Rey, que siguió desde una barrera la Corrida de la Prensa, fue ovacionado por la afición

F. OJADOSMadrid

La plaza de toros de Las Ventas se vistió ayer de gala para despedir una Feria de San Isidro de las más interesantes de los últimos años. Fenomenal ambiente en la Corrida de la Prensa, que no se perdió ni el mismo Rey Felipe VI, que se llevó una de las grandes ovaciones de la tarde al ocupar su asiento en una barrera del tendido 9.

Quiso premiar la afición de Madrid el esfuerzo de Paco Ureña de reaparecer en el último festejo de la Feria, ante toros de Victorino, con las vértebras maltrechas por una cogida en su preparación en el campo el pasado 19 de mayo. Recuperación en tiempo récord que el público premió con una gran ovación al romperse el paseíllo. Poco falto para que la tarde fuera histórica para el de Lorca.

Ganadería
Seis toros de Victorino Martín. Corrida seria y limpia por delante y armónica en su presentación. Deslucido el primero, encastados los tres siguientes, venido a menos el quinto y con peligro el sexto.
Manuel Escribano
De gris plomo y oro; silencio en ambos.
Paco Ureña
De verde esperanza y oro; ovación con saludos tras aviso y silencio tras aviso.
Emilio de Justo
De burdeos y oro; silencio tras aviso y ovación con saludos tras aviso.
Observaciones
Lleno de no hay billetes. Presenció el festejo desde una barrera el Rey Felipe VI. Al romper el paseíllo, el público tributó una ovación a Paco Ureña, obligando al diestro a saludar desde el tercio.

Ya de primeras se vio la disposición de los toreros. Escribano no dudó en cruzar el ruedo para esperar al primer Victorino a porta gayola. No pudo alborear la larga cambiada, al salir el astado andando y desentendido. Puso entrega en las verónicas y protagonizó el tercio de banderillas el de Gerena. Tuvieron lustre los dos pares de poder a poder con los que abrió y abrochó el tercio. Tras el brindis protocolario al Rey, se dobló por bajo con el albaserrada, para después, con buen pulso con la zurda, embarcar una embestida deslucida por sosa. Por el derecho el burel sabía lo que se dejaba detrás. Abrevió Manuel, que acabó de estocada caída.

Banderillas

Volvió el sevillano a tomar dirección a la puerta de chiqueros para recibir al cuarto, otro Victorino que, con sus matices, mantuvo el interés. El recibo tuvo chispa, con la larga cambiada y las verónicas engarzadas en el mismo terreno. En banderillas apostó fuerte Escribano, cerrando el tercio con un par al quiebro citando sentado en el estribo. Luego la faena no tomó el vuelo deseado. El burel se metía por los adentros y Manuel lo toreó con pulcritud, pero sin llegar a conectar con la grada.

Conseguida la heroicidad de vestirse de torero en tarde de tanto compromiso, recibió Ureña a Escogido, segundo de la tarde. Largó capa, intentando romper la embestida hacia delante, pero el cárdeno acabó por arrebatarle la tela, buscando los tobillos. Paco puso de largo al caballo al bovino y éste acudió pronto. Compartió el brindis al monarca con el público. Fue toro de serio comportamiento, con la virtud de la fijeza. En la segunda raya le puso la muleta plana el lorquino. Excelente colocación del torero, que cuajó una primera tanda en la que puso al público expectante.

Las tres series que vinieron después fueron de una intensidad abrumadora. Las dos con la diestra, con el matador perfectamente colocado, ligando por abajo, tuvieron un empaque supremo y la tanda al natural fue de una verdad absoluta. Faena de premio grande, que se escapó por la colocación de la espada. Y eso que Ureña se fue detrás de la tizona de forma casi suicida. Tardó el toro en caer y tuvo que tomar el descabello. La ovación tras el aviso fue premio de consolación para la imponente obra del lorquino.

Ovacionado de salida fue el quinto de la tarde por su trapío. Apretó para los adentros cuando quiso torear de capa Ureña, hasta desarmar al diestro. Incierto fue el Victorino en los primeros compases de faena de muleta. Lo metió en la canasta Paco en las dos primeras tandas de toreo en redondo, a base de consentir y hacer todo a favor del toro, que repitió en los muletazos de excelente trazo del lorquino. No respondió la res en el toreo al natural y le costó a Ureña volver a remontar la faena con la diestra, al quedar ya el toro con medias embestidas. Lo intentó el matador, que se cruzó al pitón contrario y se dejó pasar muy cerca los pitones. Mató de estocada. La puerta grande que merece tendrá que esperar.

Solvencia

El tercer Victorino fue toro interesante. Lo lidió con solvencia de capa Emilio de Justo, que volvía a Las Ventas después de una larga ausencia de ocho años. Saludó en banderillas Morenito de Arles antes de corresponder el matador con el brindis al jefe del Estado. Puso de su parte el cacereño, que echó la muleta por delante para intentar ligar. Cuando lo consiguió, y el astado, con un derrote molesto, no le tocó las telas, aquello tuvo entidad, porque el torero también tuvo valor para afianzar las zapatillas.

El trasteo fue una sierra, con picos y valles, y cuando quiso apretar el diestro ya le costó pasar al cornúpeta. La estocada tuvo mejor ejecución que colocación, por lo trasera y tendida. Tuvo que tomar el descabello.

Desarrolló sentido el sexto. En banderillas esperó y no hizo presa con los banderilleros porque al quite estuvo impecable José Luis Neiro. Toro con peligro evidente, también por ello de emoción palpable Apostó con valor De Justo. Se cruzó al pitón contrario, a sabiendas que cualquier embestida lo podía mandar al hule y dejó poso de buen profesional. La estocada, por caída, resultó fulminante y algún pañuelo afloró.

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Lorca, Toros
 

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