Adrien Salenc, primera puerta grande de la Feria del Arroz

Un momento de la faena de Adrien Salenc./LAFORET
Un momento de la faena de Adrien Salenc. / LAFORET

Buen debut de la ganadería de Valdellán con un novillo de vuelta

FRANCISCO OJADOSCALASPARRA

Anunciaba la segunda tarde de la Feria del Arroz a los novillos de Valdellán. Llegaba el encaste Santa Coloma, muy apreciado por la afición. No defraudó.

Comenzó el festejo con una apuesta por todo lo alto del malagueño Manuel Rodríguez, novillero inédito este año en festejos con picadores. Cruzó el ruedo para esperar a Hechicero a porta gayola y al largar capa fue arrollado por el bovino. Golpetazo en el pecho que conllevó la retirada de la chaquetilla. A medio vestir volvió a la cara del bovino, con actitud. Apretó en varas en cárdeno y humilló en la faena de muleta, que Rodríguez brindó al empresario Pedro Chicote. No se lo pueden negar ganas de agradar al muchacho, que se vio a merced del astado en varias ocasiones, fruto de la falta de festejos. Dio la cara ante la bravura y mató con decoro. La ovación al novillo en el arrastre fue unánime, y Manuel saludó una cariñosa ovación.

2ª novillada con picadores- Feria del Arroz

Tuvo cuajo el cuarto, novillo que acabó aburrido en la muleta, hasta rajarse. Poca historia tuvo la faena de Rodríguez, al que se le notó su inactividad. Además pinchó.

No resultó sencilla la lidia del segundo de la tarde. De capa, siempre se abrió, saliéndose de la suerte, sin poder lucir Pablo Atienza. Recibió dos puyazos el de Valdellán, antes de un tercio de banderillas en el que se lucieron los rehileteros. Luego, le costó al torero castellano hacerse con la embestida rebrincada de su oponente, que regaló alguna embestida pero sin terminar de romper. Mal con la espada, mató de un bajonazo atravesado precedido de un pinchazo. Tampoco fue fácil el quinto de la tarde. Recibió dos puyazos y embistió a la muleta del segoviano con la cara alta y sin transmisión, lo que impidió que hubiera sintonía entre toro y torero. Le apretó las clavijas el novillero, a base de toques fuertes, sin que su esfuerzo sirviera para integrar al público en su faena. Acabó de pinchazo y estocada.

Volvía a la Feria el francés Adrien Salenc. Levantó los olés de los tendidos al mecer la capa en un ramillete de poderosas verónicas. Un verdadero espectáculo resultó el tercio de varas, protagonizado por la bravura de Montañez que acudió de lejos a la cabalgadura de Juan José Esquivel que colocó dos puyazos en toda la yema toreando de frente con el equino. Ovación de gala para un gran tercio de varas, de agradecer también a la generosidad de Salenc, que dio fiesta a la bravura de un ejemplar que repitió incansable. Novillo para descubrir a cualquier torero por su exigencia y con el que el joven francés estuvo a la altura en una notable actuación que la grada vivió con emoción. Mató al encuentro, de estocada tendida, y el presidente sacó a la vez el pañuelo azul para premiar la casta con la vuelta al ruedo y uno blanco. Justo premio para la res y escaso para el novillero, que mereció las dos orejas pedidas por la mayoría de los asistentes. Sí concedió el doble trofeo del cierraplaza, novillo con trapío que saltó al ruedo con pies y rematando en los burladeros. Pronto se hizo presente el novillero de Nimes, para lancear rodilla en tierra. Llevó a la res al caballo con un gracioso gallego por chicuelinas. Brindó a Parrita, novillero sin caballos murciano. Con oficio sacó al novillo a los medios y allí, con inteligencia y frescura, se entendió con un astado que sacó nobleza. Hubo acoplamiento y ligazón en las series con la diestra, aprovechó las inercias en los remates y tumbó al cornúpeta de un volapié incontestable. Para el francés fue la primera puerta grande de la Feria.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos