Antonio Ortega se asoma a los claroscuros del mundo rural de los años 60 y 70 en 'La edad de la inocencia y otros relatos'
Literatura ·
El crítico literario de 'Ababol' y profesor durante 12 años del IES Ibáñez Martín de Lorca presenta este jueves, a las 20 horas, en el Palacete Huerto Ruano su último libro junto a Pedro Felipe Sánchez Granados y Juan Grima: «Hay un poco de herida todavía, y por ahí saldrán seguramente muchas más historias que permanecen en el olvido»El filólogo Antonio Ortega (Huércal-Overa, Almería, 1959), crítico literario del semanario 'Ababol' de LA VERDAD desde 2004, profesor de la UNED y durante doce ... años director del IES Ibáñez Martín de Lorca, reúne en el libro 'La edad de la inocencia y otros relatos' quince textos, la mayoría enfocados a su historia personal desde la guerra civil hasta los años 80. «Umbral decía que siempre escribe uno de sí mismo. Esto no es una biografía, yo he intentado hacer literatura. Pero es verdad que este libro tiene mucho que ver con el paraíso personal que se esconde en estos campos del sur», reconoce Ortega.
Habla de su historia y de muchas otras historias en esa España rural de los años 60 y 70, el momento en que, aunque fuera oscuro y triste por lo consolidado del franquismo, solo podía desembocar en un mundo más moderno, admite el autor, que forma parte del grupo poético Espartaria y ha publicado otras obras anteriormente, como 'Estéticas de la complicidad' (1995), libro de ensayos literarios; 'Diecinueve cuentos literarios' (2001), y ha sido editor de antologías de poesía ['Diez de diez' (2007), en la Editora Regional, y 'La fuente de plata' (2015)]. Ortega se apena si piensa en que esta España de la que habla en sus relatos es la más olvidada, «porque casi siempre se cuenta la historia de los vencedores, pero en mi libro hay más perdedores que vencedores».
Ortega presenta este jueves, a las 20 horas, en el Palacete Ruano de Lorca, el libro 'La edad de la inocencia y otros relatos', acompañado por Pedro Felipe Sánchez Granados, poeta, narrador y estudioso de la Literatura, y por el editor del volumen, Juan Grima, impulsor de Arráez Editores, que desde Mojácar suele publicar obras de temática almeriense. En los años 60, Ortega era un niño todavía, las penurias de la guerra sobrevivían, pero emocionalmente España quería ser de otra forma. «Los años 60 son mi niñez completa, y, aunque hay saltos en el tiempo y algunas escenas inventadas, lo cierto es que la victoria franquista influyó mucho en la vida rural, que fue una vida oscura, y apenas participaba la gente de la vida social. En ese tiempo, el campo era de una soledad absoluta y si, además eras del bando perdedor, todo era lesivo contra uno, era muy difícil sobresalir».
«Los años 60 son mi niñez completa. La victoria franquista influyó mucho en la vida rural, que fue una vida oscura, y apenas participaba la gente de la vida social. En ese tiempo, el campo era de una soledad absoluta y si, además eras del bando perdedor, todo era lesivo contra uno»
Antonio Ortega
Hay un cuento en el que habla de la inauguración de un pozo de agua, y el autor señala que su familia no puede ir al acto porque se lo prohíbe la Guardia Civil. «El que está alejado de los gerifaltes de cada pueblo tiene siempre un problema y un poco de miedo por si le dan algún susto. La visión que ofrezco es la visión de una vida difícil y al acecho de gente que lo tuvo difícil, y solo su esfuerzo, su trabajo y su capacidad para sobrevivir y resistir consiguió hacer sacar adelante a sus hijos».
El padre de Antonio Ortega fue emigrante, y ahora sí entiende, admite el crítico y escritor, tras 40 años de profesor y en Lorca 30, «los problemas que enfrenta la gente que viene de otros continentes». En su infancia, su padre intenta buscarse la vida saliendo de España, «y ese hecho concreto, la situación política española, el silencio y la soledad de mis abuelos y mis padres que no querían contar nada de los hechos tan duros que vivieron en los años 40 y 50, es lo que yo cuento, el devenir de esos acontecimientos también en mi propia historia». En algunos relatos describe el ambiente de un espacio mítico, Los Reyes, que concibe pensando siempre en la Mágina de Antonio Muñoz Molina o el Macondo de Gabriel García Márquez, dos autores a los que ha leído mucho, «y sirvió de alimento para que estos relatos salieran adelante».
