«Tenía miedo a meterme en algunos terrenos; hoy es fácil molestar»

La directora de cine lorquina Silvia Rey./
La directora de cine lorquina Silvia Rey.

La realizadora lorquina opta al Goya a mejor cortometraje documental por 'Wan Xia, la última luz del atardecer', una cinta sobre la comunidad china Silvia Rey Canudo Directora de cine

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

La última luz del atardecer es, recoge Silvia Rey Canudo (Lorca, 1977) de sus conversaciones con varios miembros de la comunidad china en el madrileño barrio de Usera, «la más brillante»; «el mejor -hace suyas las palabras de esta generación de inmigrantes- momento de la vida». El que, añade, se disfruta después de años de duro trabajo. Rey es autora del trabajo documental 'Wan Xia, la última luz del atardecer' (2018), nominado al Goya a mejor cortometraje de este género junto a otros tres títulos: 'El tesoro', de Marisa Lafuente y Néstor del Castillo; 'Gaza', de Carles Bover y Julio Pérez del Campo; y 'Kyoko', de Joan Bover y Marcos Cabotá.

Con él se adentra en el quehacer diario de una generación de inmigrantes chinos, la que llegó a España en los años 80 y de la que, afirma Rey, apenas se conoce nada. Han vivido la Segunda Guerra Mundial, la revolución comunista de Mao, el 'boom' económico español, la crisis... Ahora están jubilados, y siguen mirando al país que les vio nacer. El trabajo de Rey, el cuarto de su trayectoria como directora de cine -en 2012 firmó el largo 'Dios sabe', sobre los terremotos de Lorca, y también ha dirigido 'Saldremos de la crisis' (2016) y 'El puerto, no' (2015)-, ha recibido el premio del jurado al mejor cortometraje nacional en DocumentaMadrid y el Caracola al mejor corto en el certamen de cine de Alcances, en Cádiz. El próximo 2 de febrero se conocerá si también a este currículo suma el Goya.

-¿Qué quería contar con este documental?

-La película es una reflexión sobre la primera comunidad china que llegó a Madrid en los años 80, una generación de la que no se sabe casi nada y que las leyendas urbanas dicen que no existe y ha desaparecido. Y sin embargo, es una generación superinteresante. La cinta está grabada en un centro de mayores y se centra en la vida de los ancianos que acuden a él diariamente. Están en el último momento de sus vidas, lo que ellos llaman la última luz del atardecer, y no saben si quedarse en España, donde están sus hijos, o si vuelven a China con sus padres o hermanos, porque los lazos con el lugar de origen son muy importantes; hay un refrán chino que dice que la hoja que cae siempre vuelve a la raíz.

«Tenemos la idea de que la comunidad china solo trabaja y apenas habla, y que su relación con nosotros es muy austera»

«Este trabajo es como un gran viaje a China sin salir del país. Me ha ayudado mucho a entender el mundo, y a verlo de una forma diferente»

-¿Por qué se interesó por ellos?

-En general, me interesan todos los colectivos que, de alguna manera, se han quedado marginados o aislados de la sociedad. Económicamente, son personas que se han integrado bien, pero no ocurre lo mismo en el terreno cultural. Aquí las diferencias son muy grandes, al margen del problema del idioma. Siguen viviendo encapsulados en la China que dejaron, que tampoco es exactamente igual a la de ahora. Cuando estás con ellos en el centro de mayores, ves que toda la iconografía que hay, y todo lo que hablan hace referencia a la China de los 80, algo muy chocante para los jóvenes chinos. Este era un tema que me interesaba mucho, y que, conforme fui adentrándome en él, me atrapó más. Me llamó la atención cómo viven la vejez y me gustó mucho la idea de que, para ellos, la última luz del atardecer es la más brillante. Después de años de trabajo, de repente, tienen tiempo libre, y lo invierten en divertirse, en aprender a tocar instrumentos, algunos incluso en aprender español... Son muy entusiastas.

Trabajo especial

-¿Qué cree que aporta esta cinta a la concepción que la sociedad actual tiene de la comunidad china?

-Creo que humaniza mucho. Tenemos esa idea de que la comunidad china solo trabaja y apenas habla, y que su relación con nosotros es muy austera, así que verlos de repente riéndose, bailando y divirtiéndose sorprende, y entiendo que si me sorprende a mí, también lo hará a mucha gente. La cinta también muestra su fragilidad. Viven aquí desde hace cuarenta años, pero no saben el idioma ni casi nada de nosotros. Para ellos, somos misteriosos. Las diferencias de comunicación y culturales son grandes, pero, en el fondo, puedes sentir empatía igual.

-¿'Wan Xia' es un trabajo especial para usted?

-Es mi segundo proyecto más importante, después de la película que hice sobre Lorca, que fue muy especial. Para mí, este trabajo es como un gran viaje a China sin salir de nuestro país. Me ha ayudado mucho a entender el mundo y a verlo de una forma distinta.

-«Cuando las cámaras se van, comienza lo que a mí me interesa». Es una frase suya. ¿Hay muchas historias que no se cuentan, a pesar de que ocurren a nuestro alrededor?

-Totalmente. La vida es muy compleja; si tienes la paciencia suficiente para ver y descubrir y te mueves sin ideas preconcebidas, te das cuenta de que la complejidad de la existencia es más interesante de lo que, por la inmediatez de la noticia, los medios nos están contando. Cuando profundizas, hay mucho más que contar: cosas nuevas, cosas que igual pueden parecer políticamente incorrectas, pero que en realidad no lo son, y sí, creo que las historias son infinitas y por eso el terreno documental es importante. Desde la ficción, nunca podría haberme imaginado cómo viven los ancianos chinos.

-¿La nominación al Goya es ya un premio?

-Es un regalo increíble. Estar nominado ya es un premio muy importante para mi currículo, y espero que le pueda dar más recorrido a la cinta.

-¿Qué sensaciones ha recibido del público?

-En general, el corto ha tenido muy buena recepción. Tenía un poco de miedo a meterme en algunos terrenos, porque hoy parece que es muy fácil molestar a alguien. Aunque creo que, si los propios chinos que han podido ver la cinta consideran que en ella no hay nada ofensivo, sino que lo que se ve son ganas de conocerse, no debe de haber ningún problema. Hay un momento muy divertido en la película en el que [los usuarios del centro de mayores en el que está rodado el corto] hablan de mí, no saben muy bien quién soy ni qué estoy haciendo, y justo surge un problema con el karaoke y creen que hemos sido nosotros [ríe].

Rey es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid y ha realizado estudios de creación documental en la Pompeu Fabra de Barcelona y de guion en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de México, ciudad en la que estuvo viviendo durante tres años. Con 13 se marchó, junto a su familia, a la capital española. Allí reside ahora, pero sigue vinculada a Lorca, donde sus padres conservan una casa familiar. A la ciudad lorquina volvió hace siete años para relatar en imágenes las heridas que se abrieron en la localidad tras los terremotos de mayo de 2011. «Cuando eres de Lorca, eres de Lorca para siempre», asegura la cineasta.

 

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