Una de solomillo y 'caña' para coger fuerzas

Componentes de las Tropas de Aníbal, reunidos en la Plaza de San Francisco antes del almuerzo. / FOTOS: PABLO SÁNCHEZ / AGM
Componentes de las Tropas de Aníbal, reunidos en la Plaza de San Francisco antes del almuerzo. / FOTOS: PABLO SÁNCHEZ / AGM

Los festeros llenan las terrazas del centro antes de la batalla

RUBÉN SERRANO CARTAGENA

Los bares del casco histórico se llenaron ayer de cientos de festeros, dispuestos a pasar una jornada de hermandad, echar unas risas y coger fuerzas con un contundente plato de carne a la brasa antes de luchar en la batalla de Qart Hadast. En las horas previas a la cita, tropas y legiones invadieron las terrazas del centro, para estar lo más cerca posible de la Cuesta del Batel, en una costumbre que año tras año atrae a los festeros y deja cada vez más desértico el campamento. La base de operaciones de Carthagineses y Romanos, por contraste, apenas tuvo actividad con luz diurna.

Los grupos disfrutan la jornada de hermandad fuera del campamento, desértico a la hora del aperitivo y sin actividades para el resto del público

Lo que más se hicieron de notar fueron los de las Tropas de Aníbal, una de las más antiguas de las fiestas. Como cada año, alquilaron dos trenecitos para pasear por las calles del centro, hasta hacer una parada y reponer fuerzas en la Plaza de San Francisco. «Desde hace cinco años alquilamos este transporte. Algunos ya tenemos una edad y no estamos para ir andando hasta la batalla. Así nos movemos rápido y nos hacemos de notar», explicaba Víctor Nieto, en compañía de dos jóvenes festeros como Gonzalo Pineda y Álvaro Pintado. «No os perdéis una», les soltaba entre risas a los dos veinteañeros.

Un paseo en tren

En uno de los momentos, los festeros de las Tropas de Aníbal se vinieron arriba. Fue cuando apareció por la Plaza de San Francisco el exalcalde José López, que no dudó en acercarse a la multitud y entonar con ellos un 'Murcia en llamas, qué bonita es'.

Al margen de la anécdota, que generó risas entre los presentes, grupos romanos también organizaron comidas de hermandad, apenas unos metros más adelante. La Legión de Escipión, como cada año por estas fechas, tiene la costumbre de reunirse en las terrazas de la calle Campos, y meterse entre pecho y espalda un rabo de toro. «Es nuestro plato estrella, lo pedimos todos los años. A veces también lo cambiamos por el solomillo», comentaba sonriente José Luis Reverte, antes de ser interrumpido por Daniel Pérez. «Lo mejor de esto son los buenos momentos que pasas con la gente. Se creen que esto consiste solo en beber, pero no es así. Charlamos y hacemos piña».

Los turistas, impresionados

Algunos turistas fueron testigos del 'desembarco' callejero de tropas y legiones, y no dudaron en fotografiar las túnicas y cascos de guerra de los festeros. Otra de las zonas 'calientes' era la Plaza del Rey, abarrotada desde primera hora de la mañana. El colorido y el ruido lo pusieron los 30 integrantes de Sagunto, «unidos por primera vez para demostrar que no nos va solo la fiesta, sino dar ambiente y estar juntos como una familia», apostillaba Juanjo Núñez, en compañía de su mujer y amigos.

Antes de echar a andar hasta la Cuesta del Batel, Pedro Jesús Sánchez y el resto de sus amigos pasaron la mañana «comiendo tapas de todo tipo sin dejar nada en el plato. Estos ratos son lo mejor de las fiestas». Ya el año pasado, en Nova Carthago Spartaria decidieron salir de su cuartel del campamento y dar colorido a la ciudad antes de la batalla, como recordaba orgulloso José Alberto Martínez. «Nos gusta pasar la mañana cerca del puerto, para luego no tener que desplazarnos desde tan lejos. El año pasado estuvimos de tapeo por la calle Mayor, y esta vez nos hemos venido a esta zona, que tiene un parque infantil para que puedan jugar los niños».

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