Alberto Ruiz de Samaniego: «Tenemos que actuar como los samuráis; sabían que ya estaban muertos cuando salían de casa»

Alberto Ruiz de Samaniego. /
Alberto Ruiz de Samaniego.

El ensayista y comisario de exposiciones participa hoy en el Cendeac en el IX Curso de Arte Contemporáneo

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Como decía Spinoza, en la vida hay que actuar sin miedo ni esperanza», defiende Alberto Ruiz de Samaniego (La Coruña, 1966), ensayista y comisario de exposiciones. Autor de obras como 'Ser y no ser. Figuras en el dominio de lo espectral' (Micromegas), no le interesa nada el arte de Jeff Koons -conejos a precio de oro, ¡y de infarto!, incluidos-, ni tiene intención alguna de danzar al ritmo de modas, fuegos fatuos y otras fugacidades. Hoy, a las 20.00 horas, en el Cendeac de Murcia, participa en el IX Curso de Introducción al Arte Contemporáneo, que coordina el arquitecto Miguel Mesa del Castillo.

-¿Qué le resulta muy molesto?

-La cada vez mayor presión que todo el cuerpo social ejerce sobre el individuo. Por ejemplo: la exigencia de tener que contarlo todo, verlo todo, viajar a todos los sitios, no perderte ninguna serie de moda...; estamos, continuamente, sometidos a agresiones en relación con nuestro comportamiento vital. No se nos deja en paz.

«Estamos hechos también de imbecilidad, y tenemos que luchar para que no sea lo que predomine en nosotros»

-¿Ha visto 'Juego de Tronos'?

-No, ni un solo minuto.

-Millones de personas sí lo han hecho. ¿No le preocupa a usted correr el riesgo de perderse algo realmente bueno?

-No. Me he hecho mayor y ya no creo en esas posibilidades [risas]. Además, está claro que en la vida siempre nos estaremos perdiendo algo, y por lo tanto habrá también que escoger lo que queremos perdernos.

-¿Qué merece realmente la pena?

-Ser capaces de hacer de nuestra vida una forma, una obra, como si fuésemos escultores. Y todas estas urgencias de las que hablamos, todas estas agresiones, todas estas formas de actuar y de consumir que casi son una obligación social, nos impiden hacerlo, llevar a cabo esta autoconstrucción de nosotros mismos tan importante. Lo esencial es que cada uno de nosotros podamos contarnos nuestra propia vida y sepamos analizar nuestras experiencias, para lo cual lo primero que es necesario es saber en qué consiste una experiencia. En este siglo XXI, en el que estamos, no quieren que tengamos experiencias, tan solo que tengamos momentos de 'shock' y que todo se desarrolle con la máxima superficialidad posible. Ya sabe que, prácticamente, cada día se nos anuncian dos o tres partidos [de fútbol] del siglo y alguna boda, y otras cosas así, también del siglo. Se está intentando cubrir la vida con una suerte de velo artificial, un velo hecho por todo tipo de pantallas y conexiones.

-Y, encima, ahí tenemos el 'conejo' de Jeff Koons, vendido por la friolera de 81 millones de euros. [La obra 'Rabbit' ha sido comprada por Robert E. Mnuchin, coleccionista y padre del Secretario del Tesoro de Estados Unidos]

-Jeff Koons no me interesa nada como artista, pero no podemos olvidar que antes de serlo fue corredor de bolsa, y que, por tanto, conoce muy bien lo que es el funcionamiento de la economía, incluso de la llamada simbólica o inmaterial. Sus obras funcionan como un modelo perfecto de eso tan viejo que Marx llamaba el fetichismo de la mercancía. Creas una especie de espesor simbólico detrás de un objeto, que puede ser cualquier cosa, incluso ser nada, un objeto que es banalidad pura y, al final, como en el mundo del arte contemporáneo rige un sistema de valores en el que no hay criterios, solo el dinero terminará estableciéndolos. Hasta llegar ahí, contamos con toda una serie de gestores, valedores, inversores..., que van haciendo que crezca la dimensión pseudosimbólica de esos objetos. Y, llegados aquí, permítame que cite a Machado, que tiene toda la razón: es de necios confundir valor y precio.

-La imbecilidad es la única que parece ser inmune a toda crisis.

-Ya lo decía Nietzsche: el pensamiento, y no solo el filosófico, tiene como primera misión luchar contra la imbecilidad, que cada uno nos pensamos que está siempre muy lejos de nosotros cuando, en realidad, convive con nosotros instante tras instante. Estamos hechos también de imbecilidad, y tenemos que luchar para que no sea lo que predomine en nosotros.

Mucha ligereza

-Hablando de imbecilidad, ¿qué le parece que en la Bienal de Arte de Venecia se esté exponiendo un pesquero en el que murieron más de 700 migrantes?

-Me parece directamente lamentable, y demuestra, entre otras cosas, el cinismo que funciona en el sistema del arte contemporáneo, en el que de un modo puramente retórico nos golpeamos el pecho con causas morales, políticas, etcétera, pero solo los domingos; es decir, en las bienales, en las salas de exposiciones... Se utilizan con mucha ligereza cuestiones que afectan a la vida y la muerte de los individuos, cuestiones que merecen ser tomadas mucho más en serio; cuestiones que no deben acabar convertidas en un telón para hacerse selfis.

-¿Esperanzado?

-Es que no creo que haya que pensar en la esperanza como si viviésemos en el mundo de lo peor; como decía Spinoza, en la vida hay que actuar sin miedo ni esperanza. En el fondo, tenemos que actuar todos un poco como los samuráis, que sabían que ya estaban muertos cuando salían de sus casas y, por eso, eran los más valientes del mundo. Lo que hay que hacer es actuar en el día a día, y no esperar a que llegue no sé qué momento que sería el ideal para no sé qué revolución.

Temas

Arte