Ambientes de palacio
David Gómez Valero, interpretará en los jardines del Real Monasterio de las Claras, tres movimientos de la Suite número 3 de Johan Sebastian Bach
Cuando se pasea por los jardines y la alberca del palacio islámico del siglo XII que hoy es el Museo de Santa Clara, la imaginación nos lleva a los tiempos de los reyes andalusíes Ibn Mardanish y Ibn Hud, y es lógico fantasear sobre cómo el emir disfrutaba entre los parterres plagados de palmeras y frutales reflejados en la superficie de la alberca.
Habría que dar otro salto en el tiempo para viajar a Cremona y evocar a Amati fabricando en primer violonchelo, instrumento que sustituyó a la viola de gamba y que inspiró a Bach para componer sus célebres Suites para chelo.
Con motivo del Día de las Humanidades que se celebra hoy en Murcia, organizado por el Comité de Humanidades de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía Cérvico-Facial y el Real Casino de Murcia, el chelista de la región, David Gómez Valero, interpretará en los jardines del Real Monasterio de las Claras, tres movimientos de la Suite número 3 de Johan Sebastian Bach.
David es un músico que compagina con tal brillantez los estudios de violonchelo y piano que ha tocado en importantes escenarios de España y Europa, como la sala «Atelier Marcel Hastir» de Bruselas, de gran prestigio internacional. Ganador de concursos y becas, su interpretación de esta obra de Bach invitará a los oyentes a fantasear con el deleite que experimentarían los reyes andalusíes escuchando una música del futuro para ellos con la sonoridad de un instrumento que nunca hubiesen imaginado.
-¿Por qué ha elegido esta pieza para interpretarla en la bella alberca del Museode Santa Clara?
-Para mí las suites de Bach son el equilibrio perfecto por muchos aspectos vinculados, como son la horizontalidad y la verticalidad, la armonía y melodía o la simplicidad y la complejidad. La Suite número 3 me gusta especialmente por la tonalidad Do mayor, que para muchos compositores desde los tiempos de Bach ha sido un símbolo de perfección y serenidad. La última sonata de Beethoven acaba en Do mayor, Schubert también la usó en este sentido, y Haydn, en «La Creación» la utilizó como símbolo de luz y gloria divina.
-¿Qué similitudes y diferencias hay entre los tres movimientos de esta obra que va a tocar: Preludio, Sarabanda y Giga?
-Los tres comparten elementos motívicos. Así, el Preludio comienza con una escala descendente seguido de un arpegio que Bach utiliza a modo de espejo al comienzo de la Giga. Como hemos comentado, los tres movimientos comparten la misma tonalidad, Do mayor, que en el violonchelo suena especialmente bien porque no hay notas musicales alteradas y resaltan más los armónicos naturales del instrumento. El carácter de cada danza es muy diferente. Así, en la Sarabanda, la más introvertida y reflexiva de los tres, el tiempo fuerte no recae en el primer tiempo, sino en el segundo, a diferencia del preludio y la giga, más extrovertidos. Además, se puede apreciar en esta última un carácter de danza popular.
-¿Qué es lo que más te gusta de esta Suite?
-Sin duda, la variedad de carácter entre los movimientos y cómo Bach consigue mantener una coherencia tonal y estructural a lo largo de toda la obra. Cada danza tiene su propio ritmo y personalidad, pero todas encajan perfectamente dentro del conjunto.
-Toca también el piano. ¿Cómo se expresa con cada instrumento?
-La verdad es que cada uno es un mundo. Es muy difícil estar tocando el piano y seguidamente ponerse con el chelo, porque aunque comparten muchísimo, la técnica es muy diferente y por ello intento organizarme de manera que no toque los dos instrumentos durante la misma mañana o tarde. Pienso que, en realidad, la forma de expresarse es la misma con los dos, pero con una manera diferente de lograr el objetivo expresivo y artístico. Cada instrumento dice lo mismo en distintos idiomas.
-¿Cuáles son sus planes de futuro?
-Seguir formándome con los dos instrumentos, tocar mucho, y no dejar nunca de estudiar.
-¿Qué profesor ha sido clave en su vida y cuál le ha impresionado más?
Es imposible para mí nombrar solamente a un solo profesor, porque a lo largo de mi formación he tenido la suerte de recibir clases de músicos extraordinarios que me han aportado muchísimo. Comencé con mis padres y tuve la suerte de crecer en un ambiente musical que sentó las bases de mi formación. Por otro lado, debo nombrar a Mariano Lazary, quien me ayudó a descubrir el instrumento en su forma más pura y a José Alberto del Cerro, una persona clave en mi vida. Ellos han sido los dos los pilares fundamentales de mi educación pianística tanto en mi etapa durante el Conservatorio Profesional como en los estudios superiores. Estoy muy agradecido por la oportunidad de recibir clases de Mikolaj Konopelsky, extraordinario tanto a nivel musical como personal, y por supuesto por el privilegio de tener a David Apellániz como profesor de violonchelo en el Conservatorio Superior, por su dedicación y apoyo constantes y como fomenta cualidades positivas en cada una de sus clases.