El autogiro celebra los 95 años de su primer vuelo en Cuatro Vientos

Imagen del primer vuelo en autogiro, el 31 de enero de 1923, en el aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid./
Imagen del primer vuelo en autogiro, el 31 de enero de 1923, en el aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid.

«Fue el culmen de un camino trepidante y angustioso», afirma José Antonio Postigo, autor del libro 'Juan de la Cierva y Codorníu'

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

El 31 de enero de 1923, el cielo del aeródromo madrileño de Cuatro Vientos era testigo del primer vuelo de una aeronave de alas giratorias. En ella viajaba el teniente Alejandro Gómez Séiquer, quien con este ascenso continuado conseguía certificar el éxito del invento realizado por el ingeniero murciano Juan de la Cierva y Codorníu: el autogiro. Apenas una semana antes, en concreto el 22 de enero del mismo año, De la Cierva ya logró elevar del suelo su aeronave en un paseo que tuvo lugar sobre el cielo de Getafe, también en Madrid, pero este sin carácter oficial. De ambos hechos da cuenta el profesor ya jubilado de la Universidad de Murcia (UMU) José Antonio Postigo en su libro 'Juan de la Cierva y Codorníu', publicado en 2017, en el que recoge el trabajo desarrollado por De la Cierva a lo largo de cinco lustros para crear y perfeccionar el que, años más tarde, se convertiría en el precursor del helicóptero. Y en ese logro, recuerda Postigo, es decisivo el vuelo de Gómez Séiquer sobre Cuatro Vientos, del que mañana se cumplen, exactamente, 95 años.

Realizado en un circuito cerrado, el preceptivo por la Federación Aeronáutica Internacional (FAI) para poder considerar el invento «como un nuevo aparato volador», precisa Postigo, el vuelo sobre Cuatro Vientos obtuvo el visto bueno el 1 de febrero bajo la firma del comandante Emilio Herrera Linares. En el documento, incluido junto a dos fotografías de los vuelos en Getafe y Cuatro Vientos en los fondos que, sobre De la Cierva, conserva la Real Academia Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, se afirma que la aeronave efectuó «tres vuelos», cubriendo, en el último de ellos, una distancia de «unos cuatro kilómetros en un tiempo de tres minutos y treinta segundos, y alcanzando una altura superior a 25 metros sobre el terreno», texto que también recoge en su libro Postigo, dedicado durante años al estudio de la figura y obra de Juan de la Cierva, todavía, lamenta, «muy desconocida entre los murcianos».

El vuelo en Cuatro Vientos, cuya efeméride se celebra mañana, fue «el culmen de un camino -afirma Postigo- trepidante y angustioso, por lo incierto». «De la Cierva quería conseguir ver su idea o imaginación 'autogirística' despegando de un aeródromo, y lo consiguió, como un titán de la ingeniería ve realizada su obra para bien universal», describe Postigo, en cuyo libro también detalla los obstáculos que el ingeniero murciano, fallecido en 1936 en Inglaterra, tuvo que superar para hacer realidad su gran proyecto aeronáutico.