Coco Guzmán: «La vida no es limpia»

Coco Guzmán, con su intervención en La Habana, donde plasma su simbología queer. / Sandra brewster
Coco Guzmán, con su intervención en La Habana, donde plasma su simbología queer. / Sandra brewster

La murciana afincada en Toronto interviene en la exposición 'Ad Infinitum', la única compuesta solo por mujeres artistas en la XIII Bienal de La Habana

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

Coco Guzmán (Murcia, 1979) ríe como una pillina cada vez que su arte se asocia a su lado gamberro. «Es que tengo poco respeto por la autoridad artística. No me gusta la élite del arte ni que el arte sea tan limpio, porque creo que la vida no es limpia, ni la sociedad en la que vivimos tampoco es limpia». Por eso afirma que el hecho de que la identifiquen como artista queer -una definición empleada para el arte que descarta los arquetipos establecidos en torno a lo heterosexual y lo homosexual-, que para algunos puede ser un insulto y para otros es motivo de orgullo, «tiene su punto gracioso». Afincada en Canadá y graduada en Literatura en París y en Arte en Francia, Coco Guzmán ha desarrollado su carrera artística en la ciudad más diversa del mundo, Toronto, donde acaba de finalizar un máster, y participa estos días en 'Ad Infinitum', única apuesta íntegramente femenina en la XIII Bienal de La Habana. Este proyecto se une a una larga nómina de colaboraciones que hacen de esta murciana una artista global. Su exposición 'Genderpoo' ya pudo verse en el Centro Párraga y en CentroCentro Madrid en 2018 dentro de 'El porvenir de la revuelta', propuesta sobre la memoria y el deseo para visibilizar la diversidad.

La vida no es limpia, insiste Coco, «porque está llena de complejidades, todo ocurre al mismo tiempo, lo bueno y lo malo, puedes llorar por la noche y reírte por la mañana, puedes querer a una persona y otras veces olvidarla... Las cosas no son blanco y negro, tienen muchas capas y no se pueden leer de manera directa. La vida está llena de injusticias, y me parece importante reconocer que es imposible comprenderlo todo». Por eso, tiende a crear capas en su trabajo, y en «obras serias», como la que le ha llevado hasta La Habana, «trato de incorporar el punto de vista más cómico de la vida, porque si no no sobreviviríamos». La idea de jugar, y la del placer, es muy subversiva en el sistema capitalista en que vivimos, opina Coco, «y yo reivindico dibujar sobre la pared, porque me parece un acto subversivo claramente. Porque, a lo mejor tú no, pero yo es lo que siempre he querido hacer desde pequeña, ¿no? ¡Y encima ahora me pagan por eso! Seguramente, si me lo dicen hace 30 años, habría recibido una bronca».

La exposición en la que participa en Centro Arsenal Habana trata sobre la dualidad: vulnerabilidad y resistencia, desarraigo y maternidad, mutilación y sanación, desmemoria y humanidad... Catorce mujeres de ocho países (Cuba, España, Irán, Canadá, Albania, Serbia, Perú y Guatemala), en una muestra comisariada por Magda González-Mora, que califica la propuesta de «compasiva y necesaria». La murciana intervino el cuarto de baño del Arsenal, «porque mi exposición trata sobre la simbología de comunidades e identidades que normalmente están invisibilizadas. Es una exposición seria, pero con un toque de humor, y con dibujos vectoriales muy simples, impresos en papel en blanco y negro», detalla. «Estaban renovando el segundo piso de la galería y pregunté a la comisaria cuando vi el espacio si me dejarían intervenirlo, aunque luego tendrán que seguir renovándolo. Lo que hice fue integrar lo que yo estoy haciendo ahora más, que son dibujos en tres dimensiones, instalaciones con dibujos y esculturas. La Bienal de La Habana tiene artistas de todo el mundo, y es una expresión muy fresca y accesible, y por eso se me ocurrió mezclar todo eso. Los papeles están pegados con papel de encolar, y para quitarlos hay que echar abajo el cuarto de baño», cuenta a 'La Verdad', en su último día en Murcia, antes de retornar a Toronto.

«Reivindico dibujar sobre la pared, me parece un acto subversivo claramente, lo que siempre quise hacer»

Estuvo una semana en La Habana, y realizó este trabajo en dos días: uno lo dedicó a dibujar, porque los materiales que traía no eran todos adecuados para el espacio, y el segundo para incorporar los papeles, con la ayuda de un asistente de la galería, René. El tono de la obra es «más juguetón», dice la comisaria, ya que reflexiona sobre los prejuicios que enfrentan aquellos que se salen de las normas establecidas. Su exposición 'Genderpoo' (2008) ha recorrido medio mundo proponiendo «interesantes vandalismos» y creando nuevas simbologías. Solo a ella se le ocurriría poner bigote a una sirena. «Hay muchas identidades, ya sean comunidades feministas o 'cuir'. He añadido símbolos nuevos, realizados expresamente para la Bienal, sobre violencia machista e inmigración en el Mediterráneo. Este es el único cuarto de baño de la galería, de modo que la gente lo tiene que utilizar. Me apetecía que la obra, que lleva por título 'Ver o no ver', se hiciera en ese espacio íntimo, donde nadie te ve, y en el que tienes que interactuar con los dibujos. Porque tienes que pisarlos, y sentarte en la taza, que también está pintada. La gente se corta mucho, y quería suscitar esas cuestiones, pensar en lo que se ve y no se ve. Además, desde este cuarto se puede espiar otra sala, de modo que se juega con la visibilidad y la invisibilidad. En los dibujos no se ve nunca el género de lejos, te tienes que acercar y tú decidir qué es esa persona. ¿Se puede hacer arte en un cuarto de baño? Pues sí».

«¡Si me invitan, voy seguro!»

A principios de año, la obra de Coco Guzmán pudo verse en la OCAD University, en Toronto, bajo el título 'Las cosas que se quedan/The things that remain', sobre el capitalismo gore y los efectos del turismo de masas en el sureste español. En 2015, en el proyecto 'Los fantasmas/The ghosts', rescató historias silenciadas inspirándose en las vidas de los desaparecidos del franquismo. En Montreal tiene su casa, su pareja y su perro, pero la artista está tejiendo desde hace años lazos con otros artistas queer de la Región de Murcia, donde asegura que hay una efervescencia sorprendente, y de España, donde le gustaría pasar más tiempo. «Llegué a Montreal con mis cómics y mis fanzines, me ayudaron mucho esas pequeñas publicaciones. Hay un sistema público de centros autogestionados y un sistema de becas con el que yo he tenido mucha suerte. Y el trabajo de los artistas se paga. Pagan por exposiciones. Y hay un sindicato de artistas potente. Pero me encantaría volver a España, tener más lazos aquí. ¡Si me invitan, voy seguro! Siempre quiero volver a Murcia».

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