Similitudes geográficas: el ejemplo de 'Fosca'
Inma Pelegrín, recientemente ganadora del Premio Lumen de Novela con 'Fosca', también ubica su trama literaria en un terreno indefinido entre la Región de Murcia y Almería. Hay muchas similitudes geográficas entre ambas provincias. «Quizás entre el norte de Lorca y Huércal-Overa la vida era muy parecida, la novela 'Fosca', que he leído y me encanta, crea una atmósfera rural que es casi un thriller, una historia de miedo, partiendo de una historia familiar del campo puro y duro, y a mí me ha gustado mucho lo que ha construido lingüísticamente hablando».
En los últimos años, explica Ortega, han surgido novelas que tienen que ver con el campo, y especialmente tras las aportaciones de Llamazares y sus novelas del campo, y de Sergio del Molino y la 'España vacía'. «A raíz seguramente de los años de la pandemia, la gente ha mirado para otro lado buscando dónde me pongo. Y las novelas que tienen que ver con el mundo rural han despertado un poco la pasión por este tipo de novelas, y están teniendo mucho éxito, como por ejemplo 'La península de las casas vacías' de David Uclés, que enlaza la guerra civil y las consecuencias posteriores. Esto nos dice que las heridas de la guerra y de la posguerra no están del todo cerradas, hay todavía en la memoria muchos miedos, muchas desesperanzas y muchas historias sin terminar, hay un poco de herida todavía, y por ahí saldrán seguramente muchas más historias que permenecen en el olvido».
«Las historias particulares de un pueblo, con sus rencores, sus traiciones e incluso con su incultura en la América profunda, no tienen mucha diferencia con una historia de una zona rural de Murcia o Almería»
Antonio Ortega
Autor de 'La edad de la inocencia y otros relatos'
Dice Pedro Felipe Sánchez Granados que la literaria más auténtica se nutre de tramos de la propia experiencia guardados en el hondón de la memoria y los recuerdos. Y cita a David Foster Wallace, uno de sus autores predilectos, y también de Antonio Ortega: «Foster Wallace a mí me maravilla, terminó trágicamente, pero de su historia personal surgen novelones excelentes, como 'La broma infinita'. Ahora me gusta mucho como novedad un escritor que se llama Chris Offutt, que tienen que ver con el mundo rural de Estados Unidos, y lo comparo con 'Fosca' de Inma Pelegrín. Las historias particulares de un pueblo, con sus rencores, sus traiciones e incluso con su incultura en la América profunda, no tienen mucha diferencia con una historia de una zona rural de Murcia o Almería». De eso se nutre también Antonio Ortega para darle a los relatos algún tipo de mundo ficticio o de fantasía que los separe de su yo, pues su intención, aunque lo parezca, nunca fue escribir una biografía.
Cualquier territorio tiene magia, «y en el mundo rural hay un mundo que late, donde se vive, se sufre y se siente. El origen de la ficción, de la literatura, está en la mente de la gente, y la gente también estaba en el campo, de modo que la recuperación de todo eso tiene mucho que ver también con frenar un poco la potencia enorme del mundo urbano y cosmopolita, que va aceleradísimo, e impide en muchos casos reflexionar y ver serenamente cómo funciona la vida». ¿Esa modernidad y esa velocidad del mundo de hoy llega difuminada al entorno rural? «En el mundo rural la modernidad está a años luz, el mundo que rodea a la gente del campo es el de los matices de la luz, del viento, de los olores, de los sabores, de los árboles, de la naturaleza... algo distinto a lo que acostumbra la ciudad, que encamina a un mundo más materialista. Yo reivindico plenamente la vida natural porque está repleta de valores».
Ilustraciones de varios autores
Para Juan Grima, editor de este libro, «'La edad de la inocencia' es un conjunto de relatos al estilo de Azorín que traen a la memoria escenas que tienen su desarrollo en la geografía de Huércal-Overa y su entorno, Úrcal y El Saltador, principalmente, descubriendo la pobre y oscura realidad del mundo rural de las dos últimas décadas del franquismo. Se encuadran en el género de la narrativa neorrural española, de importante impacto en la actualidad. Pueden leerse como una novela de aprendizaje, el de un grupo de jóvenes que pretenden abrirse camino en medio de unas circunstancias desfavorables, pero cargados de ilusiones y esperanza». La obra, de 224 páginas, está dedicada por Ortega a la memoria de sus padres y cuenta con unas palabras introductorias de Domingo Fernández Zurano, alcalde de Huércal-Overa, e ilustraciones de Andrés García Ibáñez, Lucrecia Parra, Emilio Sánchez Guillermo, Pedro Soler y Elena Tinickaya.
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