Caldero en cinco (sabrosos) pasos

Los maestros del Venezuela, en acción./Martínez Bueso
Los maestros del Venezuela, en acción. / Martínez Bueso

Pachi Larrosa
PACHI LARROSA

Empezamos bien. Viendo, escuchando pero también tocando y saboreando. Primera jornada de degustaciones, que es la mejor manera de comenzar un congreso de gastronomía. Y así lo entendió Pepe López, del Hotel La Paz, que habló (y cocinó y ofreció) cocina ciezana renovada. Entre otras cosas, el numeroso público de la sala de ponencias probó su versión de ensalada murciana, una bomba de tomate en la boca, y 'El chapeo', una especie de escalibada. «¡Está muy bueno, papá!», se escuchó una voz infantil entre el público, procedente de alguien probablemente partidario del cocinero. Las degustaciones fueron 'in crescendo' con la ponencia de los propietarios del restaurante Venezuela. José Luis y José Antonio Jiménez dieron toda una lección magistral sobre este emblema de la gastronomía murciana. «Lo del ajo es una barbaridad. Los pescadores nunca pusieron ajo al arroz caldero», aseguraron, en una proclama plena de sentido común. Los asistentes probaron las tripas del pescado con tomate, las 'cabecicas' fritas y el caldo del caldero, para terminar achuchando al arroz. Tomó el relevo Patricia Pérez, de Panadería José Antonio, con todo un auténtico trampantojo: langostinos de chocolate. Oigan, mismamente langostinos de apariencia. Pero hechos con chocolate. Y finalmente, en este gozoso capítulo de probaturas, el pastel de carne y el de Cierva, con Valerio García, de Pastelería Ignacio, y Francisco José Pardo, de La Peladilla. Lo que se dice puro empirismo gastronómico a mayor gloria de los paladares del respetable